“Reina roja”, “Loba negra”, a las que hay que añadir “El paciente” y “Cicatriz”, plantean el camino hacia “Rey blanco”, la última jugada literaria de Juan Gómez-Jurado con Antonia Scott y Jon Gutiérrez como protagonistas… y una sombra acechando, escondida bajo un misterioso nombre. La última entrega de la serie de Gómez-Jurado en Ediciones B llega a tiempo para acechar las librerías españolas, como un poderoso tiburón blanco, en fechas navideñas. ¿Conseguirá cumplir las expectativas?

El argumento:

ESPERO QUE NO TE HA YAS OLVIDADO DE MÍ. ¿JUGAMOS?
Cuando Antonia Scott recibe este mensaje, sabe muy bien quién se lo envía. También sabe que ese juego es casi imposible de ganar. Pero a Antonia no le gusta perder.

Después de todo este tiempo huyendo, la realidad ha acabado alcanzándola. Antonia es cinturón negro en mentirse a sí misma, pero ahora tiene claro que si pierde esta batalla, las habrá perdido todas.

-La reina es la figura más poderosa del tablero -dice el Rey Blanco-. Pero por poderosa que sea una pieza de ajedrez, nunca debe olvidar que hay una mano que la mueve.

-Eso ya lo veremos-, responde Antonia.

EL FINAL ES SOLO EL PRINCIPIO.

Es complicado hablar de “Rey blanco” sin caer en la tentación de los spoilers así que no voy a detenerme en detalles de su argumento. Cada par de ojos u oídos lectores debe descubrir los giros y las sorpresas que Juan Gómez-Jurado ha ido dejando en las 528 páginas de “Rey blanco”. La novela tiene un ritmo vertiginoso y eso juega a su favor. Pasas páginas y páginas sin dejar de leer, dejándote llevar por una serie de giros frenéticos, rápidos, encauzados hacia una solución final que resuelva la intriga del Rey Blanco.

“Rey blanco” es, sin duda, la mejor entrega de la serie. Todo en él parece medido: desde la duración de los capítulos, hasta el tamaño de letra o el número de líneas por página.
Y los esfuerzos van dirigidos en una misma dirección: seguir leyendo.
Ser un best seller o intentar construir uno tampoco debe resultar sencillo, hay cierto arte en la cantidad de elementos en juego para conseguir un producto atractivo de cara a tantos tipos de lector diferente, un truco relacionado con la aparente sencillez. Y en eso, Juan Gómez-Jurado es un experto. No hay un derroche narrativo, ni nada demasiado alejado de lo ya visto en la serie, pero consigue que no dejes de leer y, al final, te llevas unas horas de correcto entretenimiento. Y no es poca cosa.

“Rey blanco” es el mejor título de la serie, el que mejor juega sus cartas durante su duración. Thriller, best seller, sencillez y un modo de acercar la lectura a mucha gente, disfrazado de fenómeno editorial.

Es cierto que “Rey blanco” no incluye demasiados elementos que le hagan destacar frente al resto de títulos de la serie, pero su vocación es la de dar un final a la historia. Se focaliza, desde su inicio, en continuar el camino que dejó abierto el final de “Loba negra” y rápidamente nos invade un frenesí de acontecimientos, unas relaciones que nos llevan a “Reina roja” (pasando muy de puntillas sobre lo ocurrido en “Loba negra”). La unión entre el primer y tercer capítulo de la serie (¿o entre el tercer y quinto?) intenta cerrar un círculo, con un estilo vertiginoso que puede recordar a “Jungla de cristal: La venganza” (1995) y una cuenta atrás imposible de detener.

No se puede ahondar mucho en los personajes sin entrar en spoilers pero la mayor parte del protagonismo recae sobre ese rey blanco del título y parte de sus motivaciones para hacer lo que hace, encerrando a Antonia Scott en un callejón con muy pocas salidas.
Y, ¿hay final? 
Si, claro, hay un final. Quizás hay un truco parecido al que el guionista Steven Moffat utiliza en la versión de “Sherlock” interpretada por Benedict Cumberbatch, y hay un exceso de presunción, debido a la publicidad, de un tremendo y anticipadísmo giro final que vuele nuestras cabezas lectoras. No llega a tanto, es un final normal pero si que hay un cierre. Un punto final o un punto y seguido, según se quiera ver. No es el final redondo y cerrado que muchos podríamos pensar, a tenor de su campaña de publicidad, pero cumple su función.

En definitiva:

Es muy difícil vender 50 ediciones de un libro (como “Reina roja”) o crear una serie literaria que se mantenga tres años en las listas de más vendidos. “Rey blanco” viene a seguir esa estela y no se disfraza de nada en ningún momento. Un thriller resultón, un excelente best seller capaz de llegar a una enorme cantidad de lectores de diferentes pelajes y una perfecta maquinaria de marketing. Todo eso tiene su mérito, sin duda. Además, “Rey blanco” es el mejor título de la serie, el que mejor juega sus cartas durante su duración y el que está mejor escrito, combinando la sencillez con un ritmo altísimo. Quizás el final decepcione un poco (ay, las expectativas…) y no es un libro para cambiar de parecer con respecto a la serie o al autor. Thriller, best seller, sencillez y un modo de acercar la lectura a mucha gente, disfrazado de fenómeno editorial.
No se le puede pedir más.

 

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