La Nave dedica su emisión de hoy a este fabuloso relato de aventuras ambientado en la época de los descubrimientos. La novela, cuya publicación os anunciábamos el pasado mayo, quedó finalista en el Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda 2018. La editorial responsable de publicación ha sido Ediciones Pàmies, en la colección Histórica, quien de nuevo ha contado con una atractiva portada firmada por CalderónSTUDIO. En esta ocasión se ha incluido una ilustración de la Nao Santa Ysabel, así como un mapa de las Islas Salómón. Os las mostramos en el programa de esta semana.

Julio Alejandre

¿Quién es el responsable de esta genial singladura? Si nos ceñimos a la ficción, no es otro sino Julio Alejandre. Un madrileño nacido en los sesenta del pasado siglo XX. Tras la universidad, eligió ser cooperante, época en la que caló en él la literatura hispanoamericana y acumuló muchas historias que algún día habría de contar. Posteriormente, ha alternado su profesión de magisterio con la faceta de escritor. Lejos del mundanal ruido, se afincó en la Baja Extremadura, lugar desde el que lucen sus tres libros publicados (dos de relatos y una novela): Héroes, tumbas y libros perdidos, Seis mil lunas y Reporte de una boda y un entierro.

Portada de “Las islas de poniente” (Calderón STUDIO)

La historia en tres partes

El protagonista, Juan Torres, nos va a narrar en primera persona la historia de su vida.
Escrito en un castellano que suena antiguo, no he podido evitar recordar las novelas de Patrick O’Brian por su ambientación marinera y la serie del capitán Alatriste por su espíritu aventurero, salvando las distancias, claro está. Más de quinientas páginas divididas en tres partes que ejercerán de presentación, nudo y desenlace.

Basta empezar a leer el primer capítulo para intuir que estás ante un libro con todas las características de una historia clásica de aventuras. Un muchacho cuyas alternativas que le ofrece la época es luchar, rezar o estudiar. Tras decidirse por esta última, se enamorará de una mujer inalcanzable que le traerá por el camino de la amargura todo el libro, abriendo boca con un duelo que le forjará un enemigo de por vida. Sus huesos aterrizan el prisión, salvándole una amnistía para aquellos que se alisten en una flota que se va a embarcar por el Pacífico desde Perú.

En la nao viajan dos Compañías: una sirve al capitán Flores y la otra sirve al capitán Mondéjar. Nuestro protagonista es asignado a la compañía de Francisco Mondéjar. Gracias a sus estudios, en la Santa Ysabel le ponen a cargo de la llevanza de los libros. La flota que arranca camino de las Islas Salomón se compone de cuatro navíos: la galeota San Felipe; la Santa Catalina, qué es una fragata; la nao capitana, que es la San Jerónimo y por último la Santa Ysabel, mandada por Don Lope de la Vega.

Toda una torre de Babel que obliga al adelantado (autorizado por el rey a conquistar en su nombre nuevos territorios) Don Álvaro de Mendaña a no enemistarse con nadie y buscar mantener la paz a toda costa y la buena armonía entre los principales, lo cual, quizá, sea un mal comienzo para travesía tan larga y arriesgada. La citada Armada está compuesta por 400 almas de las que la Santa Ysabel embarca 182, formada por tres estamentos muy diferenciados: la gente de guerra, 78 almas, y por otra la gente del mar, 42 marineros. Por último, los pasajeros suman 65, entre hombres, mujeres y niños.

Novela clásica de aventuras que no decepciona

Como he dicho anteriormente, estamos ante una flota que surcará el Océano Pacífico en busca de las Islas Salomón. Una circunstancia inesperada hará que la Santa Ysabel navegue en solitario hasta alcanzar el citado archipiélago. La ficción entra en juego en este momento y lo que hasta ahora era historia se convierte en la ficción imaginada por su autor. Un relato fabuloso de aventuras al más puro estilo de siempre. Las páginas, que describen todo tipo de escenas, se plagan de personajes; bien sean soldados, marineros, pasajeros, prostitutas o nativos de las islas a las que arriben.

El autor utiliza las prostitutas para ponerlas en contraposición con la regla de castidad que había puesto Don López. Padeceremos con el racionamiento del agua. Asistiremos a las interminables rencillas que surgirán entre uno u otro bando. Deberemos rezar por combatir las supersticiones que pueden condicionar por completo el devenir de los acontecimientos. Y, sobre todo, de telón de fondo nos divertiremos con el crecimiento en todos los sentidos de Juan Torres, quien gozará o sufrirá en todo lo que le acontecerá, mientras intenta vanamente enamorar a la desdeñosa Elena. Vamos, que tenemos folletín incluido.

Sumad a lo anterior bodas y muertes (bien naturales, por accidente o ajusticiamiento); descubrimientos tales como el de las islas Marquesas de Mendoza, que serán reclamadas para mayor gloria del rey Felipe; un motín que se cobrará sangre; visitas nocturnas al catre, como las que recibe nuestro protagonista; y así, mucho más. En conclusión, una travesía y unos acontecimientos bien narrados que nos transportan a otra época donde los viajes no eran fáciles precisamente.

Buena documentación y voz con intensidad narrativa

La empatía que se consigue alcanzar con los personajes y sus penurias hace que la lectura fluya. Lo que podría parecer más vano, se alterna con detalles tan interesantes como, por ejemplo, descubrir cómo era la elaboración y el uso de los mapas en aquella época, en la que había pocos recursos comparados con los de ahora para cartografiar el suelo firme y la propia mar. Aspectos como este son los que me hacen valorar positivamente la novela. Eso y el sufrimiento al que nos somete el escritor con tanto racionamiento de comida, agua y leña. Llegas a dudar francamente que se pueda alcanzar las Islas Salomón con tanta tensión acumulada en tan pocos metros. Si bien, esta tensión se traslada igualmente a las islas cuando estas son alcanzadas.

Siguiendo esa línea clasica de la que llevo hablando a lo largo de la reseña, el protagonista acabará haciéndose ayudante del barbero, que ya sabéis que en aquella época equivale a ser ayudante del médico; también, va a trabar cierta amistad con muchos integrantes del barco, como por ejemplo el piloto, o de otros muchos, entre los cuales ayudará hasta a hacer de celestino.

Habrá más de una sorpresa que obviamente no voy a desvelar, pero que hará girar la historia adecuadamente. Esta novela no solo es un libro de hombres. Tenemos personajes femeninos potentes como el de Juana Alonso, a quién no puedo dejar de nombrar por cómo tiene que pelear por sobrevivir a lo largo de la narración, utilizando todo tipo de herramientas. Me quedo con la imagen de los indígenas, si bien, estos se llevan en general la peor parte, tal y como se encarga la historia de recordarnos.

Una novela que se centra mucho en las relaciones entre los personajes, sobre todo las relaciones sentimentales y el ideal de amor hidalgo. La crudeza de la época se nos mostrará perfectamente en escenas como la de un parto o la amputación del brazo de una muchacha. Me quedo con la intensidad y el desenlace de la tercera parte, si bien el éxito radica en las dos partes anteriores. Creo que el final queda abierto para nuevos relatos de Juan Torres, lo cual me alegraría.

Las islas de poniente es un fabuloso relato de aventuras a finales del siglo XVI en mares e islas lejanas, repleto de capítulos que harán volar la imaginación por latitudes australes a hace más de cuatrocientos años. Sin duda, me apunto a Julio Alejandre y su manera de contar historias, que sin duda se ve influenciada por la experiencia de sus viajes y amistades, cómo ve la vida y su vocación pedagoga.

Lee el primer capítulo aquí mismo.

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