Mesías de Dune, de Frank Herbert

Editado por primera vez cuatro años después de la primera novela de la saga Dune (pulsar para ver el artículo), su continuación, “Mesías de Dune” (1969), no es en realidad una obra como tal. El propio Frank Herbert asegura en el prólogo que gran parte del corpus de este libro provenía de manuscritos ya escritos durante el proceso creativo de la primera parte, que adquirieron mayor consistencia y significado al desarrollar la historia más en profundidad. No es de extrañar, pues, que “Mesías de Dune” cosechara en el momento de su publicación parcos halagos por parte de la crítica especializada. Seguramente esperaban una continuación al uso, con los mismos elementos místico-ecológicos, y el resultado decepcionó a más de uno.

La historia continúa doce años después del ascenso de Paul Atreides a la jefatura de los Fremen en Arrakis, y de su nombramiento como Emperador del mundo civilizado. Bautizado por sus acólitos como Muad’dib, inicia involuntariamente un culto a su persona y mito, prendiendo en todo el imperio la fulgurante llama de la yihad que tanto tiempo trató de evitar: los Fremen se han transformado ahora en un invencible ejército que invade y sojuzga planetas infieles, guiado por la instintiva y cultivada capacidad para la estrategia de Paul y una lealtad fanática de los mandos e ideólogos de la nueva religión. Su hermana Alia, nacida ya plenamente consciente y con las múltiples memorias Bene Gesserit en su interior, gracias al Agua de Vida ingerido por su madre cuando aún estaba en cinta, forma la otra base del pilar de la nueva religión Fremen que conquista el universo… se ha transformado en una bella y terrible mujer, con poderes casi equiparables a los de su hermano, pero con una sabiduría menguada por la soberbia y una temprana comprensión.

Muad’dib, fiel a los planes ecológicos que le aseguraron la fidelidad fanática Fremen, se dispone a convertir Arrakis (Dune) en un planeta de difícil realidad dual: resecos y vastos desiertos donde la especia que cohesiona el universo (melange) siga extrayéndose sin mengua, junto con extensos bosques y abundancia de agua en otras latitudes que aseguren la pervivencia del mito del extranjero mesías y la confianza de sus acólitos.

Pero los grupos de poder, paralizados durante este tiempo, comienzan a unirse de nuevo bajo el miedo cada vez mayor hacia el nuevo emperador: temen que el avance ecológico de Dune termine por impedir el correcto fluir de la especia geriátrica, la sustancia adictiva que prolonga la vida y proporciona presciencia, sin la cual los viajes seguros a través del espacio no son posibles, ni la visión oracular del futuro con la que juegan la Bene Gesserit, la Cofradía Espacial, los Tleilaxu,… quienes se convertirán desde este momento en los principales enemigos de los Atreides y los Fremen.

La influencia definitiva de la especia en la dieta de Paul y su ascendencia genética perfecta gracias a los esfuerzos Bene Gesserit, le han convertido en el Kwisatz Haderach, aquel que puede estar en varios lugares a la vez, escudriñar el futuro y bucear en las memorias pasadas, aquel a quien nada puede serle ocultado,… una peligrosa arma apuntada hacia las conspiraciones de sus enemigos.

Pero el verdadero talón de aquiles de Paul no reside en la fortaleza de sus enemigos, sino en la misma fuerza del culto que ha iniciado gracias a sus poderes: su mayor enemigo es él mismo. En doce años tras su ascensión al Trono del León Dorado, sus acólitos Fremen han esparcido las semillas de su religión en cientos de planetas, asesinando o convirtiendo a cientos de miles de millones de personas. El máximo sacerdote de la Qizarate (el movimiento misionario de Paul), Korba el Panegirista, antiguo Fedaykin (los Comandos de la Muerte de Muad’dib), es el responsable de extender la jihad por el imperio, que une a la humanidad bajo el único y férreo mandato del comandante-dios Paul. Stilgar sigue siendo la mano derecha del emperador, la figura leal y omnipresente en las decisiones y acciones de éste, un amigo fiel y en ocasiones temeroso del tremendo poder que adivina en su amigo y adorado y en su hermana Alia. La Qizarate expande la nueva religión sin informar a Paul de sus acciones concretas para conseguir el dominio del universo conocido… pero éste sabe que los misioneros fanáticos buscan hacer de él un Dios temido y reverenciado, y perpetuar un esquema de dependencia y dominio religioso, aún a su pesar.

Mesías de Dune, de Frank HerbertPaul, gracias a su visión oracular, comprende mejor que nadie el devenir de la historia, los posibles caminos para evitar los peligros que amenazan con destruir su persona, su mito y a toda la humanidad, pero también entiende que no siempre puede evitarse la desgracia, y sobre todo, que en ocasiones no hay camino bueno… incluso el poderoso Kwisatz Haderach puede verse obligado a escoger el camino menos malo. Los navegantes de la Cofradía, compulsivos consumidores de especia, humanos que proporcionan las rutas seguras en la navegación interestelar, son los que más tienen que perder con la supervivencia de Paul, y los más parecidos a él en poderes. Ellos también se sirven de la presciencia, pero no comprenden sus sutilezas, tan sólo buscan asegurarse el correcto fluir de la sustancia geriátrica, y temen que Paul convierta Arrakis en un vergel que destruiría a los gusanos de arena que producen la especia. Paul y los Navegantes surcan los invisibles y engañosos caminos del tiempo y el futuro gracias a su visión presciente, pero tan sólo el primero tiene el completo poder oracular. La Bene Gesserit y la Bene Tleilax están seguros de su invulnerabilidad, ya que puede verlo todo y a todos, hasta que los Navegantes, en una reunión secreta, les comunican que Paul no puede ver los retazos del presente o el futuro allí donde esté presente uno de ellos. Este conocimiento inicia la traición, en la que Irulan, hija del anterior emperador Shaddam IV y esposa oficial de Paul, jugará un papel clave, así como los danzarines rostro tleilaxu.

La Bene Tleilax se presenta por primera vez en la saga de Dune de forma espectacular, como un pueblo que maravilla por sus avances tecnológicos, siempre al borde del abismo de la Yihad Butleriana, que prohibe la fabricación de máquinas pensantes, y como centro del complot contra Muad’dib. Duncan Idaho, antiguo capitán de los Atreides, y preceptor de Paul, fue muerto por salvarle de los ataques Harkonnen, pero los Tleilaxu guardan al emperador una sorpresa que no ha previsto. Sin prejuicios genéticos, la Bene Tleilax ha desarrollado un método para revivir la carne muerta preservada en tanques criogénicos, y le hacen un demencial regalo a Paul: un ghola de su amigo Duncan Idaho, llamado Hayt, una reproducción del cuerpo del más famoso espadachín de todos los tiempos… pero en su interior oculta una peligrosa dualidad. Hasta el momento, ningún ghola ha logrado restaurar su anterior memoria, y en su lugar, los tleilaxu le han implantado nuevos recuerdos y preceptos, manteniendo sus habilidades como luchador implacable… pero hay algo más en él: filósofo zensunni y poderoso mentat (computadora humana), ahora el ghola Hayt-Duncan es un peligroso binomio y una oculta incógnita, que confiesa sin ambages al propio emperador y amigo que la Bene Tleilax le ha creado para destruirle…

Por otra parte, la concubina y auténtica compañera de Paul, la Fremen Chani, busca concebir un heredero del trono, hasta que tras mucho intentarlo, se queda en cinta. Tanto Irulan como los demás poderes fácticos del imperio ven en la descendencia de Paul el mayor peligro al que deberán enfrentarse, una incógnita que podría perpetuar el feroz poder de los Atreides en el Trono del León Dorado.

“Mesías de Dune” representa en realidad un anexo de la historia original, una breve continuación que nos acerca mucho más al devenir histórico, político y religioso del universo de Dune. Si en la primera parte la ecología y la épica de la ascensión de la justicia contra la opresión marcaban el camino de una saga memorable, en esta novela estos hechos se hacen a un lado para ayudarnos a comprender mejor los caminos del uso del poder y de la religión, mediante un eficaz y denso tratado político destinado a completar el primer volumen. El misterio mesiánico, ya iniciado antes, se nos presenta ahora como la última trampa para la supervivencia de la individualidad humana, el último misterio que fagocita a su nuevo creador.

“Mesías de Dune” es una poderosa trama conspiratoria que atrapa al lector

Muad’dib, Paul Atreides, ya no es más el joven justiciero que trae la salvación a todo un pueblo desesperado y mártir de su propia tradición: se ha convertido en un tirano que domina con mano de hierro un mundo marcado una vez más por la venganza y la búsqueda y el mantenimiento de un poder efímero, a quien, en última instancia le repugna su propio lugar en la historia. La novela está repleta de reflexiones sobre el poder, la religión, la vida y las conjuras y trampas de los movimientos sociales y culturales. La represión religiosa del pueblo por parte de sus dirigentes apenas comienza a través de la Qizarate, que vigila al ciudadano y condena a los infieles a la prisión y el tormento, la propia Alia conspira contra su hermano y vigila sus movimientos, la Cofradía lucha en los caminos del futuro, que juega con el poder presciente como un niño con un caro juguete, la Bene Gesserit intenta perpetuar una vez más los esquemas genéticos que dieron lugar al Kwisatz Haderach, la Bene Tleilax enseña por primera vez sus garras,… “Mesías de Dune”, aún considerado como un libro que alienta la reflexión, es también una poderosa trama conspiratoria que atrapa al lector en medio de sus argucias y “trampas ocultas en las trampas”. Aunque no tiene la garra y el espíritu de la novela precedente, sí agradecerán su lectura los fanáticos de la saga. Sin embargo, en la humilde opinión de quien suscribe, supone únicamente un imprescindible paréntesis hasta la segunda y mucho más relevante novela del mundo de Arrakis: Hijos de Dune (1976), seguida de Dios Emperador de Dune (1981), Herejes de Dune (1984) y Casa Capitular: Dune (1985).

La descarnada y siempre sorprendente prosa de Frank Herbert ataca una vez más por lo profundo que hiere la consciencia del lector. Pese a no estimular en igual medida al lector con sugerentes contrastes de personajes y mundos, como hizo en su primera novela sobre Arrakis, la calidad narrativa de Frank y la profundidad del pensamiento vertido en sus líneas es del todo innegable, lo que sin duda hará disfrutar al lector ávido de ciencia ficción que busca más sobre los Atreides.

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