Los cinco. Scooby Doo. Los Hollister. Pesadillas de R. L. Stine. Un primerizo Stephen King. Dean Koontz. Elige tu aventura. Hanna Barbera. Johnny Quest. Aventuras gráficas. Meriendas variadas. Felicidad e inocencia.
Combustible para la nostalgia.
Es muy fácil dejarse llevar por esos estímulos al comenzar la lectura de “Meddling kids”, la última novela de Edgar Cantero (Barcelona, 1981), recientemente publicada por Insólita Editorial. Pero la historia que contiene va mucho más allá de una bomba de nostalgia y resulta mucho más satisfactoria, siempre y cuando la persona al otro lado del papel acceda a jugar según sus reglas.
“Meddling kids” es pura diversión, construida sobre unos cimientos de sobra conocidos. La vuelta de los jóvenes detectives para resolver el misterio del Lago Sleepy, con tentaculares consecuencias, es un pozo sin fin de diversión.
Agarrad vuestros grimorios, vaciad el inventario y, ¡a la aventura!

El argumento.

En el verano de 1977, el Club de Detectives de Verano de Blyton desenmascaró al monstruo del lago Sleepy: otro cazatesoros disfrazado que se hubiera salido con la suya si no fuera por esos chicos entrometidos.

En 1990, los ex detectives viven atormentados por los recuerdos de unos hechos que difícilmente pudieron ser obra de un tipo con una máscara. Andy, una fugitiva buscada en dos estados, necesita respuestas. Para obtenerlas deberá encontrar a Kerri, la otrora niña prodigio que ahora se dedica a ahogar sus fantasmas en alcohol junto a Tim, el perro weimaraner descendiente del miembro canino original del club. También tendrá que recabar la ayuda de Nate, el fanático de las novelas de terror que está internado en el manicomio de Arkham, Massachusetts. Por suerte, Nate sigue en contacto con Peter, el deportista convertido en estrella de cine que fuera el líder de la pandilla… Lo que tiene su mérito, ya que Peter lleva años muerto.

Ha llegado la hora de volver a reunir al equipo, enfrentarse a los demonios del pasado y averiguar qué sucedió realmente en el lago Sleepy hace trece años. Es la única oportunidad que tendrán de poner fin a sus pesadillas y, tal vez, salvar el mundo.

Argumentalmente, “Meddling kids” es una bomba. Una combinación perfecta de aventuras, referentes y espíritu propio.
El Club de Detectives de Verano de Blyton (CDVB) tuvo su momento de esplendor en 1977 con la resolución del caso del Lago Spleepy. Un grupo de adolescentes y un perro, unos muchachos entrometidos, que terminaron con una leyenda del folklore local, entre mansiones, tesoros perdidos y un malhechor disfrazado.
La vida es una apisonadora y 13 años después, en 1990, las cosas no son tan fáciles para el CDVB. Casi sin verse desde ese último y triunfal verano, los integrantes del club han intentado seguir con sus vidas, pero algo de lo sucedido en el Lago Sleepy ha anidado en su interior y las cosas no han salido como planeaban en sus juveniles tardes doradas. Y la solución parece simple: hay que reunir al club, volver a Blyton Hills, al lago y a la mansión. Hay que resolver el misterio de una vez por todas.

“Meddling kids” tiene un arranque lleno de ritmo, característica que va a acompañar durante toda la lectura. Andy es el personaje encargado de reunir a los componentes del CDVB. Una mujer, de rasgos latinos, que probó suerte en el ejército antes de acudir a resolver el misterio que la atormenta. Una mujer fuerte, decidida, una heroína de cine de aventuras. Kerri es el otro personaje femenino del Club y resulta el contrapunto de Andy, en todos los sentidos. Kerri pone el cerebro y la pausa, acompañada de Tim, el descendiente del perro original del grupo. Nate y Paul forman la parte masculina. En los 90, Nate, primo de Kerri, está recluido en una institución psiquiátrica y Paul… bueno, el fuerte, atlético y triunfador Paul está muerto. En apenas 50 o 60 páginas tenemos todos los elementos en juego, una primera parte llena de información, guiños, giros y misteriosas puertas abiertas. El ritmo de lectura y acontecimientos tampoco sufre una caída durante el resto de la lectura: siempre va con un paso acelerado, ágil, que hacen que sus 400 páginas desfilen a toda velocidad.

Mención aparte para su galería de personajes y su grupo protagonista: diversa, con roles muy interesantes y una necesidad de ahondar en la dificultad de hacerse mayor, en los oscuros recovecos de la madurez después de una infancia luminosa. Hay algo extraño en una infancia dorada enfrentándose a tipos chungos disfrazados de monstruos con planes extravagantes cuando la pones frente a una fase adulta viendo lo que, en realidad, se escondía en los recovecos del disfraz. Un mal arcano, agazapado, esperando…

Hay un punto que puede resultar clave a la hora de comprobar si, como lector, entras o no al juego que propone la novela (ojo, leves spoilers): la salida de Nate del manicomio de Arkham. Casi rozando el cartoon más desquiciado, la fuga del manicomio rompe con la aparente normalidad de lo anterior. Una invitación a la locura que está por venir o un punto de ruptura para otros lectores. Esa escena enlaza directamente con el espíritu de la novela y con el extenso grupo de referentes que maneja porque, ante todo, “Meedling kids” es una tremenda aventura destilada de múltiples influencias y de la que emerge triunfante una personalidad propia. 

Triturando referentes.

No sería fácil ni justo enumerar la ingente cantidad de referencias e influencias que guarda “Meddling kids” en su interior. No sería fácil porque hay infinidad de detalles que es mejor respetar para que se disfruten con su lectura y, además, no creo que mucha gente, excepto el propio autor, sepa sacarlas todas a la luz. Y no sería justo porque “Meddling kids” es mucho más que un batiburrillo de referencias sin alma, orden ni concierto y que se ponen porque es “lo que está de moda” (lo siento, “Ready Player One”, tú no me llegaste a convencer…).
La novela adquiere su apariencia final cuando se llega a su última página. Ahí, en ese preciso instante, “Meedling kids” deja el poso de una excelente aventura, de una de esas películas guionizadas por Shane Black y Fred Dekker que siempre van un paso más allá, que crean un espíritu propio. Una mezcla de elementos sacados de la cultura popular de las últimas décadas, de la más que evidente vena Lovecraftiana con Xena o de las aventuras gráficas (de “Maniac Mansion” a “El día del tentáculo”, pasando por los Monkey Island) que con tanto ojo ha captado Fran Mariscal en su portada para la edición de Insólita.

Lejos de ser una amalgama de referentes, un Lovecraft meets Los cinco meets Scooby Doo, “Meddling kids” se alza con una fuerte personalidad propia. Apoyado en un ritmo frenético y yendo siempre un paso más allá de lo previsible, Edgar Cantero consigue convertir la lectura en un pasaje del terror lleno de acción y aventura.

“Meddling kids” es una trituradora de referentes, capaz de agitar una cantidad abrumadora de influencias de la cultura popular, del cine ochentero a Scooby Doo, de las novelas de detectives juveniles Enyd Blyton a las aventuras gráficas de Lucasarts, de los Hollister a Lovecraft pasando por la parte adulta del “It” de Stephen King, de Xena a Bayonetta… tantos, tan variados y utilizados de una manera tan natural que, al final, el conjunto adquiere una personalidad propia arrolladora.

Tantas referencias e influencias carecería de sentido si Edgar Cantero no fuese un escritor tan hábil. Cantero convierte su narración en un personaje más, jugando con los estilos, las normas, rompiendo la pared de papel con el lector e incluso con los propios personajes. La narrativa también es un elemento importante a la hora de componer la tremenda personalidad de “Meddling kids”. Pese a lo que pueda parecer, manejar un glosario de referencias tan amplio no debe ser tarea fácil, sobre todo cuando tu objetivo es crear una obra con personalidad propia y no un pastiche desangelado. Edgar Cantero cuida cada detalle, la irrupción de cada elemento, con precisión, para construir una novela que se sostenga por si misma.

Una novela que comienza siendo un Los cinco pulp en la edad adulta, se oscurece al ritmo de la mitad adulta del “It” de Stephen King, apoyado en las descripciones de Cantero de Blyton Hills (su particular Derry) para continuar siendo una mezcla de escape room, aventura gráfica con toques de videojuego de Grasshopper, de Remedy o de Bayonetta. Hay un camino en ese tránsito, no se sucede en cortes bruscos y ahí entra la importancia de tener personajes interesantes, capaces de soportar tanto frenesí. La cantidad de eventos que suceden en “Meddling kinds” es importante. Aparte de su ritmo narrativo, las escenas se suceden, casi como una buena serie de televisión, sin dejar mucho reposo al lector.

Y quizás, por ahí, es por donde debería comenzar a comentar alguno de los puntos no tan positivos de la novela. “Meddling kids” es un libro a recomendar para cualquier tipo de lector pero si se va a disfrutar más si se tiene un cierto manejo de la cultura pop de las últimas décadas. Tener un arranque tan potente puede ser que juegue en su contra pero es una novela con una subida incesante de intensidad. O también puede ser que no entres en su juego, en su mundo. En ese caso, poco hay que hacer para salvar la situación.

En definitiva.

“Todo ha sido ya hecho antes” es una de las frases finales del libro y cobra gran importancia cuando se recapacita sobre “Meddling kids”. Lejos de ser una amalgama de referentes, un Lovecraft meets Los cinco meets Scooby Doo, la novela se alza con una fuerte personalidad propia. Apoyado en un ritmo frenético y en siempre ir un paso más allá de lo previsible, Edgar Cantero consigue convertir su narración en un personaje más, convirtiendo la lectura en una atracción de feria (en el mejor sentido de la palabra), un pasaje del terror lleno de acción y aventura.

Una novela llena de referentes, claro, pero que no se limita a la mera exposición: los usa y moldea para adaptarlos a sus necesidades. “Meddling kids” es una enciclopedia de la cultura pop de las últimas décadas, desde cine, animación, literatura o videojuegos, algunas posteriores al marco temporal del libro (principios de la década de los 90), pero siempre adaptada al transcurso de la narración.

“Meddling kids” no falla, seas el tipo que lector que seas. Una aventura con el acelerador pisado a fondo, con buenos y diversos personajes, ahondando en una oscuridad muy particular y siniestra. Un acierto de Insólita, sin duda.

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