Decir que Elia Barceló (Alicante, 1957) debuta en la literatura negra con “La noche de plata” demuestra el grado de inquietud creativa que posee la recientemente galardonada con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.
“La noche de plata”, publicada por Roca es, sin duda, una novela negra, policiaca, pero da un paso más allá, sin acercarse a convencionalismos. La primera incursión de Barceló en un terreno tan trillado como el criminal resulta una lectura excelente, ágil, siendo tan importante la investigación, esos crudos casos de desapariciones infantiles, como la subtrama personal de su protagonista, Carola Rey Rojo, construida de manera excepcional por la autora.
Ahondemos un poco en lo que nos aguarda en las noches de plata vienesas.

El argumento:

Viena 1993. Una niña desaparece en un mercadillo de Navidad

Viena 2020. La policía encuentra un esqueleto infantil en el jardín de una casa de las afueras.

Carola Rey Rojo, especialista en secuestros y homicidios infantiles, y madre de la niña desaparecida veintisiete años atrás, ahora en excedencia de la policía española, vuelve a Viena con el encargo amistoso de deshacer la biblioteca de un marchante de arte recientemente fallecido.

Junto con su amigo y colega, el inspector-jefe Wolf Altmann, se verá envuelta en una trama que pondrá en evidencia que nadie es lo que parece y que uno nunca acaba de conocer a los demás, ni siquiera a sí mismo.

Lo que parecía un cold case se complica cuando, ahora que todo parecía casi definitivamente superado, otra niña desaparece en el mercadito de Navidad de la ciudad imperial de Viena, la esplendorosa ciudad de la música y el arte que oculta tras las fachadas de sus bellas casas los más oscuros secretos.

Muy pocas veces, a título personal, me ha resultado tan sencillo conectar con el arranque de una novela. Y menos en un género tan transitado como el negro, donde hay matices que se repiten, escuelas, modos comunes para introducirse en las historias. La primera vez que sabemos algo de Wolf Altmann, veterano inspector de la policía vienesa, está descubriendo restos infantiles enterrados; la primera vez que leemos algo sobre Carola Rey Rojo, nuestra protagonista, intenta poner su vida en pausa, profesional como policía y personal como viuda reciente, regresando a Viena para catalogar libros de una biblioteca perteneciente a un diplomático fallecido.
Bajo esas premisas, junto con algunos detalles adicionales que se van desentrañando poco a poco, “La noche de plata” comienza a tomar forma, aportando la información justa en los momentos precisos. No es el arranque más original del mundo, pese a su intriga, pero funciona tan bien que no necesita nada más, estás irremediablemente atrapado en la noche vienesa.

Elia Barceló es una maestra de la escritura y dejarse llevar por las páginas de “La noche de plata” es un lujo. Barceló crea su propio noir, teniendo en cuenta la esencia del género pero lo moldea a su gusto. La excelente construcción de protagonistas como Carola y Wolf, la helada Viena, la oscuridad sin caer en lo grotesco… todo juega a favor de una novela excelente.

Puede que “La noche de plata” sea la primera novela negra de Elia Barceló pero, obvio, no es su primera novela. Barceló pone al servicio de la novela toda su experiencia acumulada y esa maestría, ese saber hacer, está presente desde la primera página. Uno de los detalles diferenciales es su pareja protagonista, con una serie de características que la separan de lo más común dentro del género. Tanto Carola como Wolf tienen un bagaje previo, una historia en común y una vida profesional y personal que, a sus más de sesenta años se encuentran en una conjunción que les aporta plenitud. En “La noche de plata” no se encuentran protagonistas jóvenes y excesivamente preparados, de esos que apenas pasada la treintena acumulan méritos académicos, profesionales y formación específica en el extranjero ni personajes con habilidades especiales que les hacen destacar en sus campos y ese hecho, aunque nos parezca una locura, no es tan común. Carola y Wolf se encuentran ante el abismo de una profesión y una sociedad que tiende a relegarlos, a considerar que sus mejores días han pasado y ya tienen poco que aportar. Esa rebeldía que comparten ambos es la misma intención que Elia Barceló transmite en sus páginas. Claro que puede y debe haber protagonistas femeninas de más de 60 años en libros así, alejándose de los peligrosos estereotipos.

Puede que “La noche de plata” sea la primera novela negra de Elia Barceló pero, obvio, no es su primera novela. Barceló pone al servicio de la novela toda su experiencia acumulada y esa maestría, ese saber hacer, está presente desde la primera página.

Parte de la esencia de esos personajes y sus tribulaciones personales que afectan y confluyen con su vida laboral, ya están representadas en el género, tanto de forma literaria como en la audiovisual. Una representación moderna del policiaco, influida por la exitosa vertiente nórdica del mismo, incluso en series como “The bridge” (“Bron / Broen”) o “The Killing” (“Forbrydelsen”) hace coincidir esos problemas familiares o personales con los casos policiacos. Pero en ese mismo punto radica la importancia del tipo de personajes protagonistas que nos presenta Elia Barceló: sesentones, enfocados a un retiro que no quieren y que se sienten jóvenes, hábiles y activos (con limitaciones) y con una vida y experiencia. Eso no es tan común.

Esa Viena helada de “La noche de plata”, tan hermosa como hostil, llena de colores fríos y plagada de historia y cultura, resulta un entorno inquietante y atractivo.

La ambientación también juega a favor de la novela. Esa Viena helada, tan hermosa como hostil, llena de colores fríos y plagada de historia y cultura, resulta un entorno inquietante y atractivo. Esa belleza helada se contrapone a la oscuridad de algunos de los hechos narrados. Sin desvelar partes de la trama, parte de la investigación principal se centra en desapariciones y muertes infantiles, uno de los crímenes más abyectos y oscuros perpetrados por el ser humano. “La noche de plata” no se regodea en esos crímenes, no le hace falta. Lo que insinúa, lo que llega a confirmar y los reflejos que vemos en nuestro mundo real desde Josef Fritzl, el infame monstruo de Amstetten al horror vivido por Natascha Kampusch, nos arroja a la cara una oscuridad que ahoga. No resulta fácil ponerse frente a frente a la maldad mas cruda y Elia Barceló maneja con maestría esa faceta del libro, sin caer en recursos fáciles ni elementos innecesarios.

La investigación de las desapariciones infantiles representa la vía troncal policiaca del libro pero, durante las 500 páginas de novela, otras partes reclaman nuestra atención hasta casi ponerse a su misma altura. La vida personal, pasada y presente de Carola se entremezcla en la narración, secuestrando el interés de la trama policial. No es ningún punto negativo, al contrario: aporta contexto a una galería de personajes muy interesantes y consigue difuminar ese toque negro predominante, acercándolo a una narrativa menos unida a ese género pero sin disolverse del todo. Un fino equilibrismo, un ejercicio del que Elia Barceló sale airosa. Quizás disguste a los que esperen una novela 100% negra pero, definitivamente, aporta muchos matices que se agradecen.

En definitiva:

“La noche de plata” se presenta como la primera incursión en la novela negra de una escritora curtida como Elia Barceló pero, cuando se tiene tanta experiencia y tan buen hacer, pocos giros se pueden poner por delante. Barceló crea su propio noir, teniendo en cuenta la esencia del género pero lo moldea a su gusto. La trama policiaca, esa observación del oscuro pozo que alberga algún supuesto ser humano capaz de destruir niños y niñas, se compagina con las propias vidas cotidianas de sus protagonistas para terminar coexistiendo en una misma historia, llena de coincidencias, hallazgos y las propias vueltas de la vida adulta. La excelente construcción de los personajes, en especial de Carola y Wolf, dos extraños prototipos de protagonistas, ayuda a mantener el interés. La helada Viena resulta un escaparate ideal para una novela oscura, que no se deja dominar por lo grotesco o el recurso fácil. Elia Barceló es una maestra de la escritura y dejarse llevar por las páginas de “La noche de plata” es un lujo al que se le permite alguna vuelta de más antes de enfrentarse a una parte final que deja la historia cerrada.
Es el debut de Elia Barceló en su propio género negro pero, ojalá, no sea su última incursión.
Algún día habrá que traer de vuelta a Carola y Wolf.

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