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       Artículo de literatura
Rusia Gótica, de varios autores
José Luis Valcarce   06/04/2011
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     El curioso que no haya leído nunca nada de literatura rusa tendrá aquí una lectura muy interesante, que además le permitirá introducirse en el relato gótico y en las mejores letras rusas.
Portada de Rusia Gótica, de varios autoresMi primer contacto con la literatura rusa vino de la mano de un precioso volumen de los "Cuentos populares Rusos" de Aleksandr Afanasiev. Recuerdo que cuando me lo regalaron tenía unos 9 años y me parecía que estaba ante una maravilla entre las maravillas.

Era grande -enorme a mis ojos- de tapas duras forradas de tela, lleno de ilustraciones, con letras grandes, márgenes amplios y con el embriagador aroma de un libro nuevo. Su lectura se convirtió en un ritual casi cotidiano que -infortunadamente- perdí en la adolescencia.

Para un niño como el que yo era, abrir el libro suponía iniciar un periplo por los bosques y estepas de Rusia, entrar en las isbas, sentir el calor del samovar... Un auténtico viaje a una Rusia maravillosa y antigua que poco o nada tenía que ver con la imagen que daba la televisión de una Unión Soviética que pasaba de ser la encarnación de todos los males (recuerdo Afganistán en las noticias y Rambo III en los cines) a un país decadente en busca de sí mismo.

Considero que es altamente recomendable ya que puede gustar a lectores muy distintos: satisfará a quienes gusten de la literatura gótica y a quienes conozcan la literatura rusa, ya sea la más tradicional o la más contemporánea.

Llegué a sentir algo parecida a la reverencia religiosa por esos cuentos habitados por campesinos y soldados; popes; zares y zarinas; boyardos, recios bogatires; la bruja Baba-Yaga o animales maravillosos como Tordo-bayo; sabio alazán. Eran cuentos donde brujas y diablos o la propia muerte campaban por la tierra rusa en compañía de hombres y mujeres de todo pelaje y condición; cuentos en los que la bondad y la maldad convivían con el pecado y la virtud y que mostraban un orden natural de las cosas sencillo y tranquilizador.

Por eso cuando cayó en mis manos un ejemplar de "Rusia Gótica" (disponible en FantasyTienda) de la editorial Nevsky Prospects me sentí en casa; en una casa renovada o redecorada, pero con la misma sólida estructura: el alma rusa. Para aquél que conozca y ame la literatura rusa, su folclore y su raigambre popular es inevitable ver, tras la vestimenta gótica de estos relatos, las mismas constantes que pergeñan la tradición oral rusa recogida por Afanasiev, con mayor o menor intensidad...

Ilustración para el poema La Canción del mercader Kalashnikov, de Repin La Rusia rural y la urbana se ven aquí -excepción hecha de La isla de Bornholm- y no sólo la contemporánea de los autores, sino que en sus caracteres podemos ver una suerte de Rusia eterna. Eso explica que desde el esmerado prólogo de Espido Freire (verdadera reseña de los relatos bastante más recomendable que la de un servidor) tuviera ya una sensación entre el entusiasmo, el apetito y la nostalgia. Un entusiasmo que se veía favorecido por el mimo que se ve en la edición, con pequeños detalles como la módica introducción de cada relato, complemento perfecto del prólogo (recomiendo leerlo antes y después). Así, no es de extrañar que mi apetito nostálgico se saciara con creces con esta antología imprescindible.

La primera delicia de la antología es “El anillo”, de Yevgeni Baratynski, poeta notable que cultivó también el ensayo y el relato y fue merecedor de los más altos elogios de su amigo Pushkin. Aunque convencional en su estructura y adornado con algunos tópicos del género y del folclore ruso (v.g. la “simplicidad” mental de uno de los personajes), “El anillo” se muestra como un relato no exento de originalidad, con momentos de humor y una finalidad ejemplificante o moralizante en la que la bondad y generosidad se acentúan. Ambientado en la Rusia europea de finales del siglo XVIII o comienzos del XIX, recoge algunos detalles de la vida rural del país, desde la perspectiva de los propietarios rurales que podrán resultar interesantes al lector. Quizá lo más destacable sea que, en tanto relato que entronca con la tradición más clásica y más moralizante, lleva implícita una moraleja que nos lleva a reflexionar si en muchas ocasiones el poder que aparentan tener algunos objetos o personas no sea más bien producto de nuestra mente, obra de la (auto)sugestión. Además, al lector español no dejarán de resultarle sorprendentes las exóticas referencias a España.

“El hombre lobo”, obra del periodista, escritor y crítico literario ucraniano Orest Sómov, es, a mi juicio, el relato que más directamente entronca con la literatura popular rusa ya que tiene muchos de los elementos del folclore y participa también de esa concepción moralizante. Además, su proximidad al cuento tradicional en la estructura narrativa imprime al relato un ritmo característico y pausado. En los caracteres de los protagonistas del relato se ve también ese poso del folclore: un muchacho apuesto pero un poco tonto (“tan hermoso como una amapola y tan estúpido como el tronco de un árbol”), un anciano malvado y experto en brujerías que provoca temor en sus vecinos y una bella muchacha que además es astuta e inteligente. Con esos ingredientes tenemos la divertida historia de un hombre lobo eslavo que nos enseña que no hay que fiarse de las apariencias, que todo puede tener un final feliz y armonioso y que una mujer buena e inteligente puede ser el bálsamo adecuado para la licantropía.

Una dacha, casa rural rusaMijail Zagoskin, notable dramaturgo y autor de novela histórica muy influido por Walter Scott, es el autor de “Los invitados inesperados”, un relato que tiene un toque fantasmagórico. La casa de un propietario rural es el marco para ver como la proverbial generosidad rusa puede ser puesta a prueba por unos misteriosos visitantes: tres cosacos y un burócrata. Se trata de personajes tópicos y típicos en la autrocrática Rusia zarista, a los que el autor da un carácter extraordinario, a medio camino entre lo grotesco y lo caricaturesco, provocando una situación verdaderamente perturbadora para el protagonista. Y es que, además de dar cuenta con una voracidad lobuna de una cena pantagruélica llena de los mejores manjares y licores, los invitados son capaces de hacer flaquear a un buen cristiano, tentándolo en este relato con momentos en los que la vida puede parecer sueño.

“La vendedora de pasteles”, de Antoni Pogorelski, seudónimo de Alexei Alexeievich Perovsky es una historia de brujería adaptada a la Rusia urbana de comienzos del siglo XIX y quizá el relato que mejor condense las características góticas. Tenemos una atmósfera opresiva y un lugar que parece incluso maldito, personajes oscuros como la vendedora de pasteles, ambiciones desatadas como la de su sobrino Onúfrich, fenómenos sobrenaturales, presencias extrañas, pasión, amor... Con esos ingredientes, Pogorelski nos ofrece un relato bien construido que transcurre con fluidez hasta un final feliz y armonioso.

Tras estos relatos, el editor nos ofrece en los apéndices lo que define como dos curiosidades: “Stuss” de Mijail Lérmontov y “La isla de Bornholm”, de Nicolai Karamzín. A mi juicio, la inclusión de estas, en palabras del editor, curiosidades permite trazar una panorámica más amplia del relato gótico ruso.

Lérmontov, escritor y poeta romántico, considerado “el poeta del Caucaso”, murió con apenas 27 años al batirse en duelo, publicándose la mayoría de su obra póstumamente. En “Stuss” ofrece un relato gótico verdaderamente perturbador: una hombre obsesionado con un nombre y un lugar que resultan malditos, una extraña partida de cartas, la sensación de caminar irremediablemente hacia la desgracia y un final extraño. De hecho, precisamente por su final hay quienes consideran que “Stuss” pudiera tratarse del comienzo de una novela, de un relato inconcluso o de un broma. Evidentemente Lérmontov no dio pista alguna, pero en mi opinión, estamos ante un relato con un final deliberadamente abierto, que busca dejar al lector sorprendido e intrigado, dando juego a la propia imaginación.

Nikolai Karamzín, un hombre viajado, leído, profundamente zarista que además de historiador y traductor, fue el escritor prerromántico ruso por antonomasia es el autor de “La isla de Bornholm”. Considerado el primer relato gótico ruso, en mi opinión, se trata precisamente del menos ruso de los relatos por su ambientación y temática. La acción se ubica en la isla báltica de Bornholm, a la que se describe como un lugar olvidado, agreste, brumoso como un acantilado en un día de tormenta, generando en el lector una sensación de intemporalidad y melancolía.

Aunque cada relato tiene sus características, lo que supone que el lector, necesariamente disfrutará algunos más que otros, valorada en conjunto, "Rusia Gótica" es una muy buena antología. Considero que es altamente recomendable ya que puede gustar a lectores muy distintos: satisfará a quienes gusten de la literatura gótica y a quienes conozcan la literatura rusa, ya sea la más tradicional o la más contemporánea. Del mismo modo, el curioso que no haya leído nunca ni lo uno ni lo otro tendrá aquí una lectura muy interesante, que además le permitirá introducirse en el relato gótico y en la mejor literatura rusa.

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