La madrileña Editorial Valdemar fundada en 1989 y premiada en varias ocasiones por la calidad de sus libros, tanto en contenido como en forma, acaba de publicar en su colección El Club Diógenes el título 339 de la misma. Esta colección, en formato bolsillo, está abierta a todos los géneros: Literatura general, literatura fantástica, misterio y aventuras, viajes, memorias y ensayo. La encuadernación es hilo en rústica con un formato 17 x 11 cm y ahora uno nuevo 19 x 12 cm. Os recomiendo encarecidamente, a los pocos que no conozcáis esta editorial, que echéis un vistazo a su selecto catálogo. Tiene un fondo editorial de más de seiscientos títulos, la mayoría de ellos clásicos imprescindibles de la narrativa de género, cuidadosamente traducidos por algunos de los mejores especialistas de España como Mauro Armiño, Francisco Torres Oliver, Juan Antonio Molina-Foix, José María Nebreda, Marta Lila Murillo u Óscar Palmer. Podréis encontrar, entre otros, las obras completas al castellano de H. P. Lovecraft, la serie de Sherlock Holmes, las obras de Bram Stoker y Marcel Proust, o los cuentos completos de Robert Louis Stevenson.

La autora que hoy nos ocupa, Pilar Pedraza (Toledo, 1951), acumula ya una docena de obras publicadas en Valdemar, adscribiéndose la mayoría a uno de sus tres temas predilectos: las historias relacionadas con auténticos freaks de feria, personajes marcados por malformaciones o caprichos genéticos, como en Piel de sátiro (1998), El síndrome de Ambras (2008), y Lucifer Circus (2012); los ensayos sobre el papel de la mujer en la Historia y la cultura, como Máquinas de amar (1998), Espectra (2004) y Brujas, sapos y aquelarres (2014); y, por último, las narraciones ambientadas en el mundo clásico, Grecia y Roma, pero con un fuerte componente fantástico, como La perra de Alejandría (2003), Lobas de Tesalia (2015) y la presente novela, El amante germano. No en vano, Pilar reconocía en una entrevista que de jovencita le apasionaba la Mitología Griega y Romana, haciendo énfasis en su riqueza y tipo de fantasía que desarrolla. Podemos entender que todo ese poso unido a su formación como Doctora en Historia por la Universidad de Valencia le ayude a escribir libros tan maravillosos a la par que doctos en la materia que nos hacen disfrutar y aprender.

Antes de entrar en materia, permitidme que os mencione que la ilustración de portada e interiores han corrido a cargo de Luis Pérez Ochando. Tanto esa calavera, símbolo de lo caduco de nuestra existencia hasta para los portadores del laurel, como la imagen del anfiteatro nos anticipan el alma del libro y escenas concretas donde la historia se tornará álgida. La populosa imagen inferior, de inspiración barroca, muestra lo que la novela es en definitiva: un óleo de la Roma imperial donde una familia acomodada será el epicentro de nuestro cuento oscuro de hoy. Pero, el ilustrador también nos proporciona unas láminas interiores vinculadas con algún que otro pasaje. Plumilla negra y composiciones psicodélicas que añaden oscuridad a la ruptura de las dimensiones tal y como las concebimos.

La historia, que se divide en tres partes, arranca con una Valeria de dieciséis años que ha enviudado tras perder a su prometido el germano Druso Minor, tribuno de la Guardia Germana. Pero… ¿es viuda o es soltera? Porque lo cierto es que boda como tal no hubo. La joven Valeria vive en la domus que sus padres poseen en el Aventino. Hija del senador Domicio Porcino y la domina Domicia, la vida le es próspera y cómoda, aunque monótona, entre sus hermanos y hermanas, si bien prefiere la compañía de las primas de Druso, Febronia y su hermana Flámina , las cuales ejercen de bellas y rubicundas doncellas que la acompañarán a lo largo de la novela como confidentes, cómplices y que vivirán en carne ajena el mal de amores del que será presa la rebelde Valeria. Y digo rebelde porque casi esto es un epíteto de la adolescencia. El enfrentamiento con las encorsetadas normas de su madre serán continuas. La joven no está dispuesta a doblegarse al destino y no va a seguir los pasos que marca el culto a Venus y los protectores del hogar frente a las promesas que otros dioses de fuera ofrecen.

Así es Valeria, altanera, no muy distinta a su madre a su edad como podremos descubrir. La hipocresía que impostan los padres para intentar ejercer su autoridad queda patente en varios pasajes del libro que la autora nos esboza apoyada en una meticulosa descripción del día a día en la Roma imperial donde la acción transcurre; una populosa ciudad llena de ruido, ritos, fiestas, peligros y demás estampas que nos trasladarán allí mismo de manera vívida como si fuéramos personajes más. Como os decía, Valeria es indómita y no le gustan ni los perros ni los gatos, pero sí los monos del jardín, de entre los cuales su preferido es Homúnculo. A este último añadid una guepardo, Amada, y ya tendréis dos personajes más cual fábula (lástima que no hablen). No es de extrañar entonces que la muchacha acuda ante las Cárites Infernales del cortejo de Hécate. La escena de la fiesta, la descripción del templo, la comida y las diosas es magistral, una especie de bacanal sólo para mujeres. De hecho, las Gracias infernales gozan de mayor popularidad frente a Gracias celestes, que son más clasistas. Las súplicas de Valeria van a ser escuchadas.

Que esto no te horrorice ni te haga echarte atrás. Vamos bien. Confía en mí. No seas pusilánime. ¡Estos trabajos no son los de la brujilla Agripinilla: es Próxima la que los hace! ¡La Próxima Nigra del Palatino, la amiga de las augustas princesas imperiales!

Pasemos ahora al Hades; Druso espera paciente junto a los Campos Elíseos su destino eterno, allí donde el concepto de tiempo desaparece. El despliegue mitológico decora todo el libro de manera soberbia; complacerá al conocedor de estos mitos y atrapará a lector que guste de una fantasía madura. Dioses con pasiones y debilidades de hombres, pero con poder absoluto. Druso pertenecía a una buena familia de soldados germanos que gozaron del favor del Emperador hasta formar, padre e hijo, parte de la guardia de confianza del emperador Cayo. Parece que durante el banquete previo a la boda, el mal augurio de un lobo con una paloma en la boca se iba a cumplir. Estábamos ante una familia rica donde el pater familias Domicio sólo quería un enlace con otra familia romana, no bárbara, pero…Valeria estaba perdidamente enamorada, por lo que se siguió con el guion hasta que el emperador llama a sus soldados de confianza y Druso fallece defendiéndole tras un ataque en la conjura de Lavinium. Para suerte del germano, se han oído los llantos y las plegarias de Valeria y el alto Tribunal compuesto por Minos, Radamante y Éaco fallan en pos del bravo soldado, aunque un documento sellado por Plutón a instancias de Proserpina permitirá visitar a su esposa por una noche en la casa paterna de la doncella y así consumar el matrimonio. Ascálafo, el enano mensajero le acompañará hasta la frontera de lo divino y lo terreno, advirtiendo a Druso que no cometa el error de Orfeo, el poeta. Finalmente, el germano cruza por una puerta de las excepciones y convierte a Valeria en mujer.

¿Será esto suficiente para aplacar el sufrimiento de la joven? Pues no, lo ha acrecentado hasta el extremo de tal manera que recurrirá a los servicios de la maga Próxima Nigra, el personaje más potente de esta novela. Descubre que Druso se personó por intervención de Proserpina y las Cárites Infernales y contrata al escultor ateniense Karnéades para que con la ayuda de Hygia Muecia, especializada en examinar los cuerpos como una médica, creen un muñeco de cera que recrea de manera fidedigna el cuerpo de Druso. La maga insuflará un ánima al autómata y Valeria tendrá lo que desea. O casi…

Hasta aquí puedo leer ya que la sinopsis propuesta por editor anticipa lo que os acabo de contar. Tranquilo público, el tema se complica de manera enrevesada y oscurece lo que no imagináis; y eso que en esta novela Pilar Pedraza contiene su vena gore de otras obras. Próxima, la mejor en su profesión, empleada por las altas esferas y conocedora de los libros, hechizos y pócimas que consiguen los deseos de sus clientes, lidiará con este encargo y las consecuencias de haber ayudado en la creación del golem.

Es fácil ver que esta novela palpita al ritmo de sus protagonistas femeninas, mujeres que cada una lucha y actúa con un coraje que se alimenta de sus deseos, mientras los hombres quedan en segundo plano al servicio de las necesidades de las féminas. Por tanto, la autora pone a la mujer como sujeto en el foco de la acción y en este texto hablamos del epicentro de un amor pasional, casi obsesivo y que poco margen nos deja para otro tipo de noblezas. Este fuego, antes de que se transforme en llamas que a muchos devore, es avivado por la maga, maestra del ardid y la manipulación, experta en rincones oscuros, tratantes de cabezas y conocedora de la fosa romana de la Ignoti. He llegado a ver un paralelismo con la Celestina de Rojas en cuanto a las maneras. Es Próxima y su misteriosa belleza que irradia como un imán la que realmente consigue de sus clientas lo que desea, aunque lo cierto sea que sus ojos están puestos más allá de la frontera allende los dioses a los que sirve y de quienes anhela la recompensen por sus artes.

… comunicaron a Próxima lo que debia hacerse y desaparecieron en las sombras.

El texto está repleto de menciones a leyendas, deidades y detalles de la Mitología griega y romana sin ser disonantes. La luz pasa en esta novela desapercibida; la fantasía que encierra este libro es siniestra, ese terror que Pilar sabe crear emanado por criaturas informes, estatuas que cobran vida, ánimas (que no almas) que son insufladas en un cuerpo inanimado. El terror a no controlar su propia creación.

Próxima es una maga, una hechicera típica y entregada, anhelante de servir a sus dioses para así alcanzarlos. No dudará en emplear a las primas que están siempre ahí, colaboradoras, amigas, confidentes, la compañía perfecta y necesaria en todo este cuento fantástico con el submundo. La magia se convierte en una nueva religión en que creer. No engañan con oficios que prometen, que son metáfora, es decir, nada.

Este amor desconsolado y voraz que rezuma la novela arrastra a romper las leyes y hacer cosas prohibidas por los mortales que enfadará a los dioses. Han creado un autómata infernal con cera de abeja perfectamente cincelada y el ánima de un mortal que vivió de manera extravagante. Mientras tanto, Druso asiste, con menor vehemencia, como testigo triste desde el Hades, junto a Orfeo y Eurídice bebiendo hidromiel en un diván en los Campos Elíseos, viendo a Valeria estrechada y gozando con el muñeco. La autora se maneja con soltura innata en la descripción de todos los ritos llevados a cabo y convierte a los dioses en personajes magníficos, pero que existen en realidad, tan cerca que casi podemos tocarlos.

Emisión especial de La Nave de LanarkMcKlaor donde se habla de la editorial Valdemar, la prolífica autora Pilar Pedraza y se detallan los múltiples ingredientes que alimentan esta fantasía oscura ambienta en la Roma clásica.

Antes de acabar esta reseña quisiera remarcar la aparición de Candaces, luchando en el anfiteatro con leones, demostrando una vez más que este es un libro de mujeres singulares. Tomo nota de esas lealtades como la del esclavo Lycas que agradecen lo recibido y me fascina el toque gótico del ansia de sangre del autómata, metáfora clásica de la vida que necesita de la ajena para mantener la propia. En conclusión, un cuento coral de mujeres pasionales sito en la bulliciosa Roma clásica enlazada ineludiblemente con los dioses rectores que en ocasiones nos muestran los caminos estrechos hacia el submundo. Estamos ante la densa narración del fruto de los turbios manejos de una bruja y los deseos impíos de una muchacha temeraria. Un relato fantástico, ligero pero docto, que expresa hasta dónde somos capaces de llegar por satisfacer nuestras pasiones. La resolución de la historia cumple como no podía ser de otra manera e incluye un genial guiño en la página 242. ¡Qué grande eres, Pilar!

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Jaime Santamaría
Economista con alma de escritor. Amante de los viajes, tanto de los que requieren maletas como imaginación. Siempre con ganas de aprender.

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