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       Artículo de literatura

Calles de chatarra, de Alejandro Guardiola


 Terror / Suspense
Jorge Lara Gómez   09/09/2013
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     Las calles serán de chatarra o no serán de nadie… Fantasía urbana y novela negra en su justa medida con un asesino voraz y unos personajes inolvidables
Portada Calles de ChatarraQuería una escena impactante para el principio…” y quizás por ello Alejandro Guardiola, tras el prólogo de Claudio Cerdán (al que el mes que viene volveremos a leer de la mano de Ediciones Versátil con “Cien años de perdón”), comienza la novela con un capítulo corto pero realmente intenso y des-garrador. Un capítulo cuyos dos protagonistas serán el eje central de la novela y el leitmotiv de la búsqueda incansable de Irina Gryzina, del Departamento de Policía de Semura, por cerrar una herida del pasado, que aún sangra en el presente y que dificilmente cerrará en un futuro por mucho que se aleje de las calles de chatarra, de las calles que tan profunda herida le causaron desde su cándida niñez.

Andrzej Sapkowski, en uno de los volúmenes de su saga más famosa y extensa (en concreto en “La Torre de la Golondrina”, de Alamut Ediciones) comentaba acerca de la Justicia que: “Ciertamente hace falta grande orgullo y grande ceguera para llamar justicia a un cadáver que cuelga en un cadalso”. Y en Semura, como en la tierra del brujo Geralt de Rivia, también hay que estar muy ciego y ser muy orgulloso para llamar PAZ a tener subyugados a todas las razas "mágicas" -inhumanos- a través de impuestos abusivos, prohibiéndolos la ingesta y el comercio de sus bebidas ancestrales, o castigando con pena de muerte la procreación entre razas o con humanos. Qué decir de los torques que adornan los cuellos de los Trolls, la raza más poderosa de la urbe: cualquier manifestación de su legendarua fuerza bruta terminará con su cerebro achicharrado gracias a un botonazo presionado por un funcionario cualquiera; o las Lamias, esas terribles seductoras casi extinguidas y que resisten confinadas en los denominados “retiros” en forma de prisiones donde morirán por inanición… hace más de 50 años se firmó una amnistía entre humanos e inhumanos, pero en la guerra como en el amor, siempre hay un perdedor y lo que unos llaman PAZ otros llaman OPREsión, PERSEcución, CONFInamiento… 

En un caldo de cultivo semejante no es difícil de entender que trolls, trasgos, ninfas, hadas... o aquellas razas más rebeldes que viven marginadas por no atenerse a pacto alguno con los humanos (Lobisomoes, lamias o duendes) estén al límite de su aguante, y en las calles resuenen tambores de guerra, un clamor común cuyas siglas forman la palabra R-E-V-O-L-U-C-I-Ó-N y cuyo eco, producido por la voz de un misterioso Mesías, está haciendo tambalear los cimientos de un acuerdo de paz que inundó las calles de sangre y los edificios de una sustancia correosa que los devora poco a poco.

Al principio Calles de chatarra iba a ser una historia más en la onda de la fantasía oscura (Jim Butcher o Neil Gaiman), según iba avanzando tenía más de género policíaco que de fantasía. De hecho, en la novela no hay nada de magia, ni sucesos sobrenaturales”.

Pero Semura es también una polis muy fructíera para aquellos individuos de baja catadura moral que exprimen al máximo los “vacíos legales” que dejó el acuerdo en la forma de negocios de dudosa moralidad, como el contrabando de licor de hada, que asegura a los humanos “una resaca de cojones”, como reza uno de los capítulos de la novela. O la “mierda de elfo”, la droga de moda, sintetizada a partir de los vestigios de los elfos que una vez poblaron las calles. Y de entre toda esta calaña destaca de una parte, Mark Hombre del Norte, troll de un clan de la vieja Escandinavia. Abandonó Semura hace veinte años y se trasladó a polis más prósperas para desplegar sus encantos nórdicos (cabello rubio y ojos azules) entre viudas y divorciadas de cartera abultada.  Pero ha vuelto para saldar una antigua deuda familiar que teñirá los barrios de inhumanos de sangre, licor y llamas. Y en la cima de la pirámide alimenticia encontraremos al empresario de éxito, mafioso, y opresor de su raza, Antonio Escoria, alias Tony Chatarra (en cristalino homenaje al recientemente desaparecido Tony Soprano), troll dueño y señor del “Morgana”, club de alterne de alto copete donde se cierran tratos, se ajustan cuentas y donde es posible que seas sentenciado a muerte por mirar o escuchar lo que no debes pero todo ello con la profesionalidad, el orden y la discreción que caracteriza a Tony, “El Rey” de la chatarra, que como cualquier villano que se precie se topará con su Némesis. 

Irina Calles de ChatarraLa detective Irina se encuentra inmersa en una espiral autodestructiva debido a la cantidad de esqueletos que guarda en su armario, cuyas voces apenas logra silenciar mediante largas noches de alcohol en vena que le sirve Jota en el “Duende Verde”, cuando en mitad de una resaca de las que devoran el hígado, su jefe, Walter Castillo (¿homenaje al Teniente Castillo de Miami Vice?) le asigna un caso de homicidio a todas luces rutinario: una ninfa se alejó del agua y se topó con quien no debía, para acabar con su cuerpo marchito en una calleja oscura del barrio de inhumanos. Poco imagina Irina la madeja de hilo turbio que deberá seguir hasta desenredar por completo un caso que tan solo es la punta de un iceberg que se está deshaciendo a pasos agigantados, y que anegará por completo ese armario que teme visceralmente pero que tanto necesita limpiar, y es que el agua todo lo limpia, todo lo rompe, aunque sean rocas tan duras como Irina “la rusita”, y a veces también… todo lo ahoga. 

La verdad es que nuestro compañero de redacción, Alejandro Guardiola, tenía ante sí la tarea compleja y poco habitual de mezclar en “Calles de chatarra” (editorial Palabras de Agua, disponible en FantasyTienda) dos géneros tan dispares: la fantasía urbana y la novela negra. La convivencia en un mismo tapiz de seres extraordinarios con otros más mundanos, es mucho más habitual en el mundo del celuloide con producciones tipo “Hellboy”, o en la pequeña pantalla a través de series como “Grimm”, pero en lo que a literatura se refiere lo más cercano y parecido que yo recuerdo es reseñado por partida doble, “Lado extraño” de Joe Alamo (Ilarion ediciones).  Y siendo tan atípico, he de confesar que Alejandro lo consigue, encaja y funciona más que correctamente, quizás por tomar prestado lo más interesante de cada uno de los dos géneros: por un lado la multitud de razas que cohabitan con los humanos, y por otro los rasgos más definitorios de un thriller policíaco, como el crimen organizado, policías corruptos, drogas, prostitución, y la resolución de una serie de asesinatos en cadena, que dan ritmo a la historia, y concende al autor una nota más que alta el difícil examen que él mismo se impuso. 

Alejandro Guardiola Calles de ChatarraOtro detalle característico que le aporta un segundo toque de distinción tiene que ver con el estilo narrativo, en el que cada capítulo sería un episodio, un calco de la estructura utilizada en las series de televisión, y una línea temporal, en la que el autor juega con el pasado y el presente de los personajes, una marca de la casa ya utilizada en sus anteriores novelas (“Sombras de una vieja raza” de la extinta editorial Ajec y finalista de la tercera edición del premio Minotauro, y una novela inédita mezcla de fantasía, mitos artúricos y la Segunda Guerra Mundial, que está en proceso de dejar de serlo) que nos ayuda a conocer más en profundidad las motivaciones de los personajes, quienes eran, quienes son o quienes serán... su crecimiento, su evolución, y la explicación a los actos que llevarán a cabo. 

Sin embargo hay un detalle de la novela que a mí personalmente no me ha convencido y tiene que ver con su parte final, la cual deja varios interrogantes abiertos y sin resoluicón y explicación aparente. ¿Qué fúe de este? ¿Qué paso con este otro?. ¿Qué movia a estos dos a comportarse así? ¿Se salvó no se salvó? ¿Le dieron su merecido a pardillo? Hablado a este respecto con el autor me confiesa que todo es una maniobra deliberada, que aporta valor añadido, yo le digo que Philip K. Dick ha hecho mucho daño con eso de no explicar las cosas y darlas por sentado, ambos nos reímos, y me confiesa por lo bajini que hay escrito un final alternativo de 479 palabras (contadas por un servidor) algo más clarificador pero mucho menos misterioso... el humor de los autores le digo yo.

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Asi pues tenemos ante nosotros una novela de una editorial joven que ha trabajado a conciencia el acabado de la portada (one more time, Dani Expósito), el papel, el tipo y tamaño de letra y la corrección, que además cuenta con prólogo de Claudio Cerdán, y las bendiciones del Señor de los Caminantes: Carlos Sisí, y que mezcla dos géneros que se repelen en apariencia, una historia que te atrapa desde el crudo prólogo y con rerefencias muy evidentes a series como "Breaking Bad", "Los Soprano", o "The Wire", unos personajes principales muy bien desarrollados donde brilla por encima de todos el de Irina Gryzina, recreada por siempre en mi mente con los rasgos psíquicos de la Lisbeth Salander de Stieg Larsson (editorial Destino, trilogía completa en FantasyTienda) y los físicos de la Lisbeth Salander de la adaptación cinematográfica de Niels Arden Oplev (Noomi Rapace), y otros secundarios en un principio, que se abren paso a base de codazos y gran personalidad en el escenario preparado por Alejandro, como Mark Hombre del Norte, o Michel, un personaje con muy mala suerte y con una facilidad pasmosa para enfangarse hasta el cuello en asuntos turbios; y la certeza de que existe un capítulo inédito con final alternativo que puede que alguna vez vea la luz, yo que lo he leído os aseguro que al menos una duda resuelve. 

¿Necesitas más razones? Deja entonces que el propio autor te hable de su criatura:



Grge_dixit: A veces es posible mezclar agua y aceite y usar su aliño para una receta que resulta sabrosona y que te nubla el sentío como el licor de hadas.

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