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Amor y sexo con robots, de David Levy
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Un alegato a favor de la convivencia entre robots y humanos más en tono de ciencia ficción que del ensayo serio que pretende ser. |
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Un alegato a favor de la convivencia entre robots y humanos más en tono de ciencia ficción que del ensayo serio que pretende ser. No se conoce mucho de David Levy, salvo que se trata de un científico especialista en inteligencia artificial de la Universidad de Maastricht. Otras informaciones de Internet dicen que es superdotado, juega al ajedrez y es informático. Sin embargo, lo que más se señala al buscar su biografía es esta frase tajante: “no sólo tendremos sexo con robots, sino que nos casaremos con ellos”.
El libro está bien redactado, la lectura se hace fácil y se ganan un montón de anécdotas que contar a los amigos en el bar. Aunque, sinceramente, no veo que las conclusiones a las que llega sean demasiado científicas.
"Amor y sexo con robots" (Paidós, disponible en FantasyTienda) es un libro caótico. Está dividido en dos partes oficiales, aunque realmente son más. Yo me atrevería a resumirme diciendo que hay una parte histórica y otra de conjetura del autor.
En la introducción se resumen los logros de la mecánica, la Inteligencia Artificial y la robótica, desde los pájaros hidráulicos del siglo I a los trampantojos y artefactos mecanizados que se usaban en las cortes europeas para entretener a la nobleza en el siglo XVIII. Además, se menciona una máquina que simulaba partos para uso médico, el primer ordenador y los juguetes robóticos de hoy día.
Acabada esta toma de contacto, entramos en la primera parte oficial del libro titulada Amor con Robots. Se analiza en estos capítulos el amor que las personas sienten por otras personas, por animales, por objetos y por sí mismos para demostrar que el afecto, psicológicamente visto, puede darse en muchas formas y hacia los más diversos objetos. Llama la atención ver cómo algunas personas prefieren relacionarse con sus ordenadores o incluso con sus tamagotchis antes que con otras personas, y éste es un punto que Levy utiiza a su favor para desarrollar una teoría de afecto hacia los robots. Habla de unas características comunes como son la similitud, características atractivas del otro, gustarse mutuamente, influencias sociales, satisfacer necesidades, excitación/novedad, estímulos concretos, disposición, estar a solas/exclusividad y misterio, que, según el autor serán perfectamente programables en los robots del futuro.
En la segunda parte, quizás la más interesante, se habla del Sexo con robots. Inicia el capítulo comentando los objetos que, a lo largo de los siglos, se han venido usando como sustitutos de los seres humanos para realizar sexo. Después, dedica bastantes páginas a sacar a la luz la pregunta ¿por qué gozamos con el sexo? Para luego tratar las tecnologías sexuales disponibles en la actualidad con su comparación a las antes mencionadas y terminar con un alegato a favor de los nuevos inventos en un capítulo llamado El salto mental al sexo con robots.
Ya entrando en el comentario personal, se trata de un libro muy interesante pero a la vez iluso. Está bien redactado, la lectura se hace fácil y se ganan un montón de anécdotas que contar a los amigos en el bar. Aunque, sinceramente, no veo que las conclusiones a las que llega sean demasiado científicas.
Uno de los pilares básicos del libro es la afirmación de que en el año 1050 los androides circularán por la Tierra sin que nadie pueda vislumbrar si se trata de humanos o robots. Además, afirma el autor que en Massachussets, por esa época será cuando se dé el paso de bodas entre humanos y robots. Es una afirmación que se basa, por ejemplo, en que Massachussets es una región con grandes libertades. Y así con la mayor parte del libro.
No hay que dejar de decir que es un libro curioso, pero la falta de rigor en algunas afirmaciones dejan mucho que desear sobre todo en el momento en el que el autor deja el ritmo narrativo a un lado y comienza a divagar sobre si sería ético hacer el amor con un robot -comprado para ese fin- que no quiere y si se podría acusar a su dueño de violación. Ésta y otras frases de ese tipo son más adecuadas para un relato de ciencia ficción que para un libro que pretende demostrar los avances de la Inteligencia Artificial y de cómo estos van a entrar en nuestras vidas y se van a normalizar.
Aunque hay que reconocerle al autor el mérito de haberse atrevido a publicar semejante libro que resulta muy interesante por muchos de los datos que se dan a modo de páginas web, información sobre avances científicos actuales. Pero falla en el momento en el que la digresión se convierte en el fundamento del relato, sobre todo en cuanto te aproximas al final del libro. Quizá con la conclusión que nos ofrece hubiera sido más que suficiente. Leía por Internet que entrevistar a Levy es como degustar setas alucinógenas y yo opino que leerle se acerca mucho. Aunque, como decía, es un libro casi imprescindible para estar al día en la materia.
Por otro lado, en el análisis formal, se han encontrado algunas erratas propias de la imprenta pero es correcto en cuanto a faltas de ortografía, ordenación de las imágenes y redacción. Amor y sexo con robots pertenece a la editorial Paidós, encuadernado en tela, con 336 páginas y ha sido traducido por Genís Sánchez Barberán.
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