Historia y aventura aunadas para narrar la expedición liderada por Aníbal contra Roma, desde el punto de vista de la heterogénea tropa que derrotó a las legiones de la República.

Solo los nombres de los grandes líderes militares -y Aníbal Barca fue, sin duda, uno de los grandes estrategas de la antigüedad- encuentran lugar en los libros de historia.
Pero nunca hubieran pasado por sí solos a la posteridad. Fueron los hombres que los siguieron, la tropa de sus ejércitos, quienes pusieron el músculo y el acero, el sudor y la sangre, el valor y la muerte que están detrás de todas las grandes campañas bélicas.

El escritor valenciano Javier Pellicer lo sabe, y ha querido darles voz y sabido darles protagonismo en su última novela histórica, «Leones de Aníbal», publicada hace pocos meses por la editorial Edhasa.

La hazaña del general cartaginés del siglo III a.C. aún resuena con sones épicos más de dos mil años después.
Al frente de unas tropas heterogéneas, acompañadas de sus legendarios elefantes, el hijo de Amílcar atravesó la península Ibérica y el sur de la Galia para, cruzando con sus tropas la imponente cordillera de los Alpes, amenazar a su gran enemigo, Roma, en la propia península Itálica.

Pellicer narra en esta novela esa gesta épica, y para hacerlo elige no tomar como personaje central al propio Aníbal, sino repartir protagonismo entre algunos de los hombres que integraban su heterogéneo ejército: ellos son los leones a los que alude el título.
Como un testigo incrustado en la tropa, el lector comparte las aventuras que viven, la convivencia que mantienen y los combates que libran.

Tres son los dispares personajes sobre los que recae principalmente el peso de la historia:
Leukón, un joven guerrero celtíbero de Okalakom que parte a una guerra en la que cortar cabezas de enemigos, acompañado del recuerdo de su amada ausente.
Alcón, un traductor íbero de la ciudad de Arse, abrumado por sus debilidades y la traición a su pueblo.
Tabnit, un cartaginés consejero del mismo Aníbal, depositario de un secreto inconfesable.

El protagonismo femenino es para Nunn, una joven y enigmática gala, tan valerosa como valiosa por su conocimiento de las artes curativas.

Los grandes líderes militares nunca hubieran pasado por sí solos a la posteridad. Fueron los hombres que los siguieron quienes pusieron el músculo, el acero, el sudor, la sangre, el valor y la muerte que están detrás de todas las grandes campañas bélicas.

Una prosa directa y una estructura ágil, ordenada en capítulos muy breves y numerosos, hacen que el libro se lea con suma facilidad.
La trama de desarrolla sobre el armazón de un solvente trabajo de documentación previo, aunque no hemos de olvidar que se trata de una obra de ficción, no de divulgación: la labor del novelista es llenar con su imaginación los huecos que dejan los historiadores, a través de un relato que atrape a los lectores.

Pueblos íberos y celtíberos, con tanta frecuencia eclipsados por esas dos grandes potencias de la antigüedad que fueron Roma y Cartago -como si la península Ibérica hubiera sido un mero escenario de confrontación entre ellas, y los pueblos que la habitaban desempeñaran solo un papel secundario, casi como extras en un péplum– cobran importancia en este libro, lo que sin duda es algo que agradecemos muchos habitantes actuales de esa misma vieja península.

En lo personal, esta obra me ha traído recuerdos de lecturas de adolescencia, relatos históricos y de aventuras como La Compañía Blanca, de Arthur Conan Doyle.
He disfrutado leyendo este libro, pero con cierta reserva mental. Me he dado cuenta de que ahora soy menos inocente y contemplo con escepticismo la épica aventurera de la guerra, tan impostada e imposible de desligar del dolor y la miseria que la acompaña.

Como un testigo incrustado en la tropa, el lector convive y combate al lado de unos personajes de orígenes diversos, pero hermanados en las armas.

La calidad de la edición de la editorial Edhasa es espléndida. Encuadernado en cartoné de tacto verjurado y dos tonos de color, la cubierta muestra un bajorelieve con el título de la obra grabado en vertical en cubierta y lomo.

El interior está a la misma altura, con bellas guardas que reproducen en blanco y negro la ilustración de cubierta, un tamaño y tipo de fuente que facilita la lectura y hasta una cinta de seda como punto de libro.

La bella sobrecubierta, obra de Estudio Calderón, muestra a Aníbal atravesando los Alpes a lomos de uno de sus elefantes de guerra, seguido de sus tropas.

 

Javier Pellicer (1978), nació en Benigánim (Valencia) e inició su andadura literaria a través de los relatos. Ha participado en multitud de antologías; Fantasmagoria, Ilusionaria 2 o Crónicas de la Marca del Este, son las más destacadas.

Su novela corta La Sombra de la Luna se ofrece en formato e-book, desde la plataforma solidaria de Save the Children “1libro1euro”.

Su salto a la narrativa larga llegó con El espíritu del lince (Ediciones Pàmies), novela histórica en torno a la invasión cartaginesa de la península ibérica en el siglo III a.C., por la que fue elegido autor novel finalista en los IV Premios de Literatura Histórica Hislibris. Con su segunda novela Legados (Ediciones Holocubierta) viajó a lo fantástico con una obra homenaje a las aventuras clásicas del género, así como a los juegos de rol.

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