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Nova Swing, de M. John Harrison |
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Éste es un proyecto literario que huele a nuevo: nueva es la estructura narrativa, nuevos son los personajes, nuevas tramas, nueva forma de comunicar y de relacionarse con la obra y con el lector. |
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Michael John Harrison (Inglaterra, 1945) retomó el universo del Canal Kefauchi con su nueva novela, Nova Swing (2006 en su versión original inglesa, y editada en España por Bibliópolis en 2007), una ‘midquel’ de Luz (novela publicada en 2002, y que ya analizamos en Fantasymundo) que, al igual que su predecesora, fue reconocida con prestigiosos galardones como, en este caso, el premio Arthur C. Clarke 2007 y el Philip k. Dick 2008.
Con Nova Swing, M. John Harrison ha abierto la mano en cuanto a la accesibilidad de su lectura, adoptando una estructura narrativa, un estilo, y un ritmo mucho más cercanos a lo que podríamos llamar una novelística ‘clásica’: uso continuo del espacio y lineal del tiempo; reduce en mucho las evocadoras imágenes fractales, lo que permite una lectura más sostenida, y necesaria de un menor esfuerzo de atención; perfila de forma mucho más clara y marcada a los personajes principales; o, por ejemplo, limita en mucho tanto las referencias a objetos o realidades extemporáneas, como los juegos especulativos de carácter teórico-científico.
Igualmente, si Luz nos recordaba por momentos a El arco iris de la gravedad, del grande Thomas Pynchon, Nova Swing nos evoca, en su estilo y argumento, a otra novela, a la que (¿curiosamente?) hace referencia ya Harrison en las breves citas con las que se abre la obra: Picnic junto al camino (originalmente de 1971, y publicada en España en Nova en 2001), de los hermanos Arkady y Boris Strugatski. Una obra sobre la que, siendo toda una ‘obra maestra’ de la Ciencia Ficción, ya Andrei Tarkovski hiciera la película de 1979, titulada Stalker.
El que se optase por formas y técnicas más reconocibles en Nova Swing no implica, no obstante, que se abandonasen definitivamente muchas de las técnicas y los ‘trucos’ estilísticos marca de la casa. El Canal Kefahuchi continúa, quizás ahora de forma más clara que antes, expulsando objetos desde su interior, por lo que los juegos de prestidigitación y adivinación también hacen aquí acto de presencia. Los nombres de los personajes son, quizás, uno de los ‘guiños’ autorales de la obra más claros: se puede ver cómo evolucionan algunos de ellos, mientras van adquiriendo una mayor entidad en el argumento, a partir de cómo se les denomina o se les caracteriza.
El argumento nos presenta en esta ocasión, además, a un Canal Kefahuchi con más presencia: ya no es un simple elemento de contexto, sino un eje importante de significación: las realidades a las que el ‘entradista’ Vic Serotonina puede llevar a sus pasajeros, entre los que se encuentra su última turista ilegal, Elizabeth Kielar; el contrabando de objetos extraídos no del horizonte de sucesos, sino del interior mismo del Canal, en su cooperación con Paulie DeRaad; el experto y retirado entradista Emil Bonaventura, y su estrecho contacto con Vic Serotonina y con el detective Aschemann; incluso las aspiraciones y los sueños de personajes secundarios como Antoyne Messner o Liv Hula; todas sus historias y relaciones están ligadas con un Canal que funciona aquí de epicentro de la trama principal y de las tramas secundarias.
M. John Harrison, un autor que va camino de convertirse en un clásico vivo imprescindible de cualquier amante de la Ciencia Ficción
La mayor novedad, con todo, es la existencia de un tono único para toda la narración, próximo al de la reconocible novela negra: el detective Aschemann inicia una investigación en base al extraño comportamiento que exhiben algunos de los habitantes de Saudade y que Aschemann atribuye a algún objeto o realidad desconocida introducida ilegalmente del Canal Kefahuchi, sus pesquisas lo conducen hasta un conocido dúo de contrabandistas del canal, Vic Serotonina y Paulie DeRaad, que en ese tiempo están preparando la que –supuestamente- sería la última colaboración entre ambos.
La investigación policial de la Policía de Artefactos (que atiende al contrabando ilegal desde dentro del Canal) es el motor narrativo a partir del cual evolucionan las subtramas: la relación de Emil Bonaventure con su hija, Edith, con su antiguo compañero entradista, Vic Serotonina, o con un viejo conocido de antiguas correrías, el mismo detective Aschemann; los debates existenciales en los bares entre el mustio Antoyne, secuaz de DeRaad, y Alice Naylon; la intrigante historia pasada entre Aschemann y su mujer, que lo corroe y consume según van avanzando las páginas… Lo que redunda en lo que decíamos al respecto de, por un lado, el mayor papel del Canal Kefahuchi, y por otro lado, del tono vinculado a la novela detectivesca.
Además, los personajes de Nova Swing tienen una precisa y clara elaboración que, contrariamente a lo que nos encontramos en Luz, llega a caracterizar incluso su fondo psicológico. Para ello ya no se echan mano de subtramas que apostillen rotundas afirmaciones, ni tampoco de imágenes caleidoscópicas que busquen el equilibrio de una caracterización contundentemente marcada. Aquí son las acciones, los pensamientos y los sentimientos de cada uno de ellos, en su dimensión introspectiva o en su relación con los demás personajes, los que los caracterizan bien por dentro o bien por fuera. El simple hecho, incluso, de optar por una caracterización más profunda y diáfana, dota a estos personajes de una mayor transparencia lo que, a su vez, mejora su capacidad de empatía con los demás personajes… y con el lector. Algo que echamos mucho de menos en su predecesora, y que aquí Harrison busca y consigue, con gran éxito y para deleite de todos.
M John Harrison consigue, entonces, un ‘aún-más-difícil-todavía’ en Nova Swing. ¿O acaso no resulta meritorio hacer una novela completamente distinta a partir de una novela anterior? Porque Nova Swing, como hemos intentado destacar a lo largo de esta crítica, es una novela cuya inspiración, de hecho surge de Luz, pero poco más tienen en común que esa génesis original que las imbrica contingentemente.
Por lo demás, éste es un proyecto literario que huele a nuevo: nueva es la estructura narrativa, nuevos son los personajes, nuevas tramas, nueva forma de comunicar y de relacionarse con la obra y con el lector… Y, además, ¿cuántos autores pueden presumir de haber escrito ‘midquels’ capaces de mantener novedosa relación de distancia con sus predecesoras, hasta el punto de resultar por completo distintas respecto de aquellas?
Adéntrense, pues, sin temor en la nueva y gran obra de M. John Harrison. Un autor que, a base de construir paso a paso uno de los mejores catálogos autorales del género, va camino de convertirse en un clásico vivo imprescindible de cualquier amante de la Ciencia Ficción.
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