HALLOWEEN, HALLOWEEN US 1978 Date 1978. Photo by: Mary Evans/COMPASS INTERNATIONAL PICTURES/FALCON INTERNATIONAL PRODUC/Ronald Grant/Everett Collection(10318256)

El Slasher es un subgénero del cine de terror centrado en la indefensión. Es una de las fórmulas clásicas del terror, lo cual la convierte en un tipo de cine muy explotado. A partir del análisis de varias de sus sagas más conocidas, os ofrezco un análisis de sus cintas más influyentes y de mayor relevancia.

El cine de terror es un género muy extenso al que nunca he tenido ocasión de acercarme. Principalmente por ser un cobarde asustadizo (Qué le vamos a hacer), pero también por lo extenso que es, por mucho que la gente piense que es un género simple.

Cada subgénero intenta explotar distintas facetas del miedo, y aún así cada uno de los ya mencionados es un universo basto de ideas, conceptos y reglas ya establecidas tanto por los creadores como por la audiencia.

Hoy me pongo las gafas de la nostalgia (Aunque en mi caso nostalgia poca) y revisaré varias sagas de uno de los géneros más marcados por el miedo a la indefensión: El Slasher.

Pero antes, un poco de contexto: El Slasher es un subgénero del terror que suele contar una historia de un grupo de adolescentes siendo atacados por un ente maligno, que suele ser un hombre de fuerza sobrehumana y por lo general tapado con una máscara (Aunque ya veremos que esta regla ha ido evolucionando según la época). Este ente comienza a cazar a los distintos integrantes del grupo en un espectáculo de violencia (Lo cual dejaba a los censores estadounidenses una tarea titánica a la hora de censurar). Los personajes son arquetipos, y funcionan como simples víctimas en la mayoría de los casos, teniendo apenas un arco narrativo marcado. Se establece además que siempre hay una “chica final” que huye del villano de turno en una escena de persecución hasta que lo encara y derrota, hecho que sirve de poco porque si la cinta tiene suficiente éxito ya encontrarán los guionistas la forma de resucitar al malo de turno.

El gran atractivo de estas cintas es claro, el gore y el diseño del villano. Con respecto al gore, no hace falta verse muchas películas para saber que el cuello (Tanto si es degollar, como si se trata de arrancar una cabeza) es el objetivo más utilizado. Tampoco sobran empalamientos y mutilaciones varias, lo cual siempre nos da una ración de violencia explícita que a más de uno le quitará las ganas de comerse una hamburguesa al salir del cine.

Con el diseño del villano tenemos un plus y un contra. Por un lado, un villano atractivo e intrigante hace que el público se interese por él, compre merchandaising y quiera una secuela. Sin embargo, el concepto tiende a desgastarse, porque lo atractivo del villano de un Slasher es “No se qué es eso, no se cómo matarlo, va a matarme y no puedo hacer nada”. Una vez le has visto hacer lo mismo en tres películas, ya el personaje deja de asustar. Además, hacer cambios en dicho personaje puede generar rechazo por los fans, porque al fin y al cabo las masas son los críticos más fieros que te puedes encontrar con respecto al fanservice.

El miedo que explota este subgénero es la indefensión. Sentirte superado e impotente al no poder defenderte de un ente que te supera y va masacrando a todos tus amigos. Luego dentro del Slasher podemos encontrar un poco de todo: O bien te asusta la inexpresividad del asesino, su comportamiento, o simplemente no sabes qué está matando a tus colegas en aquella fiesta de pijamas tan chuli que te marcaste.

Todas, o al menos la mayoría de las sagas, intentan establecer un par de elementos icónicos, como si se tratase de Christopher Nolan metiendo graves en “Origen” para generar impacto. Por lo general es el villano, que o bien sorprende por su eficacia a la hora de matar, o bien sorprende por su carisma en algunos casos muy concretos (A veces ocurren las dos cosas). El caso es que no solo es el villano. La música, la temática o incluso una escena pueden convertirse en filones de dinero que explotar para las productoras, hecho que permite que este subgénero sea uno de los más afectados por la secuelitis o los remakes innecesarios. Toda esta maraña de títulos hace que la continuidad genere problemas en la mayoría de las sagas, hecho que tampoco es que importe mucho porque desde el principio del género el objetivo es el mismo, ofrecer sangre (y en ocasiones tetas) al espectador adolescente.

Para hacer este análisis me he visto (En algunos casos varias veces) sagas completas del subgénero, cada una con sus más y con sus menos.

En primer lugar, y siendo una de mis favoritas, Halloween de Carpenter simbolizo la popularización del Slasher como subgénero y dio pie a las principales reglas que caracterizarían al resto de sagas. Michael Myers se establece como arquetipo de asesino de fuerza sobrehumana, inexpresivo y extremadamente sigiloso a pesar de ser un mastodonte de dos metros. Su primer título, protagonizado por Jamie Lee Curtis es un clásico y una de las películas que a día de hoy aguantan el tirón y consiguen generar tensión y suspense, siendo la mejor de toda la saga. A partir de ahí sigue una secuela inferior, pero aún así disfrutable, una tercera parte que no tiene nada que ver y considerada como una entrega spin off no canónica (Curioso para quien le importe el canon de este tipo de películas).

A partir de ahí se suceden dos nuevas películas, una secuela reboot que se situaría 20 años después de la segunda película de Halloween, seguida de otra secuela, un remake dirigido por Rob Zombie (Una de las mejores películas del metalero), junto con su correspondiente secuela (Bastante infame) y por último otra secuela reboot que se situaría 40 años después de la primera película de Halloween. Esta última salió este 2018 y creo que es la mejor aproximación en cuanto a calidad a la película original. Además de la inherente inexpresividad de Michael Myers, la secuencia del título con la calabaza y la melodía característica compuesta por el mismísimo John Carpenter dan pie a una saga que aunque no mantiene el tipo, al menos tiene en su haber varias películas bastante recomendables, aunque todas marcadas con un muy notable discurso pro pena de muerte, ya que la víctima no es capaz de superar el trauma hasta que el asesino muere, que es un psicópata cuya recuperación y posterior reinserción en la sociedad es imposible y siempre acabará por escaparse para organizar su matanza particular. ¿Os habéis mareado con la cronología? Pues preparaos que se avecinan curvas.

La matanza de Texas es otro clásico del Slasher, siendo una de las más recordadas del subgénero, y seguramente responsable en parte de la mala idea que tiene la gente sobre los rednecks texanos (Aunque no se que es peor, si el canibalismo o votar a Trump). Tiene dos elementos característicos, el villano Leatherface, un señor con una motosierra al que le gusta fabricarse máscaras con la piel de sus víctimas, un segurata de lo más servicial, puesto que casi todas las películas tratan del grupo de adolescentes internandose en el territorio de la familia Sawyer, un grupo de rednecks caníbal que tienen como protector al majo de Leatherface. El segundo gran elemento característico es una escena final, donde la “chica final” tiene que asistir a una cena caníbal con toda la familia de locos (Escena muy referenciada incluso en el mundo del videojuego). Tiene en común con Halloween el tener una cronología confusa.

La primera película es cutre, ha envejecido fatal y de hecho apenas genera tensión salvo en momentos concretos. El poco gore que tiene se queda corto en comparación con otras entregas y lo único rescatable realmente es la cena de la familia Sawyer (No la de Tom), que en más de una ocasión ha intentado ser recreada en las siguientes películas sin nada de éxito. A partir de ahí cada secuela funciona como una especie de soft reboot y remake que va desechando conceptos según le apetece pero que no consigue funcionar en ningún momento, haciendo que cada secuela de las aventuras de Leatherface sea peor que la anterior, incluso aunque se añadieran actores carismáticos a la fórmula en más de una ocasión.

Lo curioso es que por eso era la franquicia de terror con los derechos más baratos, siendo carne de remake. El remake de 2003 es una versión actualizada de la película original, mejor en todos los aspectos aunque sin cena incluida por desgracia para los forofos (Nos lo compensa con  el Sargento Hartman haciendo de las suyas). En 2006 llega una secuela del remake que es más de lo mismo pero sin explicar tampoco mucho y no es hasta 2013 que no llega otra secuela reboot de la película original llamada “La matanza de Texas 3D” (Le faltaba Electric Bougaloo para rematar la faena). Para poner la cereza sobre el pastel en 2016 sale una secuela de la película original titulada Leatherface. Solo diré que para entender la cronología me hizo falta hacerme un esquema, porque madre del amor hermoso si no es confusa. En resumen podría decir que a partir del remake de 2003 las películas son títulos con mucho gore y mucho mejores que las anteriores, aun sin ser excepcionales (Menos el remake de 2003, que es para mí la mejor película de la saga).

Mientras en Texas y Haddonfield lidiaban con sus respectivos locos, aparece en Crystal Lake el asesino en serie más célebre del cine, Jason Vorhees. La saga de “Viernes XIII” es con diferencia la que peor ha envejecido, siendo la que más títulos tiene en su cronología (La cual tampoco se salva de ser confusa de narices).

Curiosamente, Jason no aparece en todas las películas, y su primer diseño da mas risa que miedo hasta que en la tercera película de la saga obtiene su máscara de hockey. Por lo general sus películas son malas, no generan tensión y entre la censura de la época y los viejos efectos prácticos el gore se disfruta poco. El concepto de Jason se alarga hasta lo absurdo, pasando de un hombre con severos problemas mentales que mata gente en un campamento a un gusano infernal que cambia de cuerpo hasta llegar al espacio en el futuro para convertirse en un robot. Sus únicas películas rescatables son el crossover que tiene con Freddy Krueger y su remake de 2009, que aunque no hace nada nuevo al menos si nos proporciona una buena cantidad de muertes que por lo general están bastante bien.

Pasando a Krueger llegamos a pesadilla en Elm Street, que empieza siendo un filme de terror basado en un asesino que te mata en sus sueños, continúa por unos vengadores oníricos que ríete tu de Dicaprio en Origen y termina con una cinta que convierte al villano en el actor que le representa, que se ha vuelto loco y comienza a matar a gente. Es una saga con buenas muertes en general, pero que tampoco tiene nada rescatable. Quizás dé algo más de miedo su primera entrega, pero poco más. Cada película me parece que va cayendo en calidad, y de la tanda de remakes de películas de Terror es la que menos favorecida sale, ya que pierde la esencia del personaje al intentar tomarse más en serio, mete giros argumentales que no llevan a ninguna parte y solo aporta alguna mejora a un par de escenas concretas, sin llegar a ser una mejor versión del original como ocurría con “La matanza de Texas”

Pasando a casos mas curiosos, llegamos a una saga de terror que no tengo ni idea de cómo ha conseguido tener tantas secuelas. El muñeco diabólico es una película de terror, que plantea bien la duda de quien es el asesino (Porque no se muestra hasta el final, aunque si es cierto que van dando pistas como por ejemplo EL NOMBRE DE LA PELÍCULA) y consigue generar tensión con un diseño de villano tan característico como ridículo, porque a palabras de todo el mundo, “No hay cosa más pateable que un muñeco”. A partir de la segunda entrega intentan hacer más carismático a Chucky, lo cual funciona en algunas secuelas y en otras no. Destaco la segunda película y “La maldición de Chucky” de 2013, que son las que consiguen dar más carisma al personaje. El resto de películas intentan hacer gracia pero no lo consiguen y dan más vergüenza ajena que otra cosa (Aunque para vergüenza ajena los traumas que tuve de pequeño con las películas de Chucky, que me daban pánico).

Como poco a poco eso de sacar asesinos en serie inmortales dejó de ser rentable, aparecieron películas basadas en un asesino “más convencional” cobrándose una venganza en un plan maquiavélico. Para mi gusto no son nada del otro mundo, aunque tampoco he explorado mucho esta faceta del Slasher, que fue explotada sobretodo durante los noventa. “Se lo que hicisteis el último verano” y “Scream” son bastante recomendables.

Cuando esta variación de la fórmula comenzaba a oler a cuco apareció un retorno al mundo sobrenatural con “Jeepers Creepers”. Una trilogía en la que cada uno de los títulos ha tenido sus más y sus menos.

La primera entrega hace un esfuerzo en desarrollar a dos personajes hermanos en un arco narrativo bien construido, va soltando pistas sobre el villano que poco o nada tiene que ver con el tema de “Radiohead” hasta que éste se descubre como una entidad sobrenatural que mata simplemente para obtener órganos que utiliza en su propio cuerpo. El diseño mola, los personajes molan y la película, aunque tiene un presupuesto muy limitado, también mola.

La segunda parte pierde en calidad narrativa pero gana en sangre al presentar la acción en un autobús escolar. Aunque no genera tanta tensión tiene sus momentos y disponer de mayor presupuesto siempre ayuda a que el “Creeper” se vea mejor (No, este no explota).

La tercera es una mala película. Tiene malos efectos especiales, tramas secundarias que no vienen a cuento, y curiosamente quien se lleva el premio “Pichichi degollador” a más muertes es la furgoneta animada de el “Creeper”, que aunque tiene una camiseta nueva bastante colorida no gana nada más.

Cada una de estas sagas tiene sus más y sus menos, aunque por lo general todas presentan un esquema que se va repitiendo a lo largo del resto de sus entregas. Bien sea un grupo de socorristas en un campamento de verano, un grupo de adolescentes que van teniendo extrañas pesadillas, o una noche de Halloween que acaba en masacre, al final lo que importa es tener la dosis de tensión y sangre (Sobretodo sangre) que nos permita pasar una buena noche con nuestros amigos.

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