Ediciones el Transbordador ha publicado esta novela corta de la Maestra Pilar Pedraza que originalmente se iba a llamar Surfeo en los infiernos, a partir del relato aparecido en la antología colectiva Onírica. Hijos de Iquelo (James Crawford Publishing, 2016), tal y como nos indica el Prólogo a cargo de Luis Pérez Ochando, excelente como siempre. No solo nos describe los antecedentes de su autora, sino que la vincula con las materias que tocará esta historia agridulce. Luis es responsable, también, del diseño de la impactante portada, muy Pedraza y de la que os hablo en el vídeo que acompaña esta reseña.

Pilar Pedraza

A lo largo de su carrera, Pilar Pedraza (Toledo, 1951) ha compaginado la investigación y la escritura, la docencia universitaria y la creación. En su obra encontramos cuentos, novelas, columnas, artículos, ensayos, ediciones críticas y traducciones de obras renacentistas. Como investigadora, destacan sus ensayos sobre cine (Metrópolis, La mujer pantera, Agustí Villaronga, Jean Cocteau…) y sobre la construcción de lo femenino en occidente a través de la literatura y el cine fantástico, con obras como La bella, enigma y pesadilla, Máquinas de amar o Espectra; como escritora de ficción, es autora de una extensa obra, de entre la que cabe citar: Las joyas de la serpiente, La fase del rubí, La pequeña pasión, Paisaje con reptiles, Piel de sátiro, Arcano trece, La perra de Alejandría, Lucifer Circus, Lobas de Tesalia, Mystic Topaz o El amante germano. Su trabajo la ha hecho merecedora de diversos premios en distintas ocasiones (Ciudad de Valencia, Ignotus, Nocte, Sheridan Le Fanu, etc.) Siendo el más reciente el premio Gabriel a su trayectoria literaria.

La historia, narrada en primera persona, arranca con la descripción de su protagonista, Sofía Fontbona O’Connor, barcelonesa de piel fina rosada y pecosa, con ojos claros y pelo rojo sangre como los de su abuelo materno, el gran Seán O’Connor, traductor del catalán al gaélico y viceversa. Sofía, además, descubrimos que es bipolar, aspecto que condicionará la novela y que la hace especial. La propia Sofía nos va a contar lo que le ocurrió en 1993, cuando tenía 33 años. Era profesora de literatura griega e intentaba sacar adelante su trabajo, como ocurre en todos los entornos laborales. En abril de aquel año, la invitaron a dar una conferencia en un curso de verano que se realizaba en agosto en Astipalea, una de las islas occidentales del Dodecaneso. Cada año la cátedra de griego de la muy noble activo Universidad nacional y Kapodistríaca de Atenas, con su catedrático y jefe departamento Konstantinos Arcabucos a la cabeza, organizaban un curso de tres semanas bajo el lema pitagórico ve a donde tus pies te lleven.

La novela nos traslada, gracias a la buena narrativa de Pilar Pedraza, al día a día de los alumnos, los profesores y el lugar, con ese sabor que solo puede ofrecer Grecia tras siglos y siglos. No os he dicho que Amador Peñafiel (curiosa la elección del apellido; veréis por qué) es otro de los personajes de la novela y para mí con un significado especial por su cuidado de Sofía. Es psiquiatra y el marido de la protagonista. Él la ha dejado marchar sola a regañadientes porque consideraba que se encontraba en riesgo de una depresión latente que no terminaba de explosionar, pero cuyas consecuencias él conocía. Os recuerdo que en aquella época no existía Internet ni los teléfonos móviles, por lo que la comunicación se realizaba vía teléfono o a través de cartas manuscritas.

Comer musaca, pulpo, marisco, pepino, los productos típicos de la tierra, pasear por las playas, los bosques de pinos, ver los atardeceres, los templos, los que estaban en la isla de Micenas, todo aquello produce un auténtico síndrome de Stendhal, una entraña especie de orgasmo que envolverá ala protagonista, con las consecuencias que eso conllevará. Aquí es donde Pilar Pedraza pone toda la carne en el asador y nos atrapa como en una alucinación que das por real.

Emisión de La Nave donde os cuento el origen de mi afición por las mitologías clásicas y os recomiendo una película, además de resumir por qué me ha gustado Pánikas.

Me quedo con los perfiles de personajes como el del médico FreddieIrene Patalas que rodean a Sofía. He sufrido con los vahídos de Sofía, sus visiones en la playa. He disfrutado comiendo cordero asado y vino con agua y miel como antaño. Son fabulosas las continuas referencias insertadas con acierto a la mitología, una perfecta fusión de naturaleza, clásicos,… Es todo un clímax la visión del fauno o cómo se idolatra la imagen del profesor servio Janos Hunyàdi, otro puntal necesario en la novela.

Pero, si algo me ha gustado, ha sido el tratamiento de la enfermedad de Sofia, los médicos que se han acercado a prestar su ayuda, de una u otra manera, para combatir esas espectaculares alucinaciones, en ocasiones vinculadas a la muerte (muy Pedraza, de nuevo). Me ha fascinado la descripción de lo que es un sueño lúcido.

Tras esta intensa lectura, concluiréis que Menos pastillas y más Teócrito, al son de Lucy in the Sky with Diamonds. Que cada uno/a marche a su Astipalea particular a enfrentarse con el mar. Hacedme caso, seguid la senda de los Guerreros del Sueño y surfear en los infiernos como he hecho yo.

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2 Comentarios

  1. Gracias por tu atinada recesión y por tu video, Jaime, y gracias a Fantasymundo por ser tan amables conmigo. Me dais muchos ánimos para continuar en esta senda extraña y para continuar en ella sin abandonar lo siniestro. Abrazos. Pilar Pedraza.

    • Pilar, de nuevo, qué mágica combinación has logrado crear en esta condensada historia; un elixir que te transporta desde lo real a lo mágico, de lo cabal a lo imaginado. El peor terror es el provocado por la mente enferma y tú nos guías a través de esos laberintos del averno delirante cual Virgilio. Escribe, por favor, escribe más y no pongas freno a tu desmedida imaginación. Un abrazo fuerte, Maestra.

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