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El día del dragón, de Domingo Santos |
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Hermosa crónica de una revolución futura y muestra de la fragilidad de los sistemas (políticos, económicos, sociales, tecnológicos) que creemos más inmutables. |
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Hacen falta autores como Domingo Santos para salvar el género de la debacle en la que amenaza con hundirse. La ciencia ficción, en sus múltiples variantes, se asoma al borde del precipicio dejándose arrastrar por la deriva general del mercado. Nunca hemos querido ser minoritarios, pero tampoco necesitábamos ser un género de masas, sobre todo si eso significa dejar de ser un género para sumarse a la amalgama general en la que parece que todos los géneros dejan de existir.
El autor nos sitúa en un futuro cercano y muy posible, con un mundo herido por el desastre medioambiental y un sistema capitalista monopolístico dominado por cinco empresas
Domingo Santos, maestro y figura principal de la ciencia ficción peninsular, ha tenido que venir a demostrarnos con "El día del dragón" (Ediciones B, colección Nova) que se puede hacer una buena novela en estos tiempos; una novela que, siendo nueva, nos haga paladear también algunas de las mejores sensaciones de un clásico.
Lo primero que quiero destacar es que estamos ante una novela de 247 páginas que resulta sorprendentemente ligera en la lectura. No empacha, invita a ser leída, te atrapa desde el primer momento y es original porque aunque la temática no es novedosa el planteamiento –en mi opinión- sí lo es.
¿Dónde nos manda el autor? A un futuro cercano y muy posible, con un mundo herido por el desastre medioambiental y un sistema capitalista monopolístico en el que 5 empresas (las Cinco Madres) lo controlan todo, con una brutal división de clases sociales, tremenda inmigración china en Europa, control de los medios de información por las autoridades (con pantallas públicas que recuerdan a 1984), terrorismo, descontento, miedo…
Es el escenario en el que se mueve Eugen Kizner, un mogul, uno de los poderosos, situado en la cúspide de la pirámide social, no en vano es uno de los miembros de las Cinco Madres que manejan el mundo mediante el control de la economía globalizada.
El paisaje físico, muy real, palpable, está destrozado por la contaminación y los excesos de un sistema económico sin límites, que tiene su trasunto y consecuencia en un paisaje social de fuertes contrastes entre una minoría obscenamente rica y una mayoría pobre que se conforma –aparentemente- con sobrevivir. Esta brutal división entre ricos y pobres alcanza su plasmación física en las islas flotantes en las que viven los ricos, por encima de la contaminación, por encima del mundo.
Un paisaje social que resulta vívido porque no está tan alejado como nos gustaría de nuestra realidad; una recreación de las consecuencias que tiene la concentración del capital en cada vez menos manos: auténtica teoría marxista hecha ciencia ficción.
Se mezclan por una parte el racismo, el miedo al “terrorismo amarillo”, con la lucha de clases: no en vano los amarillos son la mayoría de una fuerza de trabajo que malvive en el slum (el gueto).
Kirzner, que sobrevivirá al atentado que descabeza a las Cinco Madres, se verá obligado a pasar a una suerte de clandestinidad que acabará trasladándolo precisamente al slum, lo que permite al lector comprender la otra cara del sistema y el proceso profundamente revolucionario que se produce en la sociedad y en el propio Kirzner.
Impresiona la descripción de una sociedad informatizada, en la que la identidad, el dinero, está en red, y que contrasta con el slum y -a modo de ejemplo- su papel moneda. Esta situación social se sustenta en unas fuerzas policiales que actúan despiadada y contundentemente, la misma falta de piedad y de humanidad que tienen los poderosos y que tienen su contrapunto en la solidaridad y autoorganización del slum.
Todo ello lo vamos viendo mientras Kirzner intenta descubrir quién ha atentado contra las Cinco Madres y qué hay tras el “terrorismo amarillo” ¿mera paranoia o realidad?
Y es que la obsesión de Kirzner con el dragón, símbolo tradicional chino que aparece en diversos lugares, le hace creer en la existencia de una conspiración amarilla para derribar el poder y da sustento a buena parte del relato, que por momentos es una hermosa crónica de una revolución futura y muestra de la fragilidad de los sistemas (políticos, económicos, sociales, tecnológicos) que creemos más inmutables.
Léanla, merece la pena.
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