|
|
El Sueño de Hierro, de Norman Spinrad |
|
|
|
|
|
El autor se sirve de la ciencia ficción, y más concretamente de la ucronía, para criticar una forma de ver la vida basada en el reconocimiento genético de una conciencia superior. |
|
Adolf Hitler nace en Austria y emigra a Alemania, en cuyo ejército sirve durante la Gran Guerra, poco antes de emigrar a Nueva York en el año 1919. En el ínterin, Hitler estuvo asociado a un partido radical llamado Nacionalsocialistas, que desapareció en el año 1923, siete años antes del golpe de estado comunista acontecido en el país teutón. La Unión Soviética invadiría más tarde también el Reino Unido.
Hitler y el partido siempre fueron anticomunistas declarados, pero el primero se desvinculó con el tiempo de los nazis, al considerar que sus socios conformaban un pequeño grupo burgués tan solo interesado en discutir y tomar café tranquilamente. La acción directa les era ajena. Hitler, ya emigrado a los Estados Unidos, participaba en acalorados debates con los escritores de ciencia ficción radicados en el país sobre política, al tiempo que publicaba escritos e ilustraciones y editaba su propio fanzine amateur, mientras trabajaba como escritor profesional.
El Señor de la Esvástica, relato que ocupa buena parte del libro que nos ocupa, El Sueño de Hierro, fue escrito por Hitler poco antes de su muerte, y ganó el premio Hugo en 1954 de ciencia ficción y fantasía, uno de los más prestigiosos del mundo dentro del género. Tanto el ideario del relato como sus símbolos fueron adoptados más tarde por diversos grupos de ultraderecha, confesos anticomunistas, que intentaban contrarrestar el enorme poder que la Unión Soviética había alcanzado con su política imperialista de ocupación sistemática.
El Señor de la Esvástica fue escrito en seis semanas por Hitler poco antes de fallecer en 1953 debido a múltiples problemas de salud, lo que, según el autor del libro, bien pudo influir en su trama y desarrollo… y en su ideario, como más tarde veremos. Pero sin duda la situación mundial, con una Unión Soviética que se anexiona buena parte del mundo sin apenas oposición, que domina Europa, casi del todo África y que ya amenaza a América y Asia, alentaron sin duda el odio racial de Hitler hacia todo lo comunista que rezuma el relato.
El mundo en tiempos de El Señor de la esvástica es un universo post-nuclear, donde la guerra atómica finalizó con un cataclismo generalizado y la posterior contaminación medioambiental. La industria está basada en las máquinas de vapor, aunque unas pocas a gasolina perviven aún, y la población multiracial y mutada es la norma en los distintos países. El relato arranca con el “verdadero hombre” Feric Jaggar, un ejemplar “alto, vigoroso, en la flor de la virilidad, cabello rubio, piel blanca, y los ojos azules y brillantes. La musculatura, la estructura ósea y el porte eran perfectos, y la ajustada túnica azul estaba limpia y en buenas condiciones”. Viaja a la frontera entre Borgravia y Heldon, con el fin de pasar las pruebas genéticas y entrar en el país que representa a la humanidad “pura”, los pocos individuos sin contaminar ni mutar del Mundo. Sus padres, exiliados políticos, tuvieron que emigrar a Borgravia, pero él espera retornar a la que considera su patria, Heldon. Asqueado de los Pieles Azules, los Caraloros, los Hombres Lagarto, los Hombres Sapo y los Arlequines, entre otras mutaciones, Jaggar busca dejar atrás toda esa “podedumbre genética” e ingresar en la ciudadanía de Heldon.
En el puesto fronterizo, donde se desarrollan las pruebas genéticas que permitirán o no la entrada en Heldon, nuestro "héroe" se da cuenta de que la guarnición que lo defiende y efectúa las pruebas está bajo el patrón de un Dominante (Dom), que ayudado por su peculiar estructura neuronal, tiene la facultad de imponer sus deseos a otros seres vivos. La guarnición deja pasar a todo tipo de “desechos” genéticos bajo su influencia, pero Jaggar no puede hacer nada sin contar con ayuda, ya que los militares no pueden darse cuenta del dominio de la criatura. Acepta la ciudadanía de la Alta República de Helder pero no sin tomar nota del incidente.
Heldon, tras la Gran Guerra, consiguió a pesar de la contaminación conservar a su población indemne gracias a controvertidas medidas de control genético. A menos que se demostrase su pureza, una persona no puede engendrar hijos en Heldon sin el permiso del estado, tras rigurosos exámenes médicos, y un historial familiar limpio de toda contaminación.
En los otros países la mutación es la norma, si bien todavía persisten algunos humanos de genotipo puro. La mayor amenaza es Zind, gobernada por los Dominantes, que efectúan toda clase de experimentos genéticos destinados a conquistar el Mundo y aplastar totalmente a la vieja humanidad. El odio entre estos dos pueblos es infinito, y muchos de los Doms se infiltran incluso en Heldon intentando dominar a los humanos.
En su primer día en Heldon, Jaggar se encuentra en una taberna con Bogel, representante del Partido del Renacimiento Humano, un grupo enemigo mortal de los Doms y los universalistas (que promulgan la aceptación de la mutación). Pero Bogel carece de poder de oratoria, y no consigue siquiera durante su mitin sublevar al público. Pero será Jaggar quien consiga hacerlo, levantar a la clientela de la taberna contra el gobierno y empujarles a atacar el puesto fronterizo, donde el Dom tiene atrapada a la guarnición con sus poderes mentales. Destruyen al mutante y los heldonianos aclaman a Jaggar. Bogel se da cuenta de que está ante un líder nato, y le ofrece comandar a su partido en pos de la gloria de Heldon.
Durante un viaje, ambos se encuentran fortuítamente a los Vengadores Negros, un grupo de motoristas bárbaros a los que se encara. Su jefe, Stopa, reta a Jaggar a pasar el rito de iniciación al grupo o a morir, a lo que éste accede gustoso. No solo pasa las diferentes pruebas, sino que se hace con el mítico Cetro de Acero, que solo pueden empuñar los descendientes de la sangre real de Heldon. Los Vengadores Negros quedan impresionados al comprobar que el Cetro, que nadie de entre ellos puede alzar por ser demasiado pesado, se vuelve ligero con el contacto de la mano de Jaggar, y le juran lealtad absoluta.
Con los Vengadores Negros de su parte, renueva totalmente el partido de Bogel y conquista el favor de la población de Heldon gracias a una matanza televisada de mutantes que vivían en el país durante unas elecciones. Consigue un puesto en el Consejo de Heldon, y en la primera reunión amenaza a sus miembros con la muerte si no acceden a sus exigencias: muerte a los mutantes, completo control del ejército y la política de Heldon, y por supuesto, poderes especiales y completos para él mismo.
El Sueño de Hierro, de Norman Spinrad vuelve a las librerías españolas tras 25 años de su primera edición de la mano del Grupo AJEC. Esta novela, que pretende ser una crítica del nazismo, rompe el tópico de que las novelas reflejan la ideología de un escritor. Nada más lejos. Spinrad es judío y naturalmente contrario al antisemitismo, y sin embargo, su novela podría pasar perfectamente por una paranoia esquizoide de cualquier iluminado nazi del montón en un momento de iluminación divina racial. El autor se sirve de la ucronía doblemente para criticar una forma de ver la vida basada en el reconocimiento genético de una conciencia superior.
Si el subgénero de la ciencia ficción llamado “ucronía” se basa en la escritura de una trama a partir de un punto en el pasado que sucedió de forma distinta a como lo ha hecho en realidad, Spinrad nos muestra un Hitler que jamás fue un dirigente político, sino un escritor del género que emigó a los Estados Unidos y escribió una obra nazi.
La novela no puede leerse sin torcer el gesto en casi todos los pasajes, la trama repele casi físicamente y lo absurdo y plano de los personajes es tan evidente que tras las primeras páginas nos damos cuenta fácilmente que el supuesto relato de Hitler ha de ser por fuerza una crítica inteligente. Tan solo una muestra literaria tan pura de racismo puede inspirar su rechazo, como muy bien entendió Spinrad. Nuestra conciencia nos impide asumir las decisiones de Feric Jaggar, cada vez más alocadas, violentas e injustificadas, pero dotadas de una lógica racial difícilmente contestable.
Se trata de un burdo panfleto político/militar, destinado a demostrar las inconsistencias de una ideología basada en el odio al diferente, en el orgullo obsceno por la genética pura, en la necesidad de preservar la especie de toda mácula. Spinrad demuestra la rotundidad de su planteamiento: tras terminar la novela, lo cual requiere cierto esfuerzo debido a la tremenda carga sangrienta y racista que destilan sus páginas, la única reacción posible emerge claramente: el rechazo a la cultura del odio.
El “héroe” personificado en Jaggar es una suerte de caballero moralmente indestructible, de juggernaut racial que exige de sus adoradores una devoción sin límites ni fisuras, es la personificación del culmen del odio, con su particular Excalibur representado en un cetro salvaje de tradición milenaria… poco a poco nuestro personaje va tomando conciencia del poder de su “destino”: el aplastamiento de todo aquel que no tenga la sangre prístina y libre de contaminación. El supuesto relato de Hitler es la historia de la degeneración final de un sentimiento no disimulado de orgullo, de la decadencia de la especie humana y del triunfo final del odio. Pero paradójicamente, el lector no llegará a esa conclusión tras leerlo. Incluso en los dos apéndices incluídos en la novela y “ajenos” a Hitler, el escritor desmonta una a una las premisas de su relato.
El propio autor cayó presa de su propio hechizo. Afirmó que, tras escribir la novela, había comenzado a sentir y pensar como un nazi, circunstancia que en un judío como Spinrad puede resultar más que molesta. Y uno no puede por menos que comprenderle sin escandalizarse.
Una novela muy recomendable para lectores con dudas raciales…
|
|
|
Página 1 de 1
|
|
|
 |
|
|
Version imprimible
·
Recomendar a un amigo |
|
 |
|
|
|
 |
|
No se permite la reproducción íntegra de este artículo. Para reproducciones parciales o citas, consultar el apartado de NOTAS LEGALES
|
|
|
|
 |
 |
 |
 |
 |
|
|
| |
|
|
|
 |
|