En noviembre llegábamos al séptimo tomo de “Last Game”, de Shinobu Amano, un shojo ligero publicado mensualmente por Norma Editorial. Si aún no lo conocéis y no queréis spoilearos, podéis leer la reseña de los dos primeros tomos, en la que os cuento de qué va el manga.

Como recordaréis, el final del 6º volumen nos dejó con un cliffhanger que nos mantuvo en vilo todo el mes, y es que ¡Kei se declaró a Kujo!

Ya es en el 7º tomo cuando sabemos cómo reacciona ella, aunque era de esperar: su confusión y preocupación la obnubilan de tal forma que es incapaz de comportarse normalmente, ni con Kei ni con Yanagi, a quienes se pasará todo el tomo evitando. Y, mientras ella se debate con sus propios sentimientos, Yanagi se da cuenta de que su actitud de sobrado no lo lleva a ninguna parte, y por fin da un paso adelante… lo que pone todavía más presión en Kujo.

Arrinconada como está, la chica no tendrá más remedio que reflexionar sobre lo que siente. Con ayuda de sus amigas, especialmente de Tachibana, llegará a una conclusión que definirá la dirección de los últimos tomos de “Last Game”.

Así, nos encontramos ante un volumen centrado en Kujo, en sus sentimientos, miedos y preocupaciones. Y aunque en un principio puede parecer que exagera, una vez conozcamos parte de su pasado la comprenderemos mucho mejor, llegando a conectar más con ella.

Los chicos también tendrán su momento para hablar, desvelándonos como se sienten el uno respecto al otro.

Una de las cosas más curiosas de “Last Game” es que, al contrario que en la mayoría de los shojos, los rivales amorosos forman parte del grupo de amigos. Y encima (sobre todo en el caso de Kei) son buenas personas, por lo que el lector acabará sufriendo también por ellos.

Sorprende a su vez la relevancia que ha adquirido Tachibana en la historia, como apoyo e impulso tanto de Kei como de Kujo, cuando al principio parecía una rival pérfida estándar.

Este shojo logra, así, sorprender con estos pequeños detalles que aportan mucha personalidad a su historia. Una historia ligera, divertida y tierna, con el toque justo de drama que, aun cumpliendo algunos de los tópicos del género, se desmarca con el carisma de sus personajes.

Un elenco que se deja querer y que, aunque peca un poco de girar en torno a los dos protagonistas, tiene encanto propio.

Pero, como todo shojo, la fuerza de “Last Game” recae en Kujo y Yanagi, a los que cada vez conocemos y comprendemos más. La personalidad abierta, sociable y un poco tontorrona de él contrasta con la tranquilidad, timidez y torpeza emocional de ella, creando una química magnética que engancha muchísimo. Y es que estoy deseando en cada página que se confiesen y se quieran de una vez. Espero que no falte mucho.

Gran parte del atractivo de los personajes recae en su diseño. El estilo de Shinobu Amano, de shojo clásico, es estilizado, elegante y limpio, centrado en los personajes, a los que sabe dotar de muchísima expresividad. Sus escenas más intensas son simplemente preciosas, optando por “chibitizar” a su elenco en los momentos cómicos.

En definitiva, “Last Game” 7 sigue dando la talla, y aunque en este tomo no hemos tenido tantas escenas románticas, el siguiente augura todo un despliegue de sentimientos. ¿Se declararán finalmente Kujo y Yanagi? ¡Crucemos los dedos para que así sea!

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