Mircea Cărtărescu

Mircea Cărtărescu (Rumanía, 1956) todavía no cuenta con el reconocimiento que su pluma merece y su obra atesora. De ello nos da buena cuenta su última obra publicada en España, “El levante” (Impedimenta, 2015), obra magna correspondiente a los primeros tiempos de su producción, síntoma de una juventud autoral llena de talento y no exenta de dificultades y de dudas. Entonces corría el año 1987 y Rumanía vivía todavía bajo el liderazgo totalitario de Nicolae Ceaușescu. Cărtărescu contaba con treinta y un años, vivía en un pequeño piso con su mujer y su hija, entre tinieblas y sin calefacción, escribiendo esta epopeya de siete mil versos mientras se calentaba al lado del fogón de la cocina. Allí tenía su máquina de escribir “Erika” y su sucedáneo de café, principales fuentes de inspiración durante los dos años que le llevó dar esta obra por terminada.

Por entonces, Cărtărescu era un joven profesor de instituto en Bucarest, enseñante de lengua rumana, pero con una profunda alma literaria. Un poeta atrapado en un contexto de restricción de inquietudes donde la literatura se encontraba sumamente limitada, cuando no sumida en el olvido. Nuestro poeta se sentía asfixiado y frustrado, limitado y cohibido, hasta el punto de concebir este texto como un ajuste de cuentas con su tiempo, con su entorno y consigo mismo. Desde una concepción de la literatura como arte expresiva, necesitada de la máxima libertad, observa y analiza su ausencia como una pérdida colectiva y como un fracaso personal –pues el poeta no se atreve apenas a levantar la voz para ejercer esa libertad creativa también en acto de legítima protesta. Un cruce de frustraciones pivotantes todas sobre el concepto de destino.

“El levante” es una magnífica experiencia literaria

Así haciendo, la elección de la epopeya como género donde encuadrar “El levante” (Impedimenta, 2015) obtiene así aquí una nueva perspectiva y una nueva lógica. El destino posee una naturaleza sobrenatural y un fin inevitable. Por tanto, aunque la epopeya significa la lucha de un pueblo contra una circunstancia, y la épica significa lo heroico tanto del reto como del esfuerzo contra esa circunstancia, la interpretación del destino se tiñe aquí de gris para remarcar que su inevitabilidad no tiene porqué decantarse, en todo caso, hacia el logro o el éxito; puede manifestarse también como un intento malogrado o incluso como un fracaso.

Portada de El levante, de Mircea CărtărescuEn cierta forma, Cărtărescu dota a la epopeya de autenticidad al llevarla a un contexto concreto: las revoluciones sociales que coparon Valaquia (región histórica al sur de la actual Rumanía) durante la primera mitad del s. XIX; una lucha social de naturaleza patriótica homologable a la que entonces desarrollaba en silencio el pueblo rumano contra su dictador.

Otra lucha épica es la que el autor desarrolla contra sí mismo, contra las ganas de detenerse y de rendirse, de ceder al peso de la responsabilidad, a la presión de un sistema literario inhóspito, de una obra que siente inabarcable, de unos personajes por momentos etéreos e inaprehensibles. No en vano, el poema se llena de autoreferencias, de diálogos entre el autor y sus personajes o sus lectores o su creación, de referencias metaliterarias a través de las cuales destacar tanto la dureza del acto creativo como la dureza del contexto creador. Musas y circunstancias comparten lamentos por igual, reflectándonos las dificultades que la mano autoral encuentra de cualquier naturaleza y en cualquier momento.

Si este texto supone un reto para cualquier lector rumano, Cărtărescu quiso aligerar el peso para el lector foráneo: transformando el poema épico original en un texto narrativo de estilo lírico capaz de traducirse con menor dificultad y permear las fronteras de su sistema literario. Una decisión que dota a la obra de una interesante expresividad, que intensifica la excepcionalidad de las imágenes espectrales y espectaculares. Porque “El levante” (Impedimenta, 2015), como toda epopeya, está repleto de aventuras: encuentros y desencuentros, conspiraciones y traiciones, planes y batallas… como también sinsabores y derrotas. Incluso su elenco protagonista pertenece a roles o posee funciones literarias claramente vinculadas a la aventura y a la épica: el pirata Yogurta, el espía Languedoc, el sabio sufí Nastratin, la intrépida republicana Zoe… o el poeta Manoil; entre otros.

En este texto están contenidos instintos de pulsión universales, transversales al tiempo y al espacio, a las razas y a los credos

Evidentemente, como todo poema (aunque transfigurado aquí en prosa, su esencia permanece intacta) el lector también puede gozar la experiencia de descifrar las claves lectoras ocultas dejadas por un sorprendente miembro de esta “secta redonda” (pág. 231) que es la troupe aventurera imaginada por Cărtărescu. Precisamente vinculadas con esta idea de lo esférico encontramos múltiples imágenes (“huevo”, “bola”, “balón”, “canica”, “globo”…) vinculadas a la vida, a la creación. Una conceptualización reforzada con referencias cosmológicas constantes al mundo, al universo, a las estrellas y a los cometas; entendida como una expresión de lo infinito. En contraposición con otras imágenes asociadas con lo inerte (“piedra”, “hielo”, “cristal”, “marmol”, “estatua”…), reforzadas a su vez con imágenes entendidas como la expresión de un límite o barrera (“bóveda”, “cúpula”, “espejo”, “cráneo”…).

Una tensión entre lo infinito y lo finito, lo racional y lo sensorial, el sueño y la realidad… en último término sintetizada en la tensión entre la libertad y la tiranía. De ella nos habla insistentemente la voz autoral hasta culminar en una declaración absoluta: “mi país es la libertad” (pág. 212). En ella se resumen todas las luchas. Resultando extremadamente irónico que solo unos meses después de dar por rematada “El levante”, el pueblo rumano depusiese a Nicolae Ceaușescu y ahora, en nuestros días, Rumanía forme parte de la Unión Europea como país de pleno derecho. Ello se debe, en parte, a que en este texto están contenidos instintos de pulsión universales, transversales al tiempo y al espacio, a las razas y a los credos, que la voz autoral nos resume como un “sueño de amor entre semejantes” (pág. 112). Muchos compartimos ese sueño y ahora, con este nuevo libro de Mircea Cărtărescu, podremos también vivirlo a través de una magnífica experiencia literaria.

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Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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