Tras una primera entrega que pasó sin pena ni gloria por la pasada generación, id Software y Avalanche Studios han aunado fuerzas para dar forma a Rage 2. Esta segunda entrega llega en un momento en el que los sandbox están poniendo toda la carne en el asador para ofrecer experiencias nuevas a los jugadores o, al menos, sorprenderlos en la medida de lo posible.

Rage 2 debe competir con propuestas como Far Cry: New Dawn o Metro: Exodus, dos sandbox de lanzamiento reciente que ofrecen una propuesta divertida y relativamente parecida a la que nos plantea este nuevo proyecto de Bethesda.

A nivel argumental, Rage 2 abandona el tono serie de su primera parte para plantarnos en un mundo en el que La Autoridad —la fuerza militar antagonista del juego— ha atacado y arrasado Vineland, la fortaleza en la que vive nuestra protagonista. Tras sobrevivir al ataque, nos vemos inmensos en un viaje que nos lleva a recorrer distintos puntos de la región para reactivar el Proyecto Daga, la única manera para derrotar a La Autoridad.

Una vez que empezamos a completar misiones, comprobaremos que la historia está repleta de situaciones absurdas y alocadas que intentan acercarse a lo que hemos visto en Borderlands estos últimos años. Lo cierto es que este cambio ha sentado muy bien a Rage 2, sobre todo teniendo en cuenta que, cuando Avalanche ha intentado desarrollar historias serias y dramáticas, ha fracasado estrepitosamente. Decantarse por el humor absurdo garantiza que, aunque no nos tomemos la trama en serio en ningún momento, al menos nos saque más de una sonrisa antes de acabarla.

Como todo sandbox actual, Rage 2 nos ofrece una serie de misiones principales que podemos completar en unas ocho horas y decenas de misiones secundarias con las que se busca ampliar la duración del título. El problema es que, aunque las misiones principales son variadas y bastante divertidas, las secundarias son terriblemente repetitivas. La mayor parte del tiempo la pasaremos explorando el mapa en busca de nuevas zonas en las que completar misiones secundarias que, en su mayoría, se resumen en limpiar la zona de enemigos y poco más. Esto no tendría por qué ser un problema, sobre todo porque Rage 2 cuenta con un gunplay impecable del que hablaremos más adelante. El problema está en que, para que el juego de la zona como completada, tendremos que encontrar una serie de cajas de suministros que están escondidas en ese mapa.

Seremos claros: añadir las cajas de suministros ha sido el mayor error de todo el juego. Llegar a una nueva zona secundaria supone disparar a enemigos durante un par de minutos y pasarnos otros 15 buscando las cajas que los desarrolladores se han encargado de esconder a conciencia. Cuando por fin las encontremos todas, subiremos a nuestro vehículo, conduciremos unos segundos antes de llegar a la siguiente zona en la que volveremos a disparar durante un par de minutos antes de pasar otro cuarto de hora buscando más cajas.

Después de un par de horas de juego, nosotros decidimos obviar por completo la búsqueda de los suministros, aunque eso supusiera dejar incompletas las decenas de zonas secundarias que dan forma al mundo de Rage 2. Vernos obligados a dejar incompleta la tarea más habitual que propone el juego por puro aburrimiento, demuestra claramente que los desarrolladores la incluyeron únicamente para alargar artificialmente la duración del juego, independientemente de que la tarea no fuera divertida es absoluto.

Dejando a un lado los problemas de diseño en las misiones secundarias, lo cierto es que el juego hace muchas cosas bien. Para empezar, como decíamos anteriormente, el gunplay está muy bien medido. Se nota que los padres de Doom y Wolfestein han hecho todo lo posible por crear tiroteos frenéticos en los que no podamos estar ni un segundo quietos. El juego hace uso de un sistema de armas únicas idéntico al de Doom o Wolfestein, es decir, en lugar de recoger las armas de los enemigos, tendremos que ir encontrando nuestras propias armas, que mantendremos en nuestro inventario durante el resto del juego. Esto supone, por un lado, que tardaremos más en encontrar las armas más poderosas del juego, pero, por otro, podremos mejorar nuestro arsenal poco a poco para adaptarlo a nuestro estilo de juego. Además, el sistema de apuntado y disparo se siente muy preciso

El juego tampoco cuenta con regeneración de vida automática, por lo que tendremos que recoger unos cristales que sueltan los enemigos al morir y que desaparecen pocos segundos después si no los recogemos. Así, la desarrolladora se asegura de que nos mantengamos todo el tiempo en movimiento y manteniendo el frenetismo de los combates hasta el final.

Para aumentar aún más esa sensación de rapidez constante en los tiroteos, podremos ir mejorando una serie de habilidades que nos premiarán al atacar en distancias cortas. Ondas de fuerza, esquivas rápidas o sobrecargas que aumentan nuestro daño son solo algunas de las habilidades que podremos ir desbloqueando a lo largo del juego y que, al igual que ocurre con el resto de elementos de combate, nos invitan a no parar de movernos de un lugar a otro.

Cuando no estemos disparando —o buscando cajas de suministros— la mayor parte del tiempo la pasaremos conduciendo. Como si de Mad Max se tratase, Rage 2 nos ofrece una gran cantidad de vehículos que podremos ir desbloqueando de diversas formas para desplazarnos por el mapa. Algunos de estos vehículos tienen armas, otros son tremendamente rápidos y otros, directamente, nos permiten volar para llegar rápidamente a las siguientes misiones. Cada vehículo se nota distinto durante la conducción y, aunque el sistema de frenado no termina de funciona con ningún vehículo, hay grandes diferencias entre conducir una moto y un todoterreno armado con misiles anti blindaje. Eso sí, conducir es muy divertido con todos los vehículos.

Las armas, vehículos y habilidades tienen una cosa en común: todas pueden mejorarse usando materiales. A lo largo de la aventura iremos recogiendo todo tipo de materiales que tendremos que usar con cabeza para mejorar lo que más falta nos haga en cada momento. Así, podremos optar por mejorar el daño que hacemos con nuestra escopeta, aumentar el radio de impacto de las granadas o la distancia recorrida con el doble salto o mejorar el blindaje de nuestros vehículos. Conseguir los materiales es complicado, por lo que tendremos que medir muy bien qué mejora nos conviene más en cada momento.

A nivel técnico, Rage 2 luce impresionante. El mapa está lleno de recovecos y secretos por explorar e invita a perderse y abandonar la misión principal para pasar horas disparando a todo aquel que se cruce en nuestro camino.

Los tiroteos son fluidos, rápidos e intensos e incluso en los momentos de mayor carga técnica, los fps se mantienen estables para ofrecer la mejor experiencia posible. Donde no podemos decir lo mismo es en los menús. Por algún extraño motivo, moverse entre menús supone sufrir largos tiempos de carga y tirones que afean el resultado final del juego. En Rage 2 es muy importante moverse entre menús cada poco tiempo, y pasar de estar en un tiroteo frenético a un menú que va a tirones estropea la experiencia de juego.

En lo que respecta al apartado sonoro, el juego cuenta con un completo doblaje al castellano que cuenta con actores de renombre. Además, la banda sonora está repleta de temas que encajan a la perfección con este estilo postapocalíptico pero humorístico que destila Rage 2. Un acierto.

Conclusión

Rage 2 es mejor que su primera parte. Los tiroteos, la conducción y el desarrollo de habilidades están mucho más cuidados y son más profundos que lo que vimos hace unos años en PlayStation 3 y Xbox 360. Sin embargo, el juego empuja demasiado al jugador a completar unas misiones secundarias que se apoyan en el recurso egoísta de hacer buscar continuamente objetos ocultos para alargar artificialmente la vida del producto. Dejando a un lado ese problema, Rage 2 es un shooter altamente disfrutable.

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