Cierro, unas 600 páginas después, «Harrow La Novena», publicada por Nova, sin saber muy bien lo que ha desfilado delante de mis ojos.
Tamsyn Muir ha deconstruido la novela, su propia saga y hasta parte del género fantástico. Un ejercicio estético y narrativo que quizás toma la senda más complicada después del exitazo de «Gideon La Novena». Hubiese sido demasiado sencillo calcar el primer libro… y en la Tumba Sellada no hay cosas fáciles.

El argumento.

Nada es lo que parece en las estancias del Emperador, y el destino de la galaxia descansa sobre los hombros de una única mujer.

El Emperador ha reclutado a Harrowhark Nonagesimus, la última nigromante de la Novena Casa, para combatir en una guerra perdida de antemano. Harrow tendrá que aliarse con una rival detestable y perfeccionar sus habilidades para así convertirse en un ángel de la no-muerte, pero su salud empieza a flaquear, su espada le da náuseas e incluso su mente amenaza con traicionarla.

Presa en la gótica penumbra del Mitreo del Emperador con tres profesores nada amigables y perseguida por el fantasma demente de un planeta masacrado, Harrow deberá hacer frente a dos preguntas incómodas: ¿hay alguien que intenta matarla?

Y, en caso de conseguirlo, ¿será el universo un lugar mejor?

Primer aviso: esto no es una reseña. No es mi intención hacer reseñas, simplemente expreso mi opinión personal sobre lo que he leído… pero hay que llamarlo de alguna manera.
Con «Harrow La Novena» me es imposible.
«Gideon La Novena», la anterior y primera entrega de la futura tetralogía de la Tumba Sellada, con sus tremendas particularidades, era una novela ajustada a lo que se esperaba de ella: nigromantes, un poco de chulería, personajes potentes y un juego de influencias con muchísima personalidad. 

Ahí viene el primer punto disruptivo: «Harrow La Novena» no se dedica a ser una segunda entrega al uso. 

Segundas partes nunca son iguales.

Lo usual (lo sencillo, si preferís la expresión) hubiese sido retomar en el punto álgido donde «Gideon La Novena» finaliza, centrar el foco en Harrow y seguir por caminos similares, avanzando en las tramas.
Tamsyn Muir no opina lo mismo.

Sí que retoma el final del libro uno pero el enfoque es totalmente distinto. Una narración discontinua, a saltos, centrada en Harrow y varios aspectos de su nuevo rol, del que no vamos a comentar nada por, ya sabéis, spoilers. 

Si Gideon se lanzaba a oscuras aventuras nigrománticas, Harrow nos lleva a un terreno aún más extraño, fragmentado y difuso. No hay linealidad y muchas veces vais a dudar, queridas mentes lectoras, de si lo que estáis leyendo tiene algún sentido. Una sensación de zambullirse en lo extraño, con alguna conexión intermitente.
Una ruptura casi total con la ya poca normalidad que rodeaba a Gideon. 

Esa es la propuesta de Harrow y Tamsyn Muir: cambiar radicalmente la construcción de la novela.
¿Cuánto dura esa sensación?
Pues estamos ante una novela de 600 páginas y yo comencé a atar cabos sobre la 400, casi dos tercios de su duración. 

Capítulos extraños, con una retorcida coherencia interna, a la que cuesta encontrar un hilo lógico conductor. Los capítulos llevan una pequeña anotación en el título que ubican algunos episodios antes o después de un hecho clave en la lectura… y ni así. 

Y ahí viene la gran advertencia : «Harrow La Novena» tiene poco que ver con «Gideon La Novena» en términos de narrativa y lectura. Es más oscura, exigente y pide una confianza casi ciega a la persona que está al otro lado de la página. Es café para los muy cafeteros, para devotos de la Tumba Sellada. 

Las explicaciones van llegando, al alcanzar ese último tercio de lectura. Las aguas vuelven al cauce de El Río, pero la historia se vuelve a retorcer en su tramo final. Muir está construyendo un puzle en cada página, en cada capítulo, con cada giro. Y nosotros, pobres lectores, no podemos más que dejarnos sacudir por ese huracán creativo, esperando a tener la visión completa de la historia y que todo encaje.

¿Es una lectura recomendada para todo el mundo?
No.
¿Merece la pena sumergirse en la lectura?
Si, si has disfrutado de Gideon.
Pero requiere paciencia y confianza. Además de fe, una fe en que este capítulo va a tener continuidad y un significado absoluto cuando se cierre la tetralogía.

«Harrow La Novena» es oscura, exigente y pide una confianza casi ciega a la persona que está al otro lado de la página.

Tiene una estructura compleja que invita a la relectura, llena de niveles que tratan aspectos como la salud mental, la soledad o la identidad pero también amplía el mundo nigromántico, con sus buenas dosis de acción y aventura y un puñado de revelaciones explosivas.

Locura, pérdida y lucha.

Hay elementos reconocibles en «Harrow La Novena» de la anterior obra de Tamsyn Muir. Un mundo rico en detalles, con una galería de personajes pérfidos y en un gris absoluto, sensación amplificada por la estructura de la novela.
Todo es igual y, a la vez, completamente diferente.

Si Gideon era irreverente y luchadora, Harrow tiene una forma de ser especial. Una heroína que debe serlo sin quererlo ni necesitarlo para nada, con un halo de apatía a su alrededor y cargada con un deber histórico que tampoco quiere.
Y ese es, quizás, el matiz que carga toda la lectura de «Harrow La Novena».

La novela no es más que una representación de la personalidad de su protagonista: la genio nigromante, la (in)esperada vida que volverá a llevar a su Casa a lo más alto, la única esperanza. Pero Harrow no quiere nada de eso. Su único interés es, quizás, que la dejen en paz (cosa que no ocurre).
Zambullirse en la mente de Harrow es caer en un pozo de locura, fragmentos, fantasmas del pasado, visiones del futuro, soledad y pérdida. Y esas son las bazas que juega Muir en la novela.
«Harrow La Novena» es una lectura que trata sobre la mente, las condiciones mentales, y las refleja con una gran fuerza e ingenio. Pero también es una novela sobre la pérdida y la soledad, la construcción de la personalidad, el amor libre y la identidad.

Tamsyn Muir

Tamsyn Muir sigue con su marcado estilo personal, capaz de crear las frases más complejas o completar unas líneas con una expresión callejera o unos ruiditos onomatopéyicos. También construye juegos dentro de la lectura, desde referencias a la cultura popular que aportan pistas del devenir de la historia (o eso creo…) a versos con una métrica particular.
Y ahí resulta ineludible volver a citar al traductor. No me gustaría haber estado en el pellejo de David Tejera Expósito cuando tuvo que hacer frente al reto de esta traducción. Otro trabajo, casi más un reto, muy bien resuelto por uno de los traductores de referencia en cuestiones de literatura fantástica, al igual que en el caso de «Gideon La Novena» o la reciente «Los Sonámbulos».

En definitiva.

«Harrow La Novena» es un paso más en la compleja maraña de la tetralogía de la Tumba Sellada y Tamsyn Muir no se conforma con potenciar los puntos fuertes de «Gideon La Novena».
Muir emprende, de la mano de Harrow, un camino oscuro, de estructura compleja que invita a la relectura, lleno de niveles que tratan aspectos como la salud mental, la soledad o el amor (puede ser que con tintes autobiográficos). Que nadie se asuste: «Harrow La Novena» también amplía el mundo nigromántico, tiene sus buenas dosis de acción y aventura y un puñado de revelaciones explosivas.
No es una lectura a recomendar a la ligera pero, si habéis disfrutado de «Gideon La Novena» y vais prevenidos al reto al que os vais a enfrentar, podéis disfrutar muchísimo de este capítulo.
El siguiente episodio parece ser que llegará en 2022.
Lo esperaremos con ansia.

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Criatura de la noche. Redactor en Fantasymundo.com

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