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Mundo de Dioses, de Rafael Marín
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| Alejandro Serrano 20/08/2010 |
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Este macro-guión de cómic está lleno de guiños al noveno arte y en particular al Universo Marvel, y la ciencia ficción que atesora en sus páginas es de la más atrayente que he leído, en cuanto a superhombres se refiere. |
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Rafael Marín y superhéroes. Pese a que la trayectoria de Marín en el mundo del cómic es de sobra conocida, como guionista y traductor, tanto como para poder afirmar sin asomo de duda posible que estamos ante una de las figuras más representativas del noveno arte español, no hablamos de Marvel. Aunque este libro, desde luego, podría ser la novelización de una aventura de superhéroes cualquiera. “Mundo de dioses” (Alamut, disponible en FantasyTienda) fue reeditada en marzo de este año, tras llevar bastante tiempo descatalogada. Vio la luz por primera vez en la colección Nova de Ediciones B allá por el año 1998, y la historia derivó de un cómic que Rafael Marín inició junto al dibujante Carlos Pacheco, otra de las referencias de la historieta patria.
Sin cuestionar al propio autor sobre el particular, diría que cuando Marín escribió esta novela tenía dos pretensiones: entretener y volcar parte la imaginería sobre superhombres que atesora en una novela. Podríamos decir que consigue totalmente lo primero y a medias lo segundo.
El tema recurrente a lo largo de la novela es la responsabilidad que todo ser vivo tiene con el poder que maneja, las consecuencias de un mandato omnipotente y cómo el ser humano ha de rebelarse contra sus propias limitaciones, sus creaciones y su destino.
“Mundo de dioses” sitúa la acción a más de mil años en el futuro, en una sociedad exenta de guerras a gran escala, aparentemente con poca delincuencia y feliz, pero nada más lejos de la realidad. Los dioses de antaño, personalizados en cientos de religiones con miles y millones de seguidores en todo el planeta, han sido reemplazados por otros, que exigen sumisión total y son de carne y hueso. Viven en el Anillo Edén, una estación orbital construida en los tiempos en los que el ser humano aún ansiaba conquistar el espacio.
Bajo los nuevos dioses, que controlan el destino de millones de personas, están los Centinelas, humanos de cuerpos mejorados a los que se ha concedido la gracia de ayudar a los metahumanos a gobernar la Tierra, con sofisticado armamento y una fe ciega en sus superiores. Entrenados para sofocar rebeliones y controlar amenazas, se enfrentan diariamente con los Derivantes, una nueva raza de humanos de parecida fuerza que los Dioses, y que aparecen de vez en cuando en el mundo. Los Dioses aseguran que son una peligrosa mutación, y que podrían traer de nuevo el Apagón al mundo, el apocalíptico período de hambrunas y contagios de una peligrosa enfermedad, que redujo a la Humanidad a una fracción de lo que había sido, convirtió en yermos los campos de cultivo y atrasó la tecnología irremediablemente.
Los humanos han renunciado a avanzar, se limitan a vivir sin ambición bajo la tutela de seres superiores físicamente. Los nacionalismos han sido erradicados, así como los problemas de raza o religión, pero tampoco la existencia tiene significado, ni hay metas en el horizonte, tan sólo la gente se limita a una complaciente espera. Los medios de comunicación no osan criticar a los Dioses, y aceptan los dictados informativos que impone la raza superior, que lo controla todo y castiga de forma inmisericorde.
La vida en el Anillo Edén no es complicada. Los Dioses, perfectos físicamente, que viven largo tiempo pero no son inmortales, apenas más allá de los trescientos años, ven pasar las décadas con una mezcla de hedonismo y desdén por aquellos a quienes consideran inferiores. Copulan compulsivamente entre ellos y con humanos excepcionalmente bellos, se entregan a juegos sádicos, a luchas que simulan una especie de sádico deporte entre los humanos, y matan a quienes se les antoja. Son amos y señores de todo lo que existe bajo el cielo, lo tienen todo menos una cosa: la inmortalidad. Tienen pocos hijos y cada vez su primer anhelo de crear una sociedad humana mejor queda más lejos y es menos firme. El único afán de la mayoría de ellos es mantener su estatus y erradicar a los Derivantes, están tan agostados como los hombres, pero no se dan cuenta.
En ese mundo, se nos presenta a una sagaz periodista llamada Davinia Cross, que poco se asemeja a sus colegas, y que investiga un incidente en el que se ven envueltos varios Centinelas y un peligroso Derivante. Gracias a sus pesquisas, descubrirá más de lo que hubiera deseado, y su vida cambiará radicalmente.
Leer “Mundo de dioses” ha resultado una experiencia agridulce, y sin duda lo mejor que puede decirse de la novela de Rafael Marín es que tiene un ritmo endiablado, y no ceja en su empeño de entretener al lector hasta el final. Este macro-guión de cómic está lleno de guiños al noveno arte y en particular al Universo Marvel, y la ciencia ficción que atesora en sus páginas es de la más atrayente que he leído, en cuanto a superhombres se refiere.
Por supuesto, y esto ya lo esperaba, la narración de Marín es fluida, muy correcta y de matices, lo que ayuda mucho a la credibilidad del argumento. Y aunque eso es siempre importante, yo diría que esencial en una novela, el auténtico valor de “Mundo de dioses” es mezclar precisamente eso con un argumento bastante desarrollado y un ritmo constante y con pocas fisuras.
El tema recurrente a lo largo de la novela es la responsabilidad que todo ser vivo tiene con el poder que maneja, las consecuencias de un mandato omnipotente y cómo el ser humano ha de rebelarse contra sus propias limitaciones, sus creaciones y su destino. El contenido violento –hasta gore- y sexual es abundante en la novela de Marín, pero el autor utiliza estos recursos de forma coherente, y diría que hasta necesaria. El reflejo de la decadente vida de los dioses está muy bien dibujado, y debería hacernos reflexionar sobre la vida de la que disponen hoy en día algunos gobernantes.
Hablaba al inicio de una sensación agridulce que me invadió tras finalizar la novela. Aunque meritoria, echo en falta una mayor presencia de los tiempos en los que aparecieron los Dioses, y qué ocurrió hasta el momento en que se desarrolla la trama principal. Marín pasa por ello de puntillas, y aunque queda bastante claro, creo que no se aprovechan bastante esos siglos, y podrían dar mucho juego. Cuando algo te agrada bastante y finaliza, te paras a pensar en qué le falta, y deseas simplemente, que siga. Supongo que quizás por eso presento esto como un fallo, aunque en realidad no lo es, simplemente introducir eso podría haber lastrado el ritmo narrativo, lo último que Marín deseaba, y esto se nota.
En fin, no entiendo cómo esta novela estuvo descatalogada durante tanto tiempo, es una magnífica muestra de lo que debe ser un libro de ciencia ficción trepidante, con cierta base histórica y social, y con calidad narrativa.
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