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El sueño del imperio (Auge y caída de las potencias globales, 1400-2000), de John Darwin


 Ciencias Sociales
Fco. Martínez Hidalgo   25/04/2013
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     La globalización contemporánea se retrata en este monumental ensayo de John Darwin como una red multipolar de identidades socioculturales cristalizadas en los territorios imperiales de antaño.
Portada de El sueño del imperio (Auge y caída de las potencias globales, 1400-2000), de John DarwinCada vez de forma más notable, la historiografía abandona la perspectiva étnica o nacional o estatal para introducirse en una perspectiva global o mundial o general. Uno de los pioneros fue un sociólogo Immanuel Wallerstein, cuya teoría del sistema-mundo parte de la distribución en un sentido amplio: de ideas, de mercancías, de recursos o de personas; y de una percepción de la direccionalidad imperialista: desde el “centro” social hasta la “periferia” (distribución) y/o desde la “periferia” hacia el “centro” (explotación). En una lógica general que busca las relaciones entre zonas geográficas distintas, frecuentemente analizadas de forma independiente pero escasamente coordinadas en un mismo esquema, para comenzar así a dibujar la historia del proceso de globalización.

Una de las obras historiográficas más importantes publicadas en los últimos años, con esta perspectiva y este enfoque, ha sido ‘AfterTamerlane. Therise and fall of global empires 1400-2000’ –traducida en su edición española como ‘El sueño del imperio. Auge y Caída de las potencias globales 1400-2000)’ (Taurus, 2012, disponible en FantasyTienda), del historiador británico John Darwin. Una monumentalidad que la hizo ganadora del Premio Wolfson de Historia en 2007, el año de su primera publicación en Reino Unido.

El cambio en la traducción del título nos impide ver una parte importante de la hipótesis principal desarrollada por Darwin en este libro: Tamerlán sería el (hasta ahora) último gran conquistador “del mundo”, cuya intención era unir bajo un único mando a toda Eurasia, o sea a la gran parte de todo el territorio por entonces “conocido” –exceptuando recónditos territorios insulares o africanos y el todavía no descubrimiento de América. Tras su muerte en 1405, el importante desarrollo de las rutas marítimas primero, y de las ferroviarias más tarde, abriría paso a una nueva etapa de ampliación del mundo y, con ella, a una intensificación de las relaciones entre sus distintos territorios. Por consiguiente, además de obstaculizarse todavía más la repetición de las intenciones de Tamerlán, también se ayudaría decisivamente a configurar nuestro mundo “global” contemporáneo: dónde los viejos territorios interactuarían con los nuevos en una expansión de sus ambiciones o en la construcción de nuevas ambiciones capaces de cambiar las reglas del juego geopolítico.

En la explicación histórica de este interdependiente mundo contemporáneo, mucho más complejo, jugarían un papel crucial, en opinión de Darwin, los imperios de antaño. Bajo su égida cristalizaron distintos conjuntos de valores sociales y principios culturales que dotan de cierta unidad, todavía en nuestros días, a los estados o los pueblos que residen en sus dominios. Y su caída o su ascenso contribuyeron de forma relevante a construir las coyunturas sociales, culturales, políticas y económicas diseñadoras de nuestra actualidad. Sin embargo, John Darwin nos pide que apliquemos ciertas precauciones.

Nos ha resultado una lectura edificante y un ensayo a la altura de todo tipo de lectores cuya curiosidad esté en las bases históricas del mundo y el tiempo en que nos ha tocado vivir.

En primer lugar deberíamos rechazar la idea lineal de progreso o la idea completiva de modernidad, pues existen trazos diversos en cada contexto sociocultural que relativizan las definiciones cerradas o las adscripciones indudables a una u otra zona; se propone hablar de “coyunturas” y de cómo en cada momentos distintas zonas estaban más o menos preparadas para afrontar sus circunstancias o imponer sus criterios sobre las demás.

Después se nos propone considerar Eurasia, desde la Europa más occidental (Portugal) hasta el oriente más lejano (Japón), como el punto a partir del cual se crea el “sistema-mundo” matriz de la actual globalización: de hecho sería la colonización de estos territorios el proceso que ampliaría el mundo hacia África o América.

También se nos propone una revisión de la idea de “Europa”, en la que se superponen tres visiones distintas: geográfica, política y cultural; con una diversidad interna y una historia de enfrentamientos y alzamientos difícil de homogeneizar bajo un criterio o concepto común.

Y, finalmente, Darwin nos propone incluso que repasemos el concepto de “imperio”, por cuanto la caída y el surgimiento de imperios ha estado muchas veces motivada más por la voluntad de grandes conquistadores o la construcción de consensos alrededores de ciertos intereses concretos aunque comunes, y no por la hipotética y abundantemente afirmada homogeneidad interna de estos territorios o sus autoridades.

A partir de aquí, ‘El sueño del imperio (Auge y Caída de las potencias globales 1400-2000)’ (Taurus, 2012) inicia un extenso y apasionante viaje por seis siglos de historia. El punto de vista central del libro está en destacar las conexiones que se establecían en toda Eurasia entre el Imperio Otomano, el Imperio Bizantino, el poder regional de China o la India –Japón solo adquiría poder en la zona y capacidad colonizadora a partir del s. XX, con una Europa solo a partir de 1750 más relevante y significativa en la historia global; dado su carácter esencialmente agrícola y escasamente productivo para el intercambio con las demás zonas del globo. De hecho, Darwin nos pide que revisemos la historia de Europa entre 1400 y 1750: pues el descubrimiento de América habría supuesto una importancia significativa para la ampliación del “sistema-mundo”, pero sin ejercer una transformación efectiva de esos territorios hasta varios siglos después –en el caso de Norteamérica incluso hasta bien entrado el s. XIX.

Entonces, si podemos hablar de una historia mundial en general bastante relativa, dónde durante siglos hubo una conexión bastante fluida a través del comercio de mercancías entre zonas muy diversas social y culturalmente, sin que por ello existiesen importantes colisiones desde 1400 hasta bien entrado el s. XVIII. ¿Qué cambio histórico motivó el actual “eucentrismo” y la imposición del sistema de intercambio económico europeo al resto del globo como pauta general para los intercambios entre las distintas zonas socioculturales?

En opinión de John Darwin las principales razones son tres: de tipo demográfico, de tipo económico y de tipo político. En cuanto al tipo demográfico, la mejora de las vías de comunicación sobre todo con el ferrocarril y el avance de las máquinas de vapor, permitió una mayor expansión de las poblaciones europeas, e incluso en Norteamérica solo después de la llegada del ferrocarril se puede observar una verdadera expansión en términos poblacionales. Estos mismos avances tecnológicos mejoraron intensivamente la hasta entonces contenida productividad europea, facilitando la rápida reproducción de esas mismas mejoras de producción en otros contextos: el desarrollo Norteamericano estuvo muy vinculado a la expansión de esta capacidad productiva. Y políticamente, estos dos procesos demográfico y económico impulsaron las ansias colonizadoras europeas: África, Oceanía y Oriente Próximo recibirían la principal influencia de este impulso colonizador.

John Darwin

Con todo, aunque a partir de 1750 la coyuntura general favoreció la extensión de Europa por el resto del sistema-mundo, su imperialismo colonizante no fue ni general ni permanente. En todo momento China resistió con bastante autonomía, a pesar de su precariedad interna, los envites de las fuerzas imperialistas. Lo mismo puede decirse de la tirantez de las relaciones de Europa con Rusia, culturalmente comunicantes en ciertas partes de sus respectivos territorios, pero también a la vez con cierto distanciamiento mutuo. Y aunque Japón había cedido a los intereses europeos de finales del s. XIX y comienzos del s. XX, pronto en emperador nipón puso en marcha fuerzas nacionalistas que reforzaron el papel de Japón en la zona, e incluso llegó a poner en marcha procesos propios de conquista a partir de 1910.

De esta forma, Darwin sostiene que aunque el imperialismo europeo, del que Estados Unidos de América es actualmente su principal representante como principal criatura de la Vieja Europa, llegó a imponer pautas generales para el diálogo, el intercambio y el comercio entre las distintas zonas imperiales de antaño (ahora substituida por una red de estados o naciones o pueblos intensamente relacionados entre sí e interdependientes); ninguno de estos viejos imperios y sus actuales representantes políticos están dispuestos a aceptar la existencia de una única autoridad –represéntese ésta por una persona, un colectivo y/o un conjunto de reglas de cualquier tipo.

La globalización contemporánea se retrata en este monumental ensayo de John Darwin como una red multipolar de identidades socioculturales asentadas sobre los principios, valores y actitudes cristalizadas, hace siglos ya, en los territorios imperiales de antaño. Por eso, aunque en la crítica sociocultural actual se suele definir a la globalización como un proceso unificador, homogeneizador y cuasi irreversible; John Darwin nos plantea un marco histórico sobre el cual es posible comprender la posible complejidad de un marco social muy diverso y la existencia de un diálogo global general.

La globalización resulta ser, en la conceptualización de este libro, el resultado de un acuerdo general, entre las antiguas zonas imperiales, destinado a facilitar el comercio o el intercambio o el trueque de forma cada vez más amplia y extensiva, pero también con límites concretos que Darwin se afana en explicar con todas sus implicaciones.

El sueño del imperio. Auge y Caída de las potencias globales 1400-2000)’ (Taurus, 2012) resulta ser un estudio monumental de las bases históricas de la globalización que parte de puntos de vista originales, desarrolla hipótesis provocativas y provocadoras, y trata la globalización de una forma que podemos considerar más realista y menos imaginativa, más apegada a los sucesos de nuestros días y menos conectada con dogmas o utopías.

Nos ha resultado una lectura edificante y un ensayo a la altura de todo tipo de lectores cuya curiosidad esté en las bases históricas del mundo y el tiempo en que nos ha tocado vivir.

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