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Emmanuel Reuzé lanza una sátira muy afilada a todo aquel que se cruza en su camino.

¿Cuántas crisis económicas, guerras, conflictos internacionales o problemas sociales hemos vivido durante los últimos cinco o seis años? La sociedad está harta de vivir en un posible apocalipsis constante, a las puertas de la indigencia o, simplemente, cansada de no poder acceder a una vivienda pese a llevar años trabajando sin descanso. La respuesta de los políticos y directores de las grandes corporaciones suele ser la misma: apretar más al ciudadano, polarizar aún más las opiniones y seguir las tendencias semanales vistas en redes sociales para rascar un par de votos.

Con este panorama diario que nos ha tocado vivir, hay quien se enfada, quien se resigna, quien alza la voz y, en algunas ocasiones, también nos encontramos con personas que critican el sistema a base de humor y una sátira cargada de crítica que no deja a nadie fuera del punto de mira. Este último caso es el de Emmanuel Reuzé, guionista de «No hay que tomar a los imbéciles por gente», un cómic publicado en España por Norma Editorial que busca tocar la fibra sensible de los lectores con una sátira social que hace un repaso a todo lo que hemos comentado hace unas líneas. Si te llama la atención, no te pierdas el resto del artículo.

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El humor como vía de escape

«No hay que tomar a los imbéciles por gente» es una recopilación de historietas y chistes de una o dos páginas como mucho, en las que el autor utiliza el absurdo como motor para criticar a la sociedad actual y sus muchísimas carencias y contradicciones. A lo largo de sus 112 páginas, encontramos viñetas que sacan los colores a los modelos educativos actuales, a la censura de obras clásicas analizadas con un prisma contemporáneo, a los políticos que hacen y deshacen a su antojo para rascar votos siempre que pueden, al racismo que impera en gran parte de la sociedad y a muchos otros temas que Reuzé consigue condensar en poco más de una página en la mayoría de los casos.

Esta estructura dividida en pequeñas microhistorias permite afrontar la lectura de dos maneras muy distintas: dosificarla en pequeños bocados de dos o tres páginas al día durante semanas o, por el contrario, darnos un auténtico atracón y disfrutar de toda la mala baba del autor en una sola sesión. En cualquiera de los dos casos, podemos confirmaros que a Reuzé no le tiembla el pulso a la hora de usar el humor negro como arma, y es posible que hiera la sensibilidad de algunos lectores que esperen una lectura más blanca o amable.

Hay un par de detalles que nos han gustado especialmente en la forma de estructurar el cómic. Por un lado, al comienzo de cada historia aparece un pequeño icono relacionado con la trama que vamos a leer, lo que nos permite identificar fácilmente cuándo empieza una nueva microhistoria. Este recurso también sirve para conectar relatos que están divididos en varias partes y repartidos a lo largo del tomo. Un buen ejemplo es el escenario recurrente del despacho de un político que va modificando leyes según le conviene, y cuya decadencia ideológica se va mostrando progresivamente a lo largo de toda la obra.

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Como es lógico, algunos chistes funcionan mejor que otros, pero en general podemos decir que nos hemos reído mucho —en algunos casos incluso cuando nos ha generado un ligero cargo de conciencia hacerlo—. El tono ácido, burlón y profundamente crítico de los diálogos funciona especialmente bien cuando nos vemos reflejados en ellos.

El encargado de dar vida visual a «No hay que tomar a los imbéciles por gente» es Nicolas Rouhaud, que ha optado por un estilo que recuerda poderosamente a las viñetas de las tiras cómicas de periódicos y revistas francesas de hace un par de décadas. Además, el uso de colores sepia y tonos apagados ayuda a reforzar esa sensación de estar ante una publicación clásica, casi atemporal.

Conclusión de la reseña de «No hay que tomar a los imbéciles por gente»

Partiendo de la base de que no es un cómic para todo el mundo, «No hay que tomar a los imbéciles por gente» nos ha parecido una auténtica lección de sátira social como no veíamos desde hace mucho tiempo. Es cierto que no siempre acierta, pero cuando lo hace, da justo en el centro de la diana.

Funciona mejor como aperitivo diario bien dosificado que como lectura principal para una tarde completa, pero en cualquier caso es una obra más que recomendable si buscas una lectura ácida, crítica y sin pelos en la lengua que haga un repaso certero a muchos de los males cotidianos de nuestra sociedad.

Luis Collado
Director de la sección de videojuegos. Economista especializado en marketing. Hablo de videojuegos, cine y libros siempre que puedo.

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