Hace unas semanas se emitía el último capítulo de la cuarta temporada de “Sherlock”, dejando a sus fans con los brazos en jarras a la espera de una posible quinta temporada. Y es que el carisma de sus protagonistas, unido a su original formato y a un suspense construido de forma magistral la colocan como una de las mejores series detectivescas del panorama actual.

Sherlock (4º temporada, 2017): una autopsia

Pero ya desde 2014, cuando se emitía la tercera temporada, comenzaban a escucharse comentarios decepcionados: ¿la calidad de “Sherlock” había decaído? Dos largos años de desarrollo después, los directores Mark Gatiss y Steven Moffat estaban dispuestos a demostrarnos que su particular versión de Sherlock Holmes sigue siendo el mejor detective de la ficción televisiva.

La pregunta es, ¿lo habrán conseguido? La respuesta no resulta tan elemental, y hemos necesitado a dos redactoras para analizar todas las pistas. Aunque quizá las conclusiones no sean las mismas.

Historia y formato:

Patricia: Antes de meternos en la historia que nos ha contado esta nueva temporada, creo que sería buena idea recordar el especial de navidad que pudimos ver en enero de 2016, recién estrenado el año. Aquel episodio, “La novia abominable”, era una historia un tanto onírica ambientada en el Londres victoriano y, por momentos, en la actualidad. Era un puente entre la tercera y la cuarta temporada, que al final introducía al menos dos elementos con un peso importante en este trío de episodios: el abuso que Sherlock hace de las drogas y la amenaza de la vuelta de Moriarty. El último va a estar presente a lo largo de toda la temporada, y el primero será muy importante en el segundo episodio.

Sherlock (4º temporada, 2017): una autopsia

Pero bueno, lo que vamos a analizar es la cuarta temporada, así que: ¿de qué va “Sherlock” esta vez? No sé Cristina qué opinarás, pero, al menos a mí, toda la temporada en general me ha parecido casi más una serie de espías que una de detectives. La primera, a su manera exagerada, es del estilo de las novela de LeCarré; la segunda tiene una conspiración en torno a un multimillonario antagonista; y la tercera es una inverosímil historia al más puro estilo jamesbondiano. No sólo eso: uno de los temas de fondo más presentes es la confianza entre los personajes principales, y otro con aún más presencia son los secretos personales y los de familia. Los dos son temas muy habituales en las novelas típicas de espionaje. Además, Mycroft, un maestro de espías, está muy presente en los tres episodios: ¡y hasta vemos a Sherlock disfrazarse! Algo que va con el personaje, pero que no ocurre a menudo en las adaptaciones (no al menos en las que yo conozco).

Cristina: Es cierto que la cuarta temporada difiere sustancialmente de las tres primeras, alejándose del clásico esquema de presentación y resolución de casos. El primer capítulo sí que se centra más en el espionaje, y el tercero también encajaría un poco en esta línea. Quizá el segundo, que a mi entender supera a los otros dos, es el que recupera más la esencia de lo que ha sido “Sherlock” hasta la fecha, con un villano deliciosamente retorcido y (aparentemente) a la altura.  
 
Sherlock (4º temporada, 2017): una autopsia

Otra diferencia fundamental es la importancia que se le da en esta temporada a los lazos, tanto familiares como amistosos, donde la confianza ocupa un lugar fundamental, como bien ha señalado Patricia. Una apuesta arriesgada que, en mi opinión, ha perjudicado más que beneficiado al desarrollo de la serie. Pero ya entraré en detalle más adelante.

La cuarta temporada conserva (y hace muy buen uso) de ese formato tan particular donde los flashbacks y las historias paralelas confluyen para dar sentido al final de cada capítulo. Y, aprovechándose de ello, imbuyen cada capítulo de la presencia de un gran enemigo final, como ya hicieron con Moriarty en las dos primeras temporadas.

Asimismo seguimos pudiendo disfrutar de ese humor negro y cínico al que “Sherlock” nos tiene tan enganchados, y que le da su toque personal.

Sin embargo, a mi parecer trama y guion no están a la altura. Exceptuando el segundo capítulo, los giros de la historia se retuercen una y otra vez de forma innecesaria. El capítulo uno me resulta forzado, como si su final fuese un mero instrumento para desencadenar el resto de la trama. Y el tercer capítulo es tan absurdamente surrealista que no hay por dónde cogerlo, incluyendo un final metido, se mire por donde se mire, con calzador.

Además el esquema (ALERTA SPOILER) del supervillano que haya desencadenado todo lo que pasó en las tres primeras temporadas anula de forma automática cualquier mérito para los otros rivales de Sherlock Holmes (FIN SPOILER). ¡Pero si Moriarty es el archienemigo del detective londinense de toda la vida! ¡No pueden desprestigiarlo de esa forma! Indignada me hallo.

Con todo lo dicho pareciera que me estoy cebando con “Sherlock”, pero nada más lejos de la realidad. Sigo considerándola una serie digna de ver, si bien sería subjetivo negar que su calidad no es la que era.

Patricia: Estoy de acuerdo en que el final del primer capítulo lo estropea un poco. Estaba claro que necesitaban introducir el tema para construir el conflicto del segundo episodio: pero podrían haberlo hecho de una manera más natural. También es cierto que la inclusión de los lazos familiares como recurso en el argumento hace tambalearse a la serie un poco: a mi manera de ver, Gatiss y Moffat no se desenvuelven bien en el drama, y menos en el drama de relaciones, que a mi juicio fue lo que convirtió la tercera temporada en un pastel en vez de una serie de detectives.

Creo que estamos de acuerdo en que el segundo es el mejor de la temporada, y puede que de toda la serie. Pero quiero romper una lanza en favor del tercer episodio: es cierto que es todo muy surrealista, difícil de creer: pero también lo es toda la trama del segundo episodio, mucho más detectivesco. Por otro lado, tampoco creo que el tercer episodio invalide el papel de Moriarty como archienemigo en las dos primeras temporadas: simplemente añade otra motivación a su comportamiento, no la sustituye. En general, con todos sus defectos, el tercer episodio me sigue pareciendo una buena historia, aunque sea barroca. Quizá sea una cuestión de gustos.

Volviendo a una visión general de la temporada, me gustaría comentar también que mantiene un buen nivel en general: las tres historias son interesantes, están contadas con ritmo y tienen cierta coherencia como conjunto. Hay unos temas comunes a las tres, y eso se agradece. Esto es un mérito del guion, pero también de la realización, que está muy en la línea de las dos primeras temporadas.
*

Personajes:

Cristina: Atendiendo a sus personajes, “Sherlock” puede presumir de elenco carismático. No hace falta recordar la gran labor interpretativa de los actores, que tan bien encarnan esa pizca de locura británica. Ya ateniéndonos a la cuarta temporada, cabe destacar las míticas apariciones de la señora Hudson (Una Stubbs), sobre todo en el segundo capítulo; además de la genial encarnación del villano Culverton Smith por parte de Toby Jones. En ocasiones llega a ser verdaderamente creepy.

Sherlock (4º temporada, 2017): una autopsia

Una de las razones por las que la serie funciona tan bien es la intensa química entre Sherlock Holmes (Benedict Cumberbatch) y el doctor Watson (Martin Freeman). Química que en esta temporada han querido poner a prueba llevando su relación hasta sus límites. Y vaya si lo han conseguido. He sufrido lo mío llegando a pensar que su atípica amistad había llegado a su fin.

Claro que no solo han explotado el vínculo de los protagonistas, sino que han explorado el lado más emocional de los principales personajes, entre ellos Molly (Louise Brealey), Mycroft (Mark Gatiss), Watson y el mismo Sherlock. Entiendo que en cualquier obra que se precie los personajes deben evolucionar, pero ¿de forma tan gráfica? A Sherlock no le pega nada ese estallido emocional. Es un sociópata que no entiende las relaciones humanas ¿a qué viene querer convertirlo en simple mortal? Su frialdad y objetividad absoluta es gran parte de su encanto. Y, al menos para mí, tanta humanidad de forma tan súbita no me resulta creíble, descontando que rompe la magia rebajando a Sherlock a la categoría de humano con sentimientos (que sí, que ya sabemos que en el fondo tiene su pequeño corazoncito), pero que siga siendo en el fondo, por favor.

Patricia: Es cierto. Sherlock es extrañamente emocional durante toda la temporada, sobre todo en el tercer episodio. Me gustaría pensar que es porque, esta vez, las historias están trastocando su zona de confort. Sherlock no tiene muchos amigos, pero como ya se vio anteriormente, es capaz de mostrarse muy emocional cuando son expuestos a un peligro o cuando lo que está en riesgo es su relación con ellos.

Como soy incapaz de explicar mi punto de vista destripar detalles de la trama, aviso de que en el siguiente párrafo encontraréis SPOILERS.

En el caso del primer episodio, creo que se podría decir que Sherlock busca estabilidad, y por eso hace todo lo que está en su mano para arreglar el asunto entre Mary y John, además de intentar proteger a Mary y resolver el enigma. En el segundo episodio, está obsesionado con proteger a Watson, quizá por un sentimiento de culpa, pero también porque lo necesita. En el tercer episodio, se puede achacar todo su comportamiento tanto al shock de descubrir un secreto familiar desconocido (lo que le saca de quicio), como por el trauma que puede estar resurgiendo en su subconsciente durante dicho episodio (y que puede que le llevase finalmente a su psicopatía). Hasta los psicópatas son capaces de sentir, puede que no empatía, pero sí sentimientos y ataduras hacia personas y objetos que considera necesarios para sí mismos. Así que se puede justificar el tratamiento del personaje por esa vía, además de la de su evolución propiamente dicha.

En cuanto a los actores, como siempre, Cumberbatch está en su salsa, igual que Freeman, que para mí sigue siendo una gran motivación para ver la serie. Pero esta temporada me gustaría remarcar sobre todo a dos secundarios: Una Stubbs aparece brevemente, pero le da una fuerza a la señora Hudson con la que podría derribar jugadores de rugby; y Mark Gatiss, que hasta el momento me parecía bastante flojo, esta temporada ha conseguido que me importe Mycroft como persona (y que prefiera que actúe a que escriba).

Sherlock (4º temporada, 2017): una autopsia

Cristina: Sabemos que Sherlock, a su particular manera, se preocupa y quiere a las personas de su círculo. Y que, dadas las circunstancias, sus sentimientos son perfectamente normales… no así su forma de expresarlos, porque su personaje no es emocional. Hay que ser realistas. Sherlock es un auténtico capullo, y eso es parte de su sex appeal. Ya en anteriores ocasiones lo vimos proteger a Mary, a Watson o a la señora Hudson, pero de una forma en la que continuaba pareciendo el capullo que es, como en el segundo capítulo. Lo de personaje protector no le va nada, y menos siendo un cambio tan rotundo. Para mí ha sido uno de los grandes fallos de la temporada.

Solo me resta añadir que coincido plenamente con el desarrollo de Mycroft. En lo personal siempre me ha gustado el personaje, y por fin se le ha dado la oportunidad de lucirse.
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Apartado técnico:

Patricia: “Sherlock” no sólo es una serie británica, y de la BBC, nada menos: es una serie de perfil alto de esta cadena. Está bien hecha, tanto que podría decirse que cada episodio es una película. La realización es siempre correcta o incluso ingeniosa, ya que, como ocurría en temporadas anteriores, aprovecha recursos visuales muy modernos para enseñarnos todo tipo de detalles de los escenarios, de las propias escenas (como los mensajes del móvil), los puntos de vista de cada personaje y sus pensamientos. La fotografía, la escenografía y el vestuario son más que adecuados: aunque la BBC no cuenta con el presupuesto de algunas series americanas en estos departamentos, sabe aprovechar muy bien sus recursos y los recursos del entorno para vestir sus historias. Y la banda sonora, por sí sola de calidad, aparece cuando se la necesita: ni se abusa de ella ni se echa en falta.

Cristina: “Sherlock” es una serie británica. Y con esto debería estar todo dicho. Su apartado técnico es impecable. La caracterización, la fotografía, la iluminación, la realización… todo está cuidado hasta el más mínimo detalle para sumergirnos en una atmósfera misteriosa y oscura. La banda sonora es digna de aplauso, sobre todo en esos momentos más humorísticos donde suena la ya mitiquísima “The game is on” (menos veces de las que desearía en esta última temporada).

No hay nada que objetar sobre el aspecto técnico, en gran medida responsable de que la serie se haya convertido en un rotundo éxito.

Patricia: Completamente de acuerdo.

Resumen/Conclusión:

Cristina: La cuarta temporada de “Sherlock” no está a la altura de las dos primeras, es innegable. El drama no la favorece, y algunos momentos en la trama están muy forzados. Me ha faltado más humor, más cinismo, más “The game is on”.

Pero tranquilos, no hace falta ponerse a llorar. Los seriéfilos tendemos a ofuscarnos cuando nos cambian nuestras series de rumbo, porque ¡ojo! Nuestras series no se tocan. Y en ocasiones no tenemos en cuenta que toda obra debe evolucionar, porque de lo contrario termina aburriendo. Quizá una vertiente tan dramática no haya sido la mejor de las decisiones, pero el mismo equipo se dará cuenta de ello, y afinará. Esperemos.

Aún con todo, “Sherlock” sigue siendo digna de ver. En mi opinión ha remontado un poco con respecto a la tercera temporada; continúa haciéndome reír y sufrir, y mantiene casi todos los elementos que la alzan al podio ya no de las series detectivescas, sino de todas las producciones televisivas actuales.

No se le puede pedir la perfección absoluta; nos basta con que siga siendo la Sherlock Holmes de las series.

Caso resuelto.

Patricia: A mí, sin embargo, me ha parecido mejor temporada que la segunda. Es cierto que no es tan cínica y tan cómica, pero para mí es un cambio natural, aunque no esté del todo bien rematado. La calidad es más constante que la de la segunda temporada, y cuenta con, en mi opinión, el mejor capítulo de toda la serie (el segundo). Los personajes han pasado por una serie de vivencias y se deja notar, aunque es cierto que Sherlock podría ser un poco menos sensible. El cambio de género hacia un suspense más dramático en mi opinión es refrescante y evita que la franquicia se queme. El drama, que fue lo que hizo estrellarse a la tercera temporada, necesita pulirse mucho, y también chirría incorporar elementos de última hora, como los susodichos secretos familiares. Pero a cada cual lo suyo: han intentado contar algo nuevo, y eso lo valoro. En cuanto al elemento cómico, al menos para mí hace buen papel aligerando el tono y evitando que el drama se salga de madre: hacer la comedia más prominente creo que podría acabar convirtiendo el drama en una parodia.

En general, creo que ha sido una buena temporada, con fallos, pero mejor que muchas series de suspense en la parrilla televisiva.

Ciencia ficción, fantasía, suspense, misterio, aventuras... En cualquier formato y en cualquier lugar. Redactora de Cine y TV, con ocasionales incursiones en otras secciones, aspiro a ser bibliotecaria: porque los bibliotecarios molan. Los arqueólogos también, pero me gusta más el papel.

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