DOOM Eternal | Fantasymundo

Hace cuatro años vivimos uno de los reinicios más exitosos de la historia de los videojuegos. Cuando Bethesda desveló que tenia pensando lanzar una nueva entrega de DOOM, fueron muchos lo fans que temieron por los posibles cambios que los desarrolladores podrían aplicar al juego. Sin embargo, cuando llegó a las tiendas, DOOM demostró que seguía estando en lo más alto dentro del género de los shooters en primera persona gracias a su acción frenética y su grandioso gunplay con el que destrozar demonios se convertía en la actividad más divertida del día.

Ahora, cuatro años después, DOOM Eternal llega a las tiendas con la promesa de convertirse en una entrega superior al original en todos los aspectos. Ante la clásica pregunta de: “¿lo habrá conseguido?” os adelantamos que no solo es superior en todo, si no que es uno de los mejores juegos de toda la generación.

DOOM Eternal | Fantasymundo

La matanza llega a la Tierra

Exceptuando DOOM 3, la franquicia nunca se ha caracterizado por incluir una historia con profundidad o personajes clave para la trama. Sin embargo, aunque la trama de DOOM Eternal sigue siendo una mera excusa para ponernos un cañón entre las manos, lo cierto es que id Software ha integrado a la perfección pequeñas cinemáticas, códigos con información y diálogos clave (incluida alguna sorpresa que gustará a los fans) que nos ayudarán a comprender mejor cómo se está desarrollando la invasión del Infierno en la Tierra y el contexto en el que nos encontramos.

Podríamos decir que DOOM Eternal es una reimaginación del DOOM 2 de 1994, con todo lo que ello supone, es decir, los demonios han abandonado su intento de conquistar las lunas de Marte para atacar directamente el planeta Tierra y acabar con su principal amenaza. Por supuesto, la única manera de parar la invasión es con la ayuda de Slayer, que está preparado para desgarrar, desmembrar y destrozar a todo enemigo que se cruce en su camino.

Baile de balas

Pese a que el estudio se ha esforzado en dotar de contexto a DOOM Eternal, lo cierto es que su punto fuerte sigue siendo su frenetismo y su sistema de combate que, además, vamos interiorizando poco a poco mientras jugamos lo que nos permite mejorar como jugadores y afrontar cada combate con nuevas ideas y formulas distintas.

En la práctica, una vez que nos ponemos a los mandos de Slayer nuestro objetivo es explorar los escenarios hasta llegar a una de las muchas salas repletas de enemigos. Es en ese momento cuando DOOM Eternal demuestra todo lo que vale dándonos la oportunidad de movernos sin descanso mientras disparamos a nuestros rivales y vamos utilizando algunas de las mecánicas clave del combate para mantenernos con vida: ejecutar eliminaciones, usar el lanzallamas y la motosierra.

Cuando un enemigo alcanza niveles críticos de salud, el juego nos indica que ha llegado el momento de sacarle el corazón por la boca y, al hacerlo, seremos recompensados con esferas de salud. Si en lugar de eso optamos por cortarlos en trozos con la motosierra, recibiremos un bonus de munición. También tenemos la opción de calcinarlos por completo con el lanzallamas para recuperar armadura, algo fundamental para mantenernos con vida en la mayor parte de los enfrentamientos.

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Dominar estas tres técnicas resulta clave para avanzar y crecer como jugadores. Nuestra primera hora jugando a DOOM Eternal fue caótica, llena de momentos de agobio en los que no teníamos claro a qué estábamos disparando entre salto y salto, pero según fue pasando el tiempo los combates se convirtieron en una autentica danza en la que saltábamos de un enemigo a otro cortando, quemando, desgarrando y, sobre todo, disparando. El juego da la sensación de que cada enemigo colocado en una sala está puesto ahí por una razón concreta y, lo cierto, es que después de completar el juego estamos convencidos de que id Software ha medido hasta el detalle la experiencia de combate en cada una de las salas del juego.

DOOM Eternal: combates inolvidables

Las sensaciones que transmite el título una vez que vas dominando su estilo de juego son magníficas y, es que, después de cada nivel tendremos la sensación de jugar mejor que unos minutos antes y eso es algo que no ocurre a menudo con un shooter. Además, el juego va integrando de forma natural nuevos movimientos y mecánicas durante toda la campaña lo que contribuye a ampliar la variedad de acción durante los combates.

Aunque nos pasaríamos el día entero disparando a la cara de los invasores del Infierno, lo cierto es que DOOM Eternal también cuenta con una gran cantidad de zonas de plataformas que no tienen nada que envidiar a un título del género. Nuestro protagonista tiene la habilidad de realizar un doble salto que podemos combinar con un empujón extra con el que es posible alcanzar plataformas muy lejanas y, con estos dos movimientos, disfrutaremos de secuencias muy exigentes en las que tendremos que medir muy bien nuestros movimientos para no caer al vacío en un salto que no ha salido bien.

La combinación de fases de plataformas con momentos de acción está muy bien medida y en ningún momento nos sentiremos saturados o cansados de hacer siempre lo mismo.

En lo que respecta al armamento, DOOM Eternal nos permitirá acribillar enemigos con nueve armas distintas que van desde el clásico fusil de plasma a la escopeta entre otras que no desvelaremos aquí. De lo que si queremos hablar es de la incorporación de la granada de congelación que se une a la de fragmentación. Esta granada nos permite congelar a los enemigos durante unos segundos para crear combos durante el combate centrando la atención en otros enemigos para luego pasar a los congelados antes de que despierten, por ejemplo.

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DOOM Eternal: variedad y dificultad

Todas estas mecánicas de combate y movimiento se combinan con un sistema de progreso que nos permite mejorar nuestras armas si encontramos los objetos clave que hay repartidos por los escenarios. De esta forma podemos mejorar parámetros como la velocidad de recarga o el daño de un arma determinada. Además, también podremos encontrar mejoras de vida o armadura, así como otras habilidades que queremos que descubráis vosotros mismos.

DOOM Eternal trabaja especialmente bien las variaciones en sus modos de dificultad. Antes hemos comentado que estamos convencidos de que id Software ha medido al detalle el número de enemigos y la experiencia de combate que hay en cada sala y, para evitar que cambie dependiendo del modo de juego, se ha tomado la decisión de mantener el número de enemigos, pero variar su daño y salud máxima en función de la dificultad. Además, podremos cambiar de un nivel a otro en cualquier momento sin ninguna penalización.

Batallas multijugador

DOOM Eternal apuesta en esta ocasión por un multijugador cuyo único pilar es el Battlemode. Este modo asimétrico (1vs2) pone a un jugador en la piel del Slayer y otros dos jugadores encarnando demonios que enviarán hordas de enemigo al jugador principal para intentar matarlo. Por ahora no hemos podido probar el multijugador porque los servidores no estaban activos, pero parece una vuelta de tuerca bastante interesante.

Echaremos en falta el modo Deathmatch clásico de 2016, pero no perdemos la esperanza de que pueda llegar en un futuro como una actualización gratuita o de pago.

Diseño magistral

DOOM Eternal puede presumir de un diseño de niveles magistral. Cada una de las fases está pensada para que el jugador experimente unas sensaciones determinadas mezclando con acierto fases de pasillos con zonas amplias en las que combatir. Además, cuenta con recovecos y zonas secretas que podremos explorar para encontrar todo tipo de coleccionables y desafíos para superar.

En lo que respecta al apartado gráfico, DOOM Eternal luce mejor que DOOM 2016, algo que ya es sorprendente dado el nivel de detalle de dicha entrega. Los escenarios están repletos de detalles y los efectos de luz y sombras dinámicas se adaptan a la perfección a los cambios en la iluminación dados por el fuego, las balas o las explosiones. Muchas fases cuentan con un nivel de detalle sorprendente capaz de sobrecogernos o aterrarnos cuando menos nos lo esperamos.

En lo que respecta a los enemigos, todos ellos están recreados de forma más realista y se comportan con más lógica a las interacciones con el jugador. Por ejemplo, en DOOM 2016 algunos enemigos parecían ignorar por completo que les estábamos acribillando hasta que caian derrotados, aquí todos los enemigos reacción al impacto de un arma con mucha lógica.

El rendimiento del juego en Xbox One cuenta con una resolución de 900p con reescalado a 1080p y 60 FPS mientras que la versión de Xbox One X llega hasta los 1800p con reescalado a 4K y 60 FPS. En el caso de PlayStation 4, DOOM Eternal llega a los 1080p y 60 FPS.

Conclusiones de DOOM Eternal

 

DOOM Eternal es más y mejor en todos los sentidos. Si DOOM 2016 fue el regreso perfecto de una franquicia clásica, DOOM Eternal es la confirmación de que id Software y Bethesda son capaces de superarse para crear una obra maestra.

Os merecéis jugar DOOM Eternal. Es una experiencia que no querréis perderos.

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