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Inversiones (La Cultura 6), de Iain M. Banks
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El narrador nos aporta una humanidad y credibilidad hasta ahora anecdóticas en La Cultura de Banks. |
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Después de cinco libros, cuatro novelas y una novela breve, dedicados a la construcción exhaustiva del inmenso universo ficcional que es La Cultura, Iain M. Banks (Dunfermline, Escocia, 1954) decidió que era imprescindible un giro radical. Tanto es así que, si no fuese por piezas argumentales introducidas casi de tapadillo, uno ni sabría que está ante una novela de La Cultura. Aunque su estilo inconfundible permanece presente, “Inversiones” (disponible en FantasyTienda, originalmente publicada en 1998, y que La Factoría de Ideas editó en 2006, Solaris Ficción n. 81) es muy diferente a las novelas que un lector de la serie (más, si sigue la serie por su orden de publicación) está acostumbrado.
“Inversiones” representa, quizás, la menos ortodoxa de todas las novelas de La Cultura. Y también una nueva muestra de porqué tanto la serie de La Cultura, como la obra de Iain M. Banks, merecen un lugar destacado en cualquier anaquel de los aficionados a la literatura con mayúsculas.
Aunque, en cuanto herramienta útil para la ambientación tardomedieval y postmedieval, todavía echa mano de esquemas históricos conocidos para la situación de la trama; con referencias sibilinas al contexto que vivieron Oliver Cromwell y Luis XIV. Y si bien mantiene su fidelidad con la novela de ideas y de exploración de los males de las sociedades contemporáneas. Iain M. Banks transforma por completo su perspectiva habitual para regalarnos una reflexión íntima y personal donde el núcleo de trama, antes centrada en grandes escenarios geopolíticos, tiene ahora su mayor apoyo en los personajes y sus vicisitudes vitales.
Para conseguir esta cercanía, Banks es especialmente cuidadoso en la construcción de una voz narradora cálida y próxima. En las dos historias principales que se nos desarrollan, doctora y guardaespaldas, es esa voz el hilo que teje el tono íntimo y contenido dominante en la mayor parte de la obra. El narrador nos aporta una humanidad y credibilidad hasta ahora anecdóticas en La Cultura. Un cambio coherente con la intención de Banks de explorar otro tipo de cuestiones e ir más allá, con “Inversiones”, de lo que las demás novelas de La Cultura han ido.
Consecuencia directa de este paso adelante podemos identificar varios niveles de lectura. En un primer nivel, seguimos reconociendo los elementos básicos que hacen de La Cultura una serie de referencia: con la presencia de personajes de Contacto y el tratamiento habitual sobre las relaciones interculturales alrededor del debate dialógico dominación-no dominación como eje principal. En un segundo nivel, encontramos elementos propios del argumento de “Inversiones”: las paradojas alrededor del ejercicio y combate del absolutismo, y las intrigas, muertes y conspiraciones que tienen lugar a su alrededor. Y, finalmente, el nivel personal y particular, en el que Banks desarrolla a unos personajes envueltos en un conflicto interior: con una ética y sentido del deber en lucha con su sentido de la responsabilidad, donde lo más conveniente no parece ser siempre lo mejor y viceversa.
El final ambiguo con el que se cierra “Inversiones” es coherente con un Banks muy poco dado a cierres contundentes y sin mácula. Si acaso, en este final la invitación a la reflexión del lector, a la recogida y solución propia de los retos y cuestiones que quedan planteadas, es más claro que en ninguna otra obra de la serie. La novela invita a reflexionar y resolver, sin piedad y de forma directa, dilemas de transcendencia política, moral y personal. Con el valor añadido de elegir, entre todas las perspectivas posibles, y de forma original con respecto a lo común en la serie, la personal (quizás, junto con “El uso de las armas”) para hacernos su invitación a pensar. En una novela que, a partir de elementos propios de la fantasía épica y la SciFi clásica, es capaz de afrontar asuntos de nuestra realidad cotidiana contemporánea de una forma interesante y retadora.
“Inversiones” representa, quizás, la menos ortodoxa de todas las novelas de La Cultura. Y también una nueva muestra de porqué tanto la serie de La Cultura, como la obra de Iain M. Banks, merecen un lugar destacado en cualquier anaquel de los aficionados a la literatura con mayúsculas.
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