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       Artículo de literatura
Solaris, de Stanislaw Lem
José Luis Valcarce   12/10/2009 Escribir Comentario
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     Lo que es vida o inteligencia lo es porque nosotros lo consideramos como tal, por tanto no dejan de estar sometidos en su concepción a nuestros propios prejuicios.
Portada de Solaris, de Stanislaw LemUna obra clásica se caracteriza por perdurar y por impactar en mayor o menor medida a lo largo del tiempo. Pasarán años, pero seguirá dejando un poso perdurable e indeleble, esa huella de originalidad que la hace especial y única... irrepetible.

La novela nos pone de frente con nuestra propia naturaleza y nuestra condición de seres limitados, con una capacidad de conocer que no puede trascender esa naturaleza.

"Solaris" (Minotauro, disponible en FantasyTienda) es por definición uno de los clásicos de la ciencia ficción, una obra del género que no deja indiferente a nadie y ello con independencia de que a uno le pueda gustar más o menos. A mí personalmente me encanta, y más en esta edición de Clásicos Minotauro, bien cuidada, en tapa dura con un buen tamaño de letra y márgenes amplios. Si hubiera de ponerle una pega a la edición, sería la falta de una breve aproximación o estudio introductorio a la novela y al autor, lo que siempre ayuda en un clásico de este calado.

¿Y qué es Solaris? Pues, yendo al meollo de la cuestión, Solaris es un planeta binario cubierto en su inmensa mayoría por un “océano”, o por algo que aparentemente es un océano pero con características que hacen que se pueda considerar una forma de vida. Estas características peculiares -que no les voy a contar- van siendo desgranadas a lo largo de la obra, que dedica pasajes enteros a la solarística, ciencia dedicada al estudio del planeta, y a referir las discusiones científicas en torno a la naturaleza del planeta. Stanislaw Lem recoge en la novela abundantes párrafos de solarística, reseñando las más importantes discusiones científicas, al tiempo que da noticia de los diversos científicos y obras que han tratado el tema, llegando incluso a referir cuestiones menores o anecdóticas de la mencionada ciencia, lo que dota al libro de una gran verosimilitud.

Stanislaw LemEste tratamiento de la solarística va acompañado por el desarrollo de la trama; de tal modo que ésta acaba siendo como una suerte de análisis en vivo de lo que es Solaris. Así, los personajes y su devenir son la realidad con la cual el lector puede ir confrontando las distintas teorías en torno a Solaris y acabar comprendiendo, o por lo menos intuyendo, qué es.

Para ver qué es Solaris y qué ocurre allí tenemos a Kris Kelvin, enviado a la estación de observación sita en el planeta. Kelvin se sumergirá en una atmósfera asfixiante, con cierto aire decadente, en el que las instalaciones muestran un abandono que se acompaña también de una suerte de abandono físico y mental de los otros dos tripulantes: Snaut y Sartorius, a cada cual más extraño.

Desde un primer momento la sensación de decadencia penetra en el lector, que comprende a través de los ojos de Kelvin que algo fuera de lo normal, de lo humanamente normal, está sucediendo en Solaris: las visitas.

Con un ritmo pausado pero constante entramos en contacto con los visitantes: personas...o algo similar que aparecen en la estación sin que se sepa su origen, aunque intuyendo, desde un primer momento, que están relacionados con el planeta. En este punto se plantea el conflicto entre la racionalidad humana de Kelvin y la cruda realidad. Al fin y al cabo un ser humano normal que ve aparecer gente en una estación aislada y, para más inri, gente fallecida, pensaría que se ha vuelto loco. Pues eso: Kelvin reacciona humanamente, aunque empezando a creer que no está tan loco y que hay algo más.

El visitante de Kelvin, Hari, copia de su difunta esposa, le provocará sensaciones enfrentadas y da pie a que la obra refleje también una curiosa historia de amor plagada de dilemas. No en vano Hari no es Hari, aunque sea exactamente igual que ella.

Mientra intenta desentrañar la causa de las “visitas”, Kelvin irá descubriendo ciertas respuestas en torno a la naturaleza de Solaris, qué es el planeta y qué es el oceano. Al tiempo que busca resolver sus propias dudas se van resolviendo las de la solarística, concluyendo la dificultad del ser humano para entender aquello que no es humano y demostrando que conceptos como vida o inteligencia son cualquier cosa menos asépticos o neutrales.

Lo que es vida o inteligencia lo es porque nosotros lo consideramos como tal. Por tanto, la vida o la inteligencia no dejan de estar sometidos en su concepción a nuestros propios prejuicios y a nuestra naturaleza. Y esa es la gran virtud de Solaris: nos pone de frente con nuestra propia naturaleza y nuestra condición de seres limitados, con una capacidad de conocer que no puede trascender esa naturaleza y que puede provocar incomunicación con otros seres. En definitiva, nos coloca nuevamente en una dimensión mortal e imperfecta, nos baja del pedestal y nos enseña que nuestra inteligencia puede ser una limitación a la hora de contactar con otras formas de vida que no tienen porqué parecerse a nosotros para ser vida o para ser inteligente.

Tenga en cuenta el lector que vaya a afrontar la obra que ha sido considerada lenta por algunos -Sapkowski ha llegado a decir que es aburrida (aunque no tengo muy claro si en el contexto en que lo decía realmente quería decir eso)- y que puede resultar incluso agobiante o un pelín claustrofóbica. Sin embargo, en mi opinión, la novela no es realmente lenta, pero sí pausada, con un ritmo peculiar buscado por Stanislaw Lem, que quiso que la novela discurriera con el ritmo de las mareas, siguiendo el movimiento de los mares.

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