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Tú, el inmortal, de Roger Zelazny
Joaquín Torán   06/09/2008 ( 314 lecturas) Escribir Comentario
     Esta es una obra crítica contra el anticolonialismo de la misma manera en que lo es contra su opuesto, ya que el fin no justifica jamás los medios, sólo construye falsas impresiones de felicidad.
Portada de Tú, el inmortal, de Roger ZelaznyQuienes desconfían de la Ciencia Ficción como género suelen ser los mismos que presumen de haber leído libros que han visto en las inevitables listas de Las cien mejores novelas del siglo. Estas listas, realizadas de la manera arbitraria en que se hacen todas las cosas subjetivas, incluyen, en su mayor parte, volúmenes de gran carga sedante y elevadas dosis de pedantería indigesta para el común de los mortales que no pertenece a la muy excelsa categoría de los “sibaritas” literarios.

Como siempre que entran en juego los prejuicios, este tipo de seres produce lástima: su propia cerrazón les impide disfrutar de obras como "Bóvedas de Acero", por ejemplo, haciendo de su vida un periodo quizás no más triste, pero sí más incompleto. Alguien me dijo una vez que la Ciencia Ficción reflexionaba sobre los problemas humanos por su condición de género militante. El sabio no andaba desencaminado: al ser tan propensa a la alegoría y a la especulación, la Ci-Fi consigue denunciar con mucha más fuerza y efectividad que la Narrativa tradicional ciertos temas delicados o abiertamente tabú.

Una novela no sólo vigente sino también latente. Para que luego digan que la Ciencia Ficción no puede ser Literatura…

¿Os imagináis que alguien escriba una feroz crítica antisionista que pueda pasar desapercibida? José Saramago, Premio Nobel de Literatura, y por lo tanto alguien en esto de las Letras, padeció en sus propias carnes lo que suponía expresar pensamientos muy lícitos en voz alta. A lo mejor Saramago podría haber sido más sutil y haber remitido a la concurrencia a la lectura de “Tú, el Inmortal” (Premio Hugo 1966, Bibliópolis), la obra primeriza y maestra de Roger Zelazny, uno de los Grandes Maestros y miembro destacado de la New Wave o Nueva Ola.

Básicamente este movimiento fue una especie de relevo generacional, en donde un grupo de jóvenes inquietos decidieron plasmar sus obsesiones – no muy distintas de las de muchos otros como ellos- en el género que habían mamado pero que consideraban agotado. Tanto lo exprimieron que es posible que todavía hoy no se haya recuperado del todo y siga viviendo de las aportaciones heredadas por este conjunto de brillantes muchachos. Para demostrar que no todas las listas son arbitrarias, ni tienen por qué ser negativas, he aquí un elenco de miembros de la Nueva Ola: Michael Moorcock, Brian Aldiss, Harlan Ellison, Kurt Vonnegut, Robert Silverberg o Thomas M. Disch. ¿Podéis reconocer, entre ellos, a alguna eminencia en su campo?

Zelazny formó parte de este grupo y descolló notablemente por sus temáticas y su estilo. Sí, sí, estilo, porque Zelazny escribía de una forma bastante peculiar e identificable, una manera que hacía simple lo que no lo era ni mucho menos y que convertía su enorme erudición en exótica característica. “Tú, el Inmortal” se edifica en base a unos mitos griegos trasladados a la Ciencia Ficción, en una, por aquel entonces, revolucionaria y bien acogida decisión que determinó una senda particular (en 1967, seguiría la misma tendencia con "El señor de la Luz", donde adaptaba las leyendas de la religión hindú y dos años después, volvería a intentarlo, constatando que la fórmula ya había languidecido, al estar desprovista de todo factor sorpresa, con "Criaturas de luz y tinieblas", donde el interés se centraba en lo egipcio).

La diferencia más destacada de Zelazny respecto de sus compañeros de “promoción” fue que gozó de la consideración de autor de culto, idolatrado por la crítica, pero no muy respetado por las ventas, que son las que a fin de cuentas sostienen un ritmo de vida. De modo que en un momento dado, Zelazny se hizo comercial, abrazó la Fantasía, y legó para los restos la serie en dos etapas - de 1970 a 1991- de "Las Crónicas de Ámbar". Siguió ciertamente cultivando el género donde tantos éxitos cosechó, con pólvora suficiente para crear 'Jack of Shadows', 1971, o 'Eye of Cat', 1982 (inéditos en castellano), antes de diluirse en colaboraciones con otros escritores en las que poco o nada puede atribuírsele.

Roger ZelaznyPor lo tanto es conveniente que recordemos a Zelazny como el padre de Conrad Nomikós, el Comisionado de Artes, Monumentos y Archivos del Buró, el gobierno que vela por los intereses de una Tierra arrasada por la locura humana durante los Tres Días. En un planeta postapocalíptico, donde las condiciones para la existencia son muy limitadas, se desarrolla esta breve y brillante “space opera” con un gran componente aventurero.

La trama es todo lo original que puede esperarse de una novela que tiene por protagonista a un personaje que es la antítesis de Adonis: un vegano de nombre Cort Mysthigo, representante de la raza soberana de la Galaxia, decide emprender un viaje por la Tierra para conocer los vestigios de la civilización humana, y escoge a Nomikós como guía. Al viaje se sumarán una galería inolvidable: George Emmet, entomólogo creador de un virus capaz de exterminar la peligrosa plaga de aracnociélagos y su esposa Ellen; Don Dos Santos, secretario del partido Radpol, defensor del regresismo, y su compañera de fuerte temperamento Diane; Phil Grauber, poeta, y Hassan, guardaespaldas al servicio de Mysthigo. Estos ocho individuos correrán aventuras sin fin y verán su propia vida amenazada en más de una ocasión (además de ser imitados hasta la saciedad en libros posteriores; ¿o no son acaso Grauber y Hassan los prototipos sobre los que Dan Simmons se basaría luego para Martin Silenus y Fedmanh Kassad, dos de los siete peregrinos de su díptico más laureado, "Hyperion"?).

Pero, y a pesar del magnetismo que tienen estos sujetos, dotados de una personalidad muy definida que les evita el papel de meros comparsas, lo realmente interesante de “Tú, el Inmortal” es lo que respecta al trasfondo político. La Tierra es lo más parecido a un Parque de Atracciones para los veganos, un museo de colosales proporciones que vale la pena visitar de cuando en cuando. Muchos de los humanos, asociados entre sí en un movimiento llamado regresismo, pretenden impedirlo, bajo la idea de “La Tierra, para los terráqueos”, favoreciendo una acción terrorista en paralelo con la política que propicie el retorno masivo de los exiliados a su semi-inhóspito habitable planeta de origen.

Este contexto sirve para narrar la historia del conflicto que sustenta toda la novela, centrado en la necesidad de defender o asesinar al vegano invasor/ opresor. Dos posturas (o estrategias) éticas se perfilan a raíz de ella: una la de mantenerlo con vida, por puro afán de preservación, al tratarse de la raza galáctica dominante, que es la de Conrad; otra, la de erradicarlo, como último e irresponsable golpe de mano del exangüe movimiento regresista- terrorista. Este punto de vista lo comparten Diane, Don Dos Santos y Hassan, aunque sus posiciones morales disten bastante entre sí, abarcando la abyecta maniobra política (Dos Santos) o la resignación profesional ante lo inevitable (Hassan). En esta contraposición reside la crítica al fanatismo y a un cierto totalitarismo que impregna este libro. Un fanatismo que se combate por la equilibrada racionalidad de Nomikós y del sicario árabe, creaciones redondas y plagadas de simbologías de esta pequeña “ópera espacial”.

Las implicaciones de estos dos sujetos no hacen sino comenzar con esta apreciación, pues un estudio más detallado nos los muestra como la lanza de Zelazny a favor de la causa anticolonialista, pandemia digna de las mayores simpatías, de gran extensión en el mundo de los sesenta (el de los jóvenes comprometidos de la New Wave), como evidencian Argelia, Kenia o Vietnam, algunos de sus más visibles escenarios.

¿Y qué hay de Jerusalén? David Ben Gurión batalló contra los ingleses de 1945 a 1948 a base de terrorismo. Tanto él como sus camaradas en la causa accedieron a importantes cargos en los sucesivos gobiernos israelíes, una vez logrado su Estado artificial. ¿No hay también una muy solapada denuncia de los métodos poco ortodoxos en la construcción de esta Nación? ¿No puede leerse “Tú, el Inmortal” en clave actual y extrapolarlo al conflicto árabe- israelí? Mentiría si dijera que Zelazny hubiese tomado partido por algún bando, pues “Tú, el Inmortal” es una obra crítica contra el anticolonialismo de la misma manera en que lo es contra su opuesto, ya que el fin no justifica jamás los medios, sólo construye falsas impresiones de felicidad.

Por eso y por muchas otras razones más, que es justo que el lector descubra, se hace necesario leer Tú el Inmortal. Una novela no sólo vigente sino también latente. Para que luego digan que la Ciencia Ficción no puede ser Literatura…

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