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       Artículo de literatura

El monstruo de las galletas, de Vernor Vinge


Alejandro Serrano   04/04/2007
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     Vernor Vinge da generosa muestra en ambas novelas de un futuro próximo inquietante, en el que la tecnología domina al individuo hasta el punto de generar una dependencia aún mayor que la actual del ser humano respecto de la máquina.
Portada de El monstruo de las galletas, de Vernor VingeHace unas semanas nos llegó de la mano de Grupo AJEC un volumen titulado El monstruo de las galletas (The Cookie Monster), número 13 de la colección Albemuth Bolsillo, con dos novelas del autor estadounidense nacido en 1944 Vernor Vinge, doctor en matemáticas por la Universidad de California, aunque ya apartado de la docencia en favor de su actividad literaria. Autor de varios libros de ciencia ficción y ganador de dos Hugo y un Prometheus, su bibliografía podría resumirse someramente en estos títulos: “La guerra de la paz – Saga de las Burbujas 1” (1984), “Naufragio en tiempo real - Saga de las burbujas 2” (1986), “Un fuego sobre el abismo” (1992) y “Un abismo en el cielo” (1999). Su estilo a menudo se escora hacia la ciencia ficción “dura”, llena de avances tecnológicos y puntos de vista audaces sobre la ciencia y su relación con la vida diaria.

El volumen que nos envió el Grupo AJEC contiene dos novelas, la primera de las cuales da título a la publicación: “El monstruo de las galletas” (The Cookie Monster) fue premio Hugo y Locus del año 2004, mientras que “Acelerados en el instituto Fairmont” (Fast Times at Fairmont High) fue premio Hugo en el 2002. Como podemos comprobar, el libro está formado por dos laureadas novelas cortas. Si bien el estilo de Vernor Vinge es similar en ambas, el resultado es muy desigual.

El monstruo de las galletas no hace referencia al simpático peluche también conocido como Triki, la marioneta creada por Jim Henson que hizo las delicias de los niños hace tiempo en Barrio Sésamo, sino que apunta a las “cookies” del navegador en un sistema informático, clave para la comprensión de la primera novela corta que nos presenta Vernor Vinge. Su protagonista, Dixie Mae, comienza su trabajo en la sección de Atención al Cliente de la multinacional LotsaTech (juego de palabras que usa la expresión Lots of Tech – mucha tecnología), que se dedica a diseñar grandes aplicaciones informáticas para empresas y particulares. Su trabajo consiste en contestar correos electrónicos con dudas sobre los programas diseñados por LotsaTech, pero un día recibe uno particularmente obsceno con datos que solo ella debería conocer. Intrigada y alarmada, Dixie junta a otros empleados en su camino por identificar al remitente, que en teoría trabaja en el mismo complejo de la empresa. Entre las pesquisas, Dixie y sus compañeros de trabajo descubrirán los alarmantes secretos de LotsaTech y pondrán en peligro sus vidas.

En esta novela corta, Vernor Vinge utiliza un servicio tan anodino como el de Atención al Cliente de una multinacional para realizar una solapada crítica social y jugar con los conceptos de tiempo, aprendizaje y rentabilidad. La trama se vuelve cada vez más intrigante e interesante, gracias al goteo de datos y revelaciones sobre el modo de llevar la empresa de su fundador. Un servicio semejante en nuestros tiempos suele ser pobre en recursos y en resultados, acumulando la mayor parte de las quejas de los usuarios, pero en LotsaTech han dado con un ingenioso método que enriquece los conocimientos de sus empleados y multiplica la productividad hasta niveles espectaculares. Vernor Vinge acierta tanto en la definición de los personajes como en la resolución de la trama. No se deja atrás al lector, a pesar de la originalidad del planteamiento y a los escasos datos de los que éste dispone para comprender los acontecimientos. Mantiene el interés en todo momento, merced a una fluida prosa que, pese a contener abundantes referencias tecnológicas y ahondar en un estilo de ciencia ficción “dura”, en todo momento conserva una cercanía con el lector, que rápidamente se identifica con los personajes.

El resultado de la segunda novela, titulada Acelerados en el instituto Fairmont, no puede ser más desigual al de la primera. Un grupo de niños de trece años, alumnos de un instituto donde se utilizan las últimas tecnologías disponibles para la enseñanza, intentan superar los exámenes finales cooperativos. Vernor describe una curiosa sociedad, en la que las generaciones más jóvenes hacen uso de una potente red de datos, cuya conexión comienza por las propias ropas, y tan solo los seres humanos con más edad recuerdan otros tiempos menos sofisticados. Este entorno cyberpunk, enormemente tecnificado, resulta roto por una variedad de exámenes que los propios alumnos consideran arcaica: deberán aparcar gran parte de sus sensores y realizar las pruebas casi sin tecnología. Por supuesto, intentarán hacer trampas, temerosos del nuevo mundo que se abre ante ellos.

Pese a que en principio el planteamiento de esta segunda novela resulta más atractivo y el entorno más desconocido y original, el desarrollo lento, excesivamente tecnificado y poco cercano al lector no consigue enganchar tras las primeras páginas. Vernor quizá intenta dibujar mejor la trama centrándose en sus aspectos más técnicos, de los que sin duda hace gala gracias a su formación académica, pero cae en un modo frío y ajeno de relatar los sucesos, por otro lado excesivamente inconexos y confusos. En ningún momento esta novela corta llega a alcanzar la buena urdimbre de “El monstruo de las galletas”, que por otra parte salva el volumen.

Vernor Vinge da generosa muestra en ambas novelas de un futuro próximo inquietante, en el que la tecnología domina al individuo hasta el punto de generar una dependencia aún mayor que la actual del ser humano respecto de la máquina. Critica esta dependencia desde el punto de vista del ciudadano, cada vez más indefenso a las intrusiones de la tecnología y la autoridad que alienta los avances científicos sin control.

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