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       Artículo de literatura

Gales (La Leyenda de Leureley I), de Elba de Cus, Elena Montes y Roberto Redondo


Eidián   05/06/2010
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     Ante nosotros se despliega la siempre conocida temática de la lucha del Bien contra el Mal, base de casi todas las buenas obras de fantasía conocidas, con ciertas pinceladas de originalidad.
Portada de Gales (La Leyenda de Leureley I), de Elba de Cus, Elena Montes y Roberto RedondoSiempre es un placer hacer una crítica de un escritor novel. En realidad tengo la oportunidad de ponerme las botas porque, de una sola tacada, tengo tres escritores que citar: Elba de Cus Arroyo, Elena Montes Navas y Roberto Redondo de Paz, las dos primeras aún estudiantes de ESO y el último un joven de 38 años novato en esto de publicar que no de escribir (web dixit), autores de "La Leyenda de Leureley: Gales" (Atlantis, 2010), primera novela de fantasía de un ciclo que, a buen seguro, nos reserva muchos buenos momentos de lectura.

Creo que en este tipo de casos, más que en cualquier otro, el deber del crítico es resaltar tanto lo bueno como lo malo de la obra: lo bueno da la medida de los logros de la novela; lo malo índica aquello que aún se ha de pulir y, en ambos casos, se marca el camino por el que el autor y su obra pueden proseguir. Los buenos críticos lo saben… los buenos, porque yo, como toda pluma novel, aún no tengo bien perfilado el camino e intento realizar mi labor lo mejor que puedo intentando no pisar demasiados callos al aire.

Dejando aparte la labor de la editorial y resumiendo, estamos ante una buena obra que promete mucho más en su continuación, a la que le sobran algunos errores primerizos pero que en sus más de 400 páginas se hace muy amena y entretenida y nos deja con ganas de saber que sucederá a continuación.

Por todo lo antedicho quiero dejar muy claro, por si luego lo estropeo tontamente, que el libro hoy analizado "La Leyenda de Leureley: Gales", de los tres citados escritores, es una buena novela de fantasía y aventuras, donde se crea todo un universo mítico de dioses y razas mortales, con unicornios malvados, cortes silenciosas, islas malditas y un largo etcétera de lugares diversos con personajes que oscilan entre lo pintoresco y lo majestuoso. Ante nosotros se despliega la siempre conocida temática de la lucha del Bien contra el Mal, base de casi todas las buenas obras de fantasía conocidas, con ciertas pinceladas de originalidad que luego comentaremos.

Los personajes son una de las bazas fuertes de la novela estando muy bien dibujados y trazados los diversos caracteres destacando los Altos Magos, los kylions (raza inventada y crucial que recuerda poderosamente a los hobbits aunque con una carga mística que aquellos no poseen) y la raza humana de los Héroes, centro de toda la trama. La juventud de los protagonistas centrales está muy bien reflejada, así como la senectud o la madurez de los consejeros que les rodean. Ese dibujo de caracteres se convierte en otro de los platos fuertes de la novela: los jóvenes van madurando muy efectivamente a través del relato y las diversas circunstancias que viven les obligan a entrar con rapidez en la edad adulta, sin tener tiempo para lamentaciones, pues el Destino (así, con mayúsculas) les acecha en cada esquina y deben asumir el papel que les ha tocado en suerte ya que la desaparición del mal que embarga a su mundo depende de ellos.

Roberto Redondo de Paz (Velkar)Ese destino se desencadena cuando en la capital de la isla Phyrium, la ciudad de Gashyn, el lugarteniente del malvado Saurk, Dargok el maldito, secuestra a Kyntark, primogénita de Erion. Engañados por el Mal, los habitantes contemplan primero la caída de la estirpe de los Héroes, cuyo adalid era Erion, viéndose después obligados a tomar las armas para defenderse de las fuerzas oscuras que se alzan contra ellos. La hermana de Kyntark, Gales, parte en su busca para evitar el fin de Phyrium. Y las fuerzas del bien y del mal toman posiciones para el que puede ser el último acto de la historia de este mundo.

El argumento es bastante original en principio: un ser malvado que se introduce con engaños en el destino de los protagonistas alterando toda su realidad, dejando tras de si sólo desolación y muerte; unos amigos que no lo son tanto; la destrucción de principios sólidos sobre los que basar la realidad; la perdida de la inocencia como base sobre la que lanzarse a la aventura... Después originalidad y caminos conocidos se alternan porque la consabida pérdida, lucha infructuosa y partida de salvación de un grupo que se niega a rendirse ante el mal, se compagina con un insospechado embarazo e inesperado amor.

Muchas cosas suenan a otras leídas en títulos precedentes: ya he comentado la influencia de J.R.R. Tolkien en la obra que también se trasluce en la cuestión de las joyas (en un reflejo tanto de los Anillos de Sauron como de los Silmarills creador por Fëanor), de esos dioses que no son tales, de la maldad irredenta de los villanos, etc. De la misma forma, hay otras influencias reconocibles como la Dragonlance con la cuestión del destino de los dragones en manos de las fuerzas malignas, e incluso Fleips, con su dichosa verborrea, ha llegado a recordarme a veces a Dosflores, el genial turista del Mundodisco ideado por Terry Pratchett… aunque esto último pueden ser chifladuras mías.

Mientras que considero que la lucha urbana que ocupa varios capítulos del libro es excesivamente larga, con demasiados momentos álgidos y de tensión (aunque conducen en derechura al desastre final), es de alabar la gran maestría que demuestran los autores en los saltos de escenas que me han sorprendido muy gratamente y demuestran una madurez creativa poco frecuente en obras primerizas. Sólo debo poner un pero estructural a la novela y se refiere al final de la misma demasiado precipitado después de haber sido muy minucioso en los capítulos anteriores: tenía que haberse explicitado más el viaje del mago así como su conocimiento de la situación que marcha a remediar. Se resuelve todo ese asunto en un par de párrafos que saben a poco después de haber leído casi 400 páginas. Una vez llegado hasta ahí bien se podían haber gastado otra decena de folios más para desarrollar la escena adecuadamente… visto lo bien que se han digerido las cientos de páginas precedentes.

Elena Montes

Algo que sorprende en la novela (al menos a mí me sorprendió) es el lenguaje recargado que los personajes utilizan, un lenguaje de resonancias míticas, con sabor de leyendas medievales. Es un lenguaje que puede no ser plato de todos los gusto pero que, si se emplea de forma adecuada, como es el caso, puede dar a la obra un aire de tiempo de antaño, de época remota que casa muy bien con el tipo de fantasía medieval que aquí se trata.

Echo de menos un poco más de descripción sobre el mundo de Phyrium pero eso es algo que puede arreglarse en los libros que han de llegar, al igual que un dibujo más detallado de las razas que lo pueblan. También deberían mejorar los autores los grandes saltos temporales que descolocan un tanto al lector al avanzar y retroceder los protagonistas de forma un tanto deslavazada.

En los errores claros por resolver destacaría la reiteración de calificativos malvados para los “malos malosos” de la película: Dargok y sus secuaces son tan inmundos, ignominiosos, execrables, ominosos, despreciables, etc., etc., de forma tan reiterada, que acaba por apabullarte tanta maldad calificativa. Y es que los malos son tan malos que a veces están a punto de caer en el ridículo y es una pena porque apuntes mejor aprovechados como la caída de Dargok en el mal o la ascendencia de Faerie, podían haber dado mayor profundidad a estos personajes. Incluso los monstruos pueden llorar de algo más que odio o rabia.

Elba de CusPor otra parte hay que dar un capón a la editorial Atlantis que, pese a su estupenda labor por publicar a nuevos autores de fantasía, no se ha esforzado mucho por acompañar el texto de un mapa en condiciones del mundo de Phyrium: esta medio pixelado, con unos grises con los que no se ve nada y de un tamaño con el que tendrían que adjuntar una lupa para distinguir algún nombre.

Dejando aparte la labor de la editorial y resumiendo, estamos ante una buena obra que promete mucho más en su continuación, a la que le sobran algunos errores primerizos pero que en sus más de 400 páginas se hace muy amena y entretenida y nos deja con ganas de saber que sucederá a continuación. Ya tengo yo mis suposiciones sobre ese final y por donde irán los tiros en el siguiente volumen así que me apunto a la continuación en cuanto salga.

Nos vemos buen Velkar. Espero que no te disgusten mis breves pero bienintencionadas palabras y que el Destino y la Diosa nos vuelvan a reunir en lugares prósperos y amenos.

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