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Brasyl es una de las mejores novelas de Ciencia Ficción publicadas en 2008, y una de las mejores –clásicos aparte- traducidas al castellano en los últimos años. |
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Una de las virtudes de la Ciencia Ficción es, ha sido y será, su permeabilidad. En sus páginas es posible construir universos creativos mucho más versátiles que aquellos a los que los esquemas clásicos nos limitan. Podemos viajar en el tiempo y en el espacio, romper las leyes conocidas de la física, especular con nuevos mundos. Incluso, aunque esta característica sólo se susurre, explorar en el alma de nuestra propia realidad e identidad, analizar y limar nuestras aristas, denunciar nuestras maldades, o poner en valor lo mejor de nosotros mismos. La naturaleza humana como objeto de análisis, su despiece y desguace, es en este género donde alcanza su máximo potencial y en el que, por cierto, ha dado sus mejores frutos.
La riqueza, ambición, complejidad, coherencia y calidad que Ian McDonald imprime en “Brasyl” es el resultado de una capacidad autoral creciente, que alcanza unas cotas capaces de deleitar al lector más exigente.
Toda esta riqueza la expone, con ambición y acierto, Ian McDonald en “Brasyl”, disponible en FantasyTienda (La Factoría de Ideas. Solaris Ficción n. 123). Esta magnífica novela de especulación científica y exploración sociohistórica, en la que nada es lo que parece aunque todo parece ser lo que es, tiene los elementos exigibles para hacer de ella una novela de referencia: una estructura solida y originalmente construida, un hilo argumental ambicioso y complejo, un estilo y tono tan versátil como bien llevado… Y eso que los tres tiempos y tres historias (aparentemente) independientes que sostienen la narración, los muchos temas que mezcla y remezcla, los personajes histriónicos, e incluso su rica ambientación, son retos tan mayúsculos de afrontar como difíciles de superar.
La calidad de McDonald, incluso en los terrenos ficcionales más pantanosos, lo hace no sólo el merecido ganador del British Science Fiction Asociation 2008, sino también el ganador moral del Hugo 2008 (“Brasyl” era, creo, la mejor de las nominadas); injustamente derrotado por Michael Chabon y su novela “El sindicato de policía Jiddish”.
El principal factor que hace a McDonald merecedor de este crédito es que pocas veces un lector de Ciencia Ficción tiene la fortuna de poder enfrentarse a una novela tan creativa y valiente. Más allá de su articulación obvia, alrededor de la teoría cuántica y el retrato social de Brasil, McDonald plantea un fondo moral en el que la relación dialéctica entre el determinismo y la individualidad, o la inevitabilidad y la libertad, desarrolla un razonamiento que, no por conocido, merece ser repetido y reinterpretado las veces que sea necesario. Además, con una originalidad en su concepción y una coherencia con el marco científico que utiliza, capaz de aportar nuevos elementos éticos de inestimable valor intelectual y humano.
Un razonamiento reforzado a partir del equilibrio con sus otros dos ejes argumentales fundamentales: la exploración histórica y la denuncia social. Porque “Brasyl” es, además de una novela de ideas, un viaje a las entrañas de una nación que, levantada sobre el mito del Nuevo Mundo y la representación social de sus más hermosos sueños y mayores virtudes, presenta una realidad muy distinta a la que proclaman sus leyendas. La mirada narradora es implacable con una sociedad cruel y despiadada, entregada por entero a la vacuidad de las telenovelas y la telerrealidad, capaz de adoptar y cambiar su religión y sus hábitos con la ligereza de lo moralmente etéreo, y en la que el individuo posee una dignidad débil y permanentemente amenazada por la necesidad de la lucha por la supervivencia. Un marco social cuasi-universal, en nada alejado de otros muchos contextos sociales contemporáneos, no siendo por la importancia aquí del misticismo propio de las creencias nativas autóctonas y, por supuesto, de la Capoeria y el Candomble.
La experiencia de la lectura, y por consiguiente el mayor disfrute de una novela de altura, hubiese crecido todavía varios enteros con una edición más cuidada. El texto, repleto de léxico y giros lingüísticos portugueses, conservados -con criterio y acierto- en su lengua original, exigía un glosario más amplio y una anotación al público español sobre la lectura y pronunciación de las grafías lusas. Como también existen incoherencias y errores llamativos, resultado de una corrección dubitativa y que, en un texto como el actual, complejo en cuanto a su rica expresividad, obstaculizan la recepción de la novela.
Aún con todo, “Brasyl” es, en mi humilde opinión, una de las mejores novelas de Ciencia Ficción publicadas en 2008, y una de las mejores–clásicos aparte- traducidas al castellano en los últimos años. La riqueza, ambición, complejidad, coherencia y calidad que Ian McDonald imprime en “Brasyl” es el resultado de una capacidad autoral creciente que está alcanzando, según nos van llegando sus novelas, unas cotas capaces de deleitar al lector más exigente. No dejen de leerla, no se arrepentirán.
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