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       Artículo de literatura

Entrevista a Luis García Prado, editor de Bibliópolis y Alamut


Joaquín Torán   01/05/2008
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     Luis nos recibió en sus oficinas madrileñas, donde pudimos conversar con él sobre el pasado y el futuro de Bibliópolis y de su nuevo sello, Alamut, y evaluó la salud del género fantástico en nuestro país.
Luis G. Prado, editor de Bibliópolis y AlamutLa entrevista a Luis García Prado se produjo, por casualidades del destino, pocos días después del anuncio oficial de dos importantes noticias que han sido vitales en nuestra conversación: el cierre de Artífex Tercera Época y la posterior apertura de la Cuarta Época y la puesta en marcha de Alamut, su nueva editorial, tras cinco años en Bibliópolis.

García Prado, un hombre afable y un conversador consumado, nos recibió en las pequeñas oficinas desde las que trabaja, en una céntrica y mestiza calle madrileña. En un ambiente agradable, vigilados tanto por los libros que él había editado desde Bibliópolis, como por aquéllos que servían de referencia, el editor y el entrevistador se sumieron en una distendida charla que se prolongó con toda naturalidad fuera de los micrófonos y del protocolo que exigía el acto. Juntos repasaron la historia de la que ha sido una de las más grandes editoriales españolas, hipotetizaron sobre el futuro y llegaron a desgranar algunas de las claves de la particular situación del mercado editorial. Sin olvidarse ni de los hombres ni de sus obras, por supuesto.

El resultado de esa larguísima charla es el que sigue a continuación. Esperamos que al leerla podáis disfrutarlo tanto como nosotros al mantenerla.



Fantasymundo: Te iniciaste en el mundo del fanzine con una publicación llamada “El fantasma errante de Andorra” a la que luego seguirían las tres épocas de Artífex. Si lo miras en retrospectiva, ¿cómo valoras la experiencia y qué aprendiste entonces?

Luis García Prado: Bueno, el fanzine se llamaba de una forma aún más ridícula, “Un fantasma recorre Andorra”, pero la aliteración es la misma. Básicamente eso fue un impulso de aficionado joven, yo empecé a hacer fanzines a los dieciséis o diecisiete años, y me sirvieron para irme fogueando en lo que consistía hacer una publicación periódica y en editar textos. Y eso es lo que básicamente aprendí. Luego, en sucesivas encarnaciones voy aprendiendo a hacer libros, a base de prueba y error.

Fantasymundo: O sea que el paso lógico era ser editor de libros. ¿Cómo se da ese paso, desde una posición “amateur” como es la del fanzine?

L. G. P: Siempre he dicho que me hice editor por desesperación. Efectivamente, el paso lógico es acabar profesionalizándose, pero no mucha gente lo hace, por la poca industria editorial que tenemos del fantástico. Conocemos la tradición del fandom americano, de esos escritores que, tras su paso por éste, acabaron profesionalizándose en la época de Asimov (años 40- 50), de tal manera que los directores de revista de los años ’50 eran los aficionados de los ´40; ése ha sido nuestro modelo, aunque en España nunca ha cuajado, básicamente porque, a pesar de que siempre ha habido un fandom muy activo, no siempre ha existido un buen momento editorial. Yo me profesionalizo porque puedo, porque en el momento en el que creo Bibliópolis estamos en un momento de alza en el que parece que podemos intentarlo. En otros momentos históricos, quizás diez o quince años antes, no hubiera sido en absoluto posible. Vamos, tiene mucho que ver con estar en el momento adecuado.

Fantasymundo: Bibliópolis surge entonces para intentar cubrir una carencia editorial.

L. G. P: Bibliópolis, como digo, surge por desesperación. Es decir: yo tuve la vocación editorial desde muy jovencito, como demuestra el hecho de que me dedicase a publicar fanzines, pero tenía el prejuicio de que era imposible ganarse la vida editando narrativa fantástica, a pesar de que no era algo del todo mal visto. Después de acabar la universidad – y ten en cuenta que mientras tanto sigo publicando, y no sólo fanzines, también libros, colecciones de cuentos, novelas, todo sin ánimo de lucro, pero cada vez con mejor aspecto- empiezo a opositar unos años sin éxito y me doy cuenta que, al no poder conseguir trabajo fácilmente, mi verdadera vocación es editar: me preguntaba, antes de seguir intentándolo por otro lado, ¿por qué no intentarlo como editor, ahora que todavía tengo edad y tiempo para arruinarme?. Tuve la enorme suerte de que el intento salió bien; fue algo paulatino, pero al menos al segundo año de vida de Bibliópolis, ya tenía con qué pagarme los gastos. Fue algo que sentía que tenía que hacer. No soy el salvador del género, en verdad lo hice por mí.

Fantasymundo: Antes incluso de crear Bibliópolis, trabajas en Artífex, un fanzine muy bien hecho en donde has publicado todo tipo de relatos de jóvenes autores, cuya actividad correrá en paralelo a tu editorial. Junto con Julián Díez, tu compañero en la “empresa Artífex” publicasteis diecisiete números desde 1999, hasta llegar a la Tercera Época, cuyo final anunciaste hace unas pocas semanas. Posteriormente, avanzaste que habría una Cuarta Época. ¿En qué se va a diferenciar de la Tercera? ¿Cuáles han sido las razones que os determinaron a acabar con la última - hasta la fecha- temporada de Artífex?

Luis G. Prado, editor de Bibliópolis y AlamutL. G. P: Antes de responder a esto, me gustaría decir que la idea de retomar Artífex no es mía, aunque la apoyo, sino del colectivo Xatafi, los aficionados reunidos en torno a la tertulia de Getafe, y de Juan Manuel Santiago, editor de Gigamesh, quien originalmente se ofreció para continuar Artífex en papel. Al comprobarse la inviabilidad del proyecto, Juan Manuel decidirá apoyarse en Xatafi para tomar las riendas de una Cuarta Temporada y volcarla en pdf. Ya no tengo nada que ver en el asunto, he cedido muy gustosamente el uso de la cabecera y estoy encantado de que lo continúen de alguna manera.

Previamente a eso, Artífex ha sido lo que he hecho toda mi vida, sin solución de continuidad. Aquel primer fanzine de nombre exótico del que ya hemos hablado, cambiará su nombre por el de Artífex en su número diez u once, aunque mantuvo la numeración. Julián Díez entra, como bien has dicho, en el ´99 proveniente de Gigamesh, cuando cierro la publicación tal y como está concebida en cuanto a producto amateur, con artículos, ensayos o cómics, para acompañarme en la Segunda Temporada, ya volcada en las antologías de relatos escritos en castellano, mayoritariamente. Julián siempre había sentido la necesidad de trabajar con estos nuevos autores, por eso cuando Artífex le permitió publicar mucho material de Gigamesh decidió unirse a mí. Durante la Segunda Época publicó trece volúmenes, doce semestrales y uno especial para una HispaCom sin ánimo de lucro; como se comprenderá, el paso de una Segunda a una Tercera Época fue muy natural, porque mientras Julián y yo trabajamos en la Segunda Época, monté Bibliópolis, una pretensión que ya arrastraba desde los tiempos de mi Primera –y solitaria- Época de Artífex.

Durante unos años, mantuve Artífex como estaba, pero luego me dije que era un poco raro que una editorial ya consolidada como Bibliópolis estuviera relacionada con una publicación de formato típicamente aficionado y probamos a darle una dimensión de libro de bolsillo a Artífex, que duró los dos años que estuvimos inmersos en su Tercera época. Finalmente, Julián dejó Artífex en el último número de la - por ahora- última Época. Tuve la intención de sacarla adelante, pero al final, las cosas surgieron como te he dicho, cerrando la Tercera Época y amparando esta Cuarta que saldrá en breve.

Fantasymundo: En tu respuesta a nuestra pregunta has hablado, aunque de pasada, de ciertas cuestiones que nos gustaría tratar, como, por ejemplo, tu interés por los cómics, que has publicado en tus fanzines de aficionado. Hay algo sorprendente, España tiene muy buenos guionistas y aún mejores dibujantes, como ha reconocido Moebius en una reciente entrevista; con semejante potencial, ¿por qué crees que no hay un interés editorial adecuado? ¿Quizás porque no hay una verdadera industria del cómic y una legislación que la sustente?

L. G. P: No te puedo decir mucho al respecto, porque no tengo hecha ninguna reflexión. Efectivamente, fui muy fan del cómic de adolescente, los dibujaba y guionizaba, hasta el punto de que mi primer contacto con un fandom fue el de los Autores de Cómics Españoles, y no el de Ciencia-Ficción, que fue posterior. En el fondo, la historia de mi evolución de “El fantasma…” a Artífex Primera Época- Artífex Segunda Época, no es más que la historia de la evolución de mi interés, partiendo del cómic, por la fantasía y la ciencia ficción en el medio escrito. Desde los veinte años, más o menos, ya sólo leo los cómics que me pasan mis amigos, ya que el ser “fan” se me pasó prácticamente con la adolescencia.

Fantasymundo: ¿No figura entonces entre tus planes inmediatos publicar cómics, no?

L. G. P: Así es.

Fantasymundo: Has hablado también de los autores españoles. ¿Qué tal ves el panorama editorial español especializado?

L. G. P: Bueno, el especializado está viviendo ahora un estrechamiento del mercado, provocado, básicamente, por dos razones: la primera es que, cuando hace cinco o seis años adivinábamos un auge de mercado, aposté por la creación de nuevos lectores, algo que sólo se ha producido, desgraciadamente, con fenómenos concretos, como Martin, Sapkowski y algún otro autor más, de forma que para el resto de productos que publicamos las editoriales del fantástico tenemos los mismos lectores que hace una década, si no menos, con el agravante de que ahora nos los hemos repartido: al aumentar la oferta, han bajado las ventas medias. Esto es un verdadero problema, el de no haber conseguido un nuevo mercado.

La segunda razón está relacionada con la primera: naturalmente, al bajar las ventas medias, mi competencia se dedica a “saldar”; llevamos dos años en que periódicamente se están produciendo saldos. No hace falta decir que los saldos consisten en gastar el dinero que la gente tiene prevista en novedades para emplearlo en libros que salieron hace dos años a precio de coste, lo cual no deja de ser una tendencia autodestructiva. Como me temo que las editoriales que tienen que saldar no han acabado aún de hacerlo, y de hecho, se están metiendo en el mercado nuevas editoriales que están empezando a publicar ahora y que saldarán dentro de dos, tres años, nos esperan tiempos “interesantes” en los que no va a ser fácil vender nuevos autores, algo que he intentado hacer todos estos años.

Fantasymundo: Sí, porque precisamente la “marca de fábrica” de Bibliópolis era la de mezclar autores consagrados con “nuevos” valores o exponentes, como Sapkowski, aunque no sea exactamente nuevo…

L. G. P: No, no, es nuevo. Cuando lo sacamos, Andrzej Sapkowski no existía en el panorama.

Fantasymundo: Ya que lo mencionas, ¿podríamos decir que Sapkowski y Harrison son los “autores franquicia” de Bibliópolis?

Luis G. Prado, editor de Bibliópolis y Alamut con la nueva edición de El Último DeseoL. G. P: Bueno, franquicia no hay ninguna. Pero si te refieres a si son asiduos, pues sí, son de los autores más publicados. No obstante, en el catálogo de Bibliópolis Fantástica es posible encontrar reediciones de títulos clásicos, sobre todo al principio, como “Marcianos go home” ,“Bóvedas de acero”, “Tú, el inmortal”, ya que en los años en que se publicaron esos libros, hablamos de 2003, había un hueco bastante importante del canon de la ciencia- ficción que estaba descatalogado, y muchas editoriales, como la mía, se dedicaron a llenar ese hueco, es decir, a volver a poner en catálogo títulos de calidad contrastada y que era muy difícil encontrar en librerías.

Ésta es la premisa a la que obedece la recuperación de ciertos autores. Ten en cuenta que como nuevo editor, aunque el mercado del fantástico es un poco extraño, con autores que pueden vender mucho pero que no se encuentran en catálogo, lo normal no es empezar publicando autores consagrados, porque si venden ya los está publicando alguien, de tal manera que hay que buscar autores nuevos que acaben siendo, en el futuro, autores consagrados. Esto es lo que he estado haciendo durante cinco años: testear el mercado, no solamente en sus condiciones generales ya descritas, sino también a la búsqueda de esos autores con los que simpatiza el público. Por supuesto, la primera apuesta es ver cómo juega mi propio criterio de mercado; no soy tan ingenuo para pensar que a los lectores les va a gustar automáticamente lo mismo que me gusta a mí, ni tampoco tan cínico como para pensar que es imposible, pero sí lo suficientemente racional para saber que, si mi criterio da dinero en el mercado, es una información a ser tenida en cuenta. Pero hay que comprobarlo. A mí me dan cierta lástima, y conste que no lo digo con ánimo peyorativo sino simplemente porque yo no lo haría, los editores que están adivinando contra su propio criterio: si te interesa algo y crees que es bueno, debes sacarlo asumiendo riesgos y probando. Esto no significa, por tratarse de una postura totalmente irracional, que debas publicar siempre sólo lo que te interesa a pesar de las alertas del mercado.

Fantasymundo: Esto es lo que tú definiste en una entrevista como la inflexibilidad. Te leo lo que dijiste: “El editor es un seleccionador de material que debe ser inflexible en sus criterios para ofrecer una publicación con personalidad”. ¿Era esto a lo que estabas refiriéndote?

L. G. P: Pues supongo que sí, aunque ahora lo diría en términos menos duros, porque antes era más joven y más revolucionario, pero mantengo el mismo criterio: uno tiene que ofrecer al mercado su personalidad; si vendes, bien, si no, haces ajustes. Tuve la inmensa suerte de haberme encontrado, desde el principio, con un autor como Sapkowski, que conjuga el ser brillante con el ser extremadamente comercial. Es muy importante haber encontrado unos libros como los suyos que se venden constantemente, porque eso ha permitido financiar los riesgos en los que incurría en la exploración del mercado. Dicho lo cual, mi tendencia es a dar por concluida la exploración de mercado, es decir, a consolidar. Ya han pasado los suficientes años como para haber reunido una información fiable, de la que he concluido que el mercado se ha ido estrechando durante los últimos dos años, lo que me empuja, por lo tanto, a una postura actual más conservadora. ¡Por fin, después de cinco años comprobando lo que sale y no sale, tengo ahora mis propios autores consagrados!

Fantasymundo: Ahora que hablamos de Andrzej Sapkowski, la gran pregunta, ¿cómo le descubriste?

L. G. P: Todo el mérito es de su traductor, José María Faraldo, cuyo extraordinario trabajo es reconocido unánimemente por su implicación y por los problemas en los que se ha metido, insólitos en un traductor de fantástico. Fue el propio Faraldo quien estuvo en el origen de que nos llamara la atención Sapkowski: cuando trabajaba en Artífex junto con Julián Díez decidí profesionalizarme y, para ello, le pedí consejo. Julián, un tipo magnífico siempre lleno de ideas, me dijo, entre otras muchas cosas, “apunta el nombre de Sapkowski”: Julián acababa de estar en Berlín recientemente, donde residen Faraldo y su esposa polaca. José María es un historiador con amplia experiencia en distintos países europeos, principalmente eslavos, y también es un gran aficionado a la ciencia ficción y fantasía; resulta que, por aquellos días, hablo de 2001, acababa de salir en Alemania El último deseo, libro que había caído en manos de Faraldo, quien no pudo evitar recomendárselo a Julián de la siguiente forma: “Este polaco vende mucho”. Julián se volvió con esa información.

De hecho, a modo de broma interna, añadiré que, antes de darme a mí ese nombre, se lo había dado previamente a la editorial de la saga “Canción de hielo y fuego”, cuyo nombre no mencionaré (risas). Hubiera sido bonito ver esa historia alternativa en la que Gigamesh publica a la vez a George R. R. Martin y a Andrzej Sapkowski. Afortunadamente, en su momento, publicar a un polaco era una idea extraña; creo, además, que jugó a mi favor la pésima traducción que se hizo al alemán de sus libros, razón por la cual pocas editoriales se habían interesado por él ya que, si mi competencia hacía unos informes de lectura de Sapkowski, indudablemente los harían de la versión alemana, más cercana a nosotros, aunque fuera de forma marginal, antes que de cualquiera de las eslavas. Como la traducción era una basura, nadie se enteró de su enorme calidad. Yo, por el contrario, estaba en una posición estupenda para arriesgarme, porque no tenía nada que perder ya que no tenía (aún) editorial, tenía muy claro lo que iba a sacar y que mi catálogo no iba a ser precisamente comercial, por lo que decidí lanzarme y probar con ese polaco que vendía millones de ejemplares.

Ayudó a que le publicara el hecho de que los dos primeros libros fueran de lectura independiente, lo cual reducía los riesgos y no me comprometía a nada: si resultaba, resultaba y si no, tampoco pasaba nada. Ésa fue la sencilla historia de cómo saqué a Andrzej Sapkowski. Mientras, entre que me alertaron de su existencia y compré los derechos, pasó un cierto tiempo en el que conocí a Faraldo quien me pidió traducir los libros. Naturalmente, acepté: Faraldo era la persona adecuada para traducirlo, pues gracias a él lo había conocido y, encima, estaba inmerso en la cultura polaca… y española, como descubrí luego, porque como historiador especialista en folclore de Castilla, ha llevado esos impagables conocimientos a su traducción. En resumen, si publiqué a Sapkowski es porque tenía amigos que tenían amigos y porque no me arredré a la hora de publicar a un autor polaco que era absolutamente exótico.

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