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       Artículo de literatura

El diablo a todas horas, de Donald Ray Pollock


Jorge Lara Gómez   16/08/2013
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     Venganza, secretos, culpa y redención, son los ingredientes básicos de la diabólica novela de Pollock: «El diablo a todas horas», un estudio sobre el mal.
Portada Diablo a todas horas"Se puede encontrar maldad hasta en el más pequeño de los animales, pero cuando Dios creó al hombre el diablo estaba a su lado” afirma el bueno de Cormac McCarthy (“La carretera”, editorial DeBolsillo, disponible en FantasyTienda), al que Ray Pollock le da la réplica completando la frase: “…y desde entonces permanece a su lado, a todas horas”.

Mi abuela (D.E.P) siempre decía dos cosas: que nunca pasa nada bueno tras caer la noche (una versión de este dicho surgió de labios de Ted Mosby en “Como conocí a vuestra madre”) y que la mente ociosa es el jardín del Diablo, y en Meade (Ohio), parecen, ¡NO!, lo tacho y lo afirmo: se cumplen y amplían estos dos axiomas familiares. En Meade (Ohio) nunca pasa nada bueno, ni de día ni de noche, y en él, el Diablo ha plantado macetas de mugre por toda su extensión cuyos frutos son tan negros como los corazones de sus habitantes, o al menos eso nos relata el hacedor de la bestial “Knockemstiff” (¿aún no la tienes? Pincha aquí), pero no temáis, no todo esta perdido en es este desolador y minúsculo paraje, ya que Pollock, al igual que hizo en su debut narrativo, ha dejado un sutil hilo de esperanza en forma de moraleja final: incluso en Meade (Ohio), pozo de inmundicia donde los haya, la gente logra actuar con bondad.

"El diablo a todas horas" (editorial Libros del Silencio, colección Miradasdisponible en FantasyTienda), primera incursión en la novela con una trama desarrollada ("Knockemstiff" era una sucesión de historias independientes) de su autor, ha escandalizado tanto como ha asombrado: es violenta, perversa, hostil y sádica… eso es cierto, pero también es igualmente cierto que no es más que un reflejo de la sociedad, una descripción de nuestras pulsiones más oscuras y secretas, un estudio sobre esa otra parte monstruosa, vil, que forma parte de nosotros ¿no me crees? Enciende la tele, y pon un canal al azar. Así que aquellos que critican y rechazan de lleno esta novela por desagradable, u horrible, por una parte es obvio que no han leído ni conocen el anterior trabajo de Donald Ray Pollock: "Knockemstiff" (¿tú tampoco? tiene remedio, pincha aquí) y por otra, no están haciendo otra cosa que engañarse a ellos mismos, porque como señaló recientemente una de nuestras más recientes redactoras: la vida no es Disney, o como el mismo autor afirma y justifica: “Conviví con la violencia en la infancia, quizás por ello tengo una visión fatalista del mundo, además, yo no escribo cuentos de hadas. En la literatura, los conflictos son necesarios para mantener atento al lector”, y de aquellos polvos, vienen ahora estos lodos novelescos con los que alguno (s), al parecer, se atraganta (n) y ahoga (n).

Hay una imagen que me ha perseguido durante toda la vida: cuando tenía seis años, mi madre me envió a comprar a la tienda del pueblo, y mientras estaba allí entró una mujer con la cara llena de sangre, después de haber sido apuñalada por su marido” Definitivamente, la vida no es Disney”


El dolor duele, la avaricia embriaga y la lujuria quema, y esta novela duele, como solo duele un amor roto; embriaga como una pulsión satisfecha, y quema como un buen trago de bourbon de Kentucky. De la mano de Pollock, te verás inmerso en una burbuja de sensaciones -la mayoría de ellas incómodas- que poco a poco irá creciendo como un globo de helio, con el aire que le insuflan, en un principio, un padre y un hijo en busca de un milagro que nunca ocurrirá, y poco a poco, con los soplidos de una caterva de personajes protagonistas de situaciones tenebrosas.  De hombres y mujeres que actúan en nombre de una religión que solo ellos entienden y que se encuentran dominados por formas monstruosas de la fe -no en vano, los crímenes más horribles han sido aquellos cometidos en nombre de la fe- hasta que finalmente la burbuja, como todas las burbujas, estallará y es entonces cuando las máscaras se harán añicos descubriendo los rostros que ocultan y mostrando el verdadero semblante de aquellos que perdieron el rumbo en un mundo a la deriva, donde Dios no es más que una sombra, y el Diablo, un ejemplo a seguir.

¿Qué pueden tener en común un veterano de Gran Guerra y su hijo, los cuales han levantado un macabro altar en lo profundo del bosque para intentar ahuyentar a La Parca; una pareja de enamorados serials killers que patrullan la América profunda en busca de la instantánea perfecta. Un "soldado de Dios" que hace tiempo desertó del ejército de la fe; un agente de Ley alcohólico, corrupto y atormentado por sus lazos familiares; un charlatán de feria que se autodenomina “predicador” y que se hace acompañar por un guitarrista tullido incapaz de reprimir sus impulsos más obscenos, y, finalmente, un joven que durante más de dos décadas crecerá en busca de su propia versión de la justicia? Pues tan variopinta galería de monstruos al servicio de Pollock, compartirán en mayor o menor medida: sacrificios, misterios aterradores, violaciones, torturas, asesinatos, pesadillas… y como epicentro, la búsqueda desbocada de REDENCIÓN.

Mapa Diablo a todas horasEn el 2011 llegó a nuestros estantes "Knockemstiff" y posteriormente, un año después, lo hizo "El diablo a todas horas" y las similitudes entre ellas son más que evidentes, aunque con ciertos matices que las distinguen.  Ambas nos hablan de dos pequeñas poblaciones colindantes de Ohio (en azul, Meade y rojo Knockemstiff), cuyos habitantes (¡ojo!, en las novelas) son poco más que despojos de la sociedad, errores cromosomicos, experimentos fallidos de la concepción, perdedores irremediables cuya brújula moral no hace más que dar vueltas en pos de un norte que nunca encontraran.  Se dice que las mejores esencias se albergan en recipientes pequeños, pero Pollock, en una mueca perversa, ha reescrito esta cantinela y se ha empeñado en demostrar (nos), en hacernos tragar con un embudo mientras nos tiene atados de pies y manos, que lo peor, la zona más oscura del ser humano, también tiene cabida en recipientes pequeños, tan pequeños como Knockemstiff con apenas 200 habitantes, o más aún en Meade,con poco mas de 80 (datos de censo real). Si sobre la primera os decía, entre otras cosas, que su lectura era como tener un punzón hurgándote en una herida que no termina de curar, con esta vais a escupir sangre y maldeciros por pertenecer a la raza humana. Y es que son tan similares, que -ahora viene el punto negativo- este segundo trabajo, más que una novela independiente sobre ovejas descarriadas, más bien parece una continuación de "Knockemstiff", un relato largo que olvidó incluir.

Pero como ya he dejado entreveer, también hay notables diferencias. Ya que la primera, la genuína, es mucho más dura, mas desgarradora y su final era como asomarse a un pozo de profundidad infinita. Sin embargo, en esta ocasión, por mucho sadismo que rezume de sus páginas, entre sus líneas también encontraremos grandes dosis de esperanza. Ray Pollock, les ofrece a sus personajes, algo que no tuvieron los vecinos de al lado: la oportunidad de una vida mejor, de un futuro más brillante. "Cuando escribí las historias de Knockemstiff no tuve en cuenta al público en absoluto, porque no creía que jamás fuese a publicar lo que escribía, sin embargo con El diablo a todas horas, pensé más en el lector, y sé que a la gente le gusta encontrar al menos un atisbo de esperanza o de optimismo al final de un libro" y es por ello que la primera muestra al autor en su forma más pura, directa, descarnada y natural, y esta segunda es una partitura con dos tonos menos de graves. Nos topamos con un Pollock más comedido, menos desbocado, y como él mismo deja entrever, más adaptado al mercado literario.

Foto Pollock Diablo a todas horas

Libros del Silencio, sello artífice de esta brutalidad literaria persigue el único – y complejo- objetivo de publicar libros que dejen huella en el lector… y a fe que lo están consiguiendo, no hay más que echar un vistazo a sus más recientes publicaciones dónde destaca tanto por su crudeza como por su emotividad, la novela de Iván Repila, “El niño que robó el caballo de Atila” (disponible en FantasyTienda) de la que ya os hablé hace un par de meses, o circunscribirse únicamente a las dos publicaciones de Pollock sobre ese tórrido Ohio natal al que él le reviste de caos.  Sea como fuere, la grandeza de una editorial no se mide por el número de publicaciones si no más bien por el contenido de las mismas, y al igual que ocurre con las novelas de Donald Ray Pollock, si se rasca, se encuentra el oro bajo el hollín.

Dicen que el Diablo se enamoró de una joven y que tuvo que esconderse para siempre… ¿quizás se escondió en Meade (Ohio)? “El diablo a todas horas”… una novela no recomenda para almas cándidas y sensibles.

Grge_dixit: Todas las horas hieren, la última mata, pero en Meade (Ohio) todas anuncian una promesa de muerte. Una novela muy bestia que sin embargo no está a la altura de "Knockemstiff", cumbre compleja de escalar.

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