Joaquín Araújo Ponciano

El 26 de mayo, la editorial Crítica publicó “Los árboles te enseñarán a ver el bosque”, del naturalista y escritor madrileño Joaquín Araújo Ponciano, una invitación a emboscarnos, a reencontrarnos con nosotros mismos, a aprender de qué sirve la naturaleza, qué peligros corre y qué podemos hacer por ella.

Joaquín Araújo (Madrid, 1947) es un naturalista y columnista habitual en los principales periódicos de España. Trabaja asimismo como director, realizador, guionista y presentador de series y documentales de televisión. Es presidente del Proyecto Gran Simio en España. En 1991 su labor fue reconocida con el Premio GLOBAL 500 de la ONU. Ganó el Premio Ondas Mediterráneas de Difusión y Sensibilización 2005 y el Premio Fundación BBVA a la Difusión del Conocimiento y Sensibilización en Conservación de la Biodiversidad 2006.

Araújo vive como campesino, pastor de cabras y plantador de árboles en el seno de las arboledas de las Villuercas (Cáceres). Junto con Félix Rodríguez de la Fuente publicó la “Enciclopedia Salvat de la fauna ibérica y europea”.

Alejandro Serrano: En primer lugar, muchas gracias por concedernos esta entrevista con motivo del lanzamiento de su último libro, “Los árboles te enseñarán a ver el bosque” (Crítica). Venimos de los océanos -donde se produce la mayor parte del oxígeno que respiramos gracias a las algas-, pero los seres humanos debemos a los bosques casi todo; en ellos empezamos a comportarnos como humanos, de ellos obtenemos recursos y gracias a ellos desarrollamos civilizaciones. Sin embargo, vivimos de espaldas a los bosques, casi como niños desagradecidos. ¿Cómo hemos llegado a este distanciamiento y qué deberíamos hacer para volver a tener en cuenta y cuidar lo vivo, aquello que nos sostiene como humanos?

Joaquín Araújo: Hace ya demasiado tiempo que se consumó una separación. Se ha invertido mucho talento, esfuerzo y dinero en convencer a las mayorías de que es la acumulación, el amontonamiento, la prisa y la comodidad lo que debe tener absoluta prioridad. Algo que conlleva el sometimiento, la explotación y el saqueo de todo lo demás y casi todos los demás. Un exceso de racionalismo nos conduce a la irracionalidad de destruir los cimientos de la vida. El distanciamiento físico de todo lo espontáneo que supone concentrarse y masificarse, en el fondo ya estaban casi todos confinados, impide un mínimo de comprensión. Pero no de cualquier realidad sino de lo esencial de la realidad misma. Se consagra vivir contra la Vida.

El antídoto no puede ser otro que hacer todo lo contrario. Salir a encontrarse con los elementos, ciclos, procesos y creaciones que la Vida ha puesto al servicio de su propia continuidad. Nada hay más difícil ahora mismo que desacreditar la catarata de estímulos puestos al servicio de la ceguera generalizada. Pero al menos debemos comenzar por salir al encuentro de lo que mantiene a todas las vidas. Luego tanto el sistema educativo como los medios de comunicación deben multiplicar por miles de veces las referencias, conocimientos y reflexiones sobre qué es, qué hace lo espontáneo por nosotros y lo que esta civilización hace con el derredor.

Alejandro Serrano: En el bosque, si se está el tiempo suficiente, llega a apreciarse el silencio humano -aunque el aire esté repleto de ruidos de la vida circundante-, del que derivan pensamientos más profundos que la prisa de la vida diaria en las ciudades no permite madurar. ¿Sería recomendable “emboscarse” -como usted hace- de vez en cuando para entrar en contacto con la naturaleza que habita en nosotros? ¿Cómo hacerlo de forma sostenible para no hacer más daño?

Joaquín Araújo: “Nada enseña a vivir mejor que lo viviente”. Este rotundo acierto de Goethe debería ser guía para una inserción frecuente en los espacios abiertos. La vivencia del paisaje me parece crucial, sobre todo si es en el seno de las arboledas que es la más bella, completa y compleja de las creaciones de la historia de la Vida. Además emboscarse sosiega como ha quedado demostrado por varias investigaciones.

Alejandro Serrano: Comenta usted que hay que vivir “acariciando a la vida”, sin dominarla ni apropiarse de ella. ¿Estaba el mundo rural de hace 40 ó 50 años más cercano a esta filosofía que el de ahora? ¿En qué estado están los productores agrícolas de nuestro país y qué papel tienen en la rehabilitación de nuestros bosques y los ecosistemas que los sostienen?

Joaquín Araújo: Aunque considero a la Cultura rural imprescindible lo cierto es que, tanto hace medio siglo como ahora, hemos sido minoría los que hicieron o hacemos mucho más que obtener alimentos desde nuestro quehacer campesino y ganadero. Lo que importa es que cuando se cultiva, siempre más encuentros que a la tierra, te conviertes en uno de los vínculos esenciales entre la gran destreza de los vegetales, que saben crecer en cuantías realmente portentosas y la satisfacción de la necesidades alimentarias de los humanos.

Esto tan olvidado se convierte en catástrofe en la actualidad cuando no solo se procede a la más rotunda injusticia en cuanto a las compensaciones económicas que reciben los que alimentamos a los demás, sino que cunde un enorme desprecio a las poblaciones de la España vaciada. Vaciada para llenar la otra de vacíos, claro.

Por supuesto que resulta necesario y urgente regenerar casi todo lo relacionado con el mundo rural y la totalidad de lo que es Natura. Lo ideal es que los rurales asuman uno de los papeles más socialmente activos y pertinentes, me refiero al cuidado de la totalidad del paisaje en el que viven. Porque se puede, y lo hemos demostrado hasta la saciedad, cultivar, pastorear y reforestar con daño cero al ambiente. Y bastan unas cuantas precauciones y compromisos para que vivir en los campos no suponga merma alguna, sino todo lo contrario para el conjunto de la VIDA.

Alejandro Serrano: Según algunos cálculos, en enero de este año la población humana era de 7.761 millones de personas. En el año 1800 había sobre el planeta sólo 1.000 millones de personas, y en año 2000 ya eran 6.000 millones. Algunas proyecciones calculan que en el año 2050, si las condiciones medioambientales no cambian drásticamente -lo cual es muy discutible- podría llegar a haber 11.400 millones de personas en la Tierra. ¿Somos ya demasiados o una población de este calibre podría habitar el planeta con otro tipo de relación con la naturaleza, más respetuoso? ¿Cree que estamos a tiempo de evitar lo peor del cambio climático antropocéntrico?

Joaquín Araújo: Por supuesto que somos demasiados. Pero incluso diez mil millones de personas pueden ser compatibles con la capacidad biológica del planeta si no se sumaran muchos más miles de millones de torpezas, ignorancias, codicias y violencias. Si respetamos las principales leyes del funcionamiento de la Vida podemos ser muchos, aunque el control demográfico es del todo coherente y hasta una obligación moral mientras no esté asegurada una vida digna. Se trata de que nuestros descendientes hereden la posibilidad de dejar algo en herencia. Por suerte contamos con toda suerte de modelos ensayados para hacerlo todo de forma no devastadora.

Queda demasiado poco tiempo para que las peores consecuencias de la catástrofe climática queden neutralizadas. Porque el desastre está ya aquí y ha dejado ya una estela de secuelas muy dañinas. Como mucho nos quedan diez años para cambiar la totalidad del modelo energético. Acaso menos.

Alejandro Serrano: ¿Cree que la tecnología -adecuadamente combinada con un nuevo espíritu de conservación de la naturaleza- podría ser una valiosa aliada en la recuperación de los bosques? Precisamente esta combinación ha permitido una mayor comprensión del daño que estamos haciendo al clima terrestre.

Joaquín Araújo: Es una conducta por completo diferente, un estilo de vida para y con la Vida lo que evitará el colapso. Las tecnologías ayudan pero también son acelerados del poder de destrucción. Hay que elegir muy bien que, cómo y cuando usamos las herramientas. La austeridad debe extenderse incluso en lo relacionado con el uso de las tecnologías de cualquier tipo y condición. Puestos a ser realmente eficientes en la recuperación de los bosques lo mejor es que aceptemos que, al igual que el mejor agricultor es la planta que cultiva, el mejor selvicultor es el que deja crecer a los árboles.

Sin olvidar que es el mismo paisaje y sus inquilinos no domesticados los que más informan del daño al clima. Mucho más que los satélites, los aparatos de medición o cualquier programa informático. Y no rechazo el uso de los mismos pero no lo priorizo.

Alejandro Serrano: No pocos científicos aseguran que la pandemia de este coronavirus ha sido facilitada por la destrucción de ecosistemas locales, que antes nos protegían de muchos casos de zoonosis y que ahora, al no existir, no pueden contenerlas. También aseguran que otras pandemias, con otros virus como protagonistas, son inevitables. ¿Es inevitable para nuestra supervivencia que rehabilitemos estos ecosistemas y mantengamos otra relación con el mundo rural?

Joaquín Araújo: Por supuesto. La vivencia de la Natura, en la que estoy desde hace medio siglo, te confirma que la salud es una sola. Es decir que si el entorno está mutilado y contaminado, enfermo en suma eso acabará quitándonos también a nosotros la salud.

Pensemos en los seis millones de muertes prematuras, a escala mundial, por la contaminación atmósferica. Los sistemas naturales completos son una suerte de sistema inmunológico para todos los inquilinos del planeta. Sobreviviremos si vivimos con y no contra la Natura.

No menos necesitamos dignificar el mundo rural. Reconocer que son los realmente imprescindibles. La tarea más pendiente es recuperar prioridades.

Alejandro Serrano: La destrucción del clima es un crimen del cual no se nos puede indultar, comenta usted. Algo totalmente cierto, hace décadas que el ser humano sabe que está hiriendo de muerte la fuente de su propio sustento, y no ha hecho más que acelerar sus agresiones a la naturaleza con el neoliberalismo. ¿Veremos una reacción opuesta a nivel planetario de las sociedades humanas, tenemos remedio? ¿Lograremos sobrevivir por las buenas o por las malas?

Joaquín Araújo: Lo serio y sensato es proceder cuanto antes a un cambio de rumbo en casi todo lo que hoy define el estilo de vida de la mayoría. Es decir trivial, masificado, acumulativo, azacanado e injusto. Los antónimos a todo lo que acabo de nombrar son los pilares del pensamiento ecológico, que es integral, pacífico y renovable. Tenemos remedio si comenzamos a pensar y actuar de otra forma que, insisto, está descubierta y ensayada con notables éxitos. Por tanto podemos sobrevivir por la buenas. El colapso llegará si nos encastillamos en ese otro estilo que supone llevarse muy mal con la transparencia, la vivacidad, el sosiego y la continuidad de la vida.

Alejandro Serrano: ¿Qué iniciativas de plantación de árboles existen en España para frenar la desertificación que pronostica la ciencia en el futuro de nuestro país? ¿Hay demasiado eucalipto -destinado a la producción de papel- y muy poco bosque autóctono, con otras especies más adecuadas para la protección del suelo y el mantenimiento y la creación de ecosistemas? Con sus propias manos ha plantado unos 25.000 árboles.

Joaquín Araújo: Afortunadamente cunden las sintonías con el bosque y su defensa y propagación, Ahora mismo hay, acaso unas tres mil, iniciativas particulares de reforestación. También hay programas por parte del sector público. Si ponemos el foco en el plan de la Comunidad Europea de plantar tres mil millones de árboles se pude afirmar que los emboscados, los que plantamos personalmente y a mano hemos conseguido influir. Por supuesto que las regeneraciones del bosque deben excluir las especies alóctonas y de crecimiento rápido. La protección del suelo también debe ser una prioridad y los árboles son excelentes defensores y creadores de suelo.

Sí, he plantado unos 25.000 árboles, lo que equivale a uno por cada día que he vivido. Lo considero un placer y una obligación moral. Respiro y me publican libros, algo tendré que devolver a cambio como agradecimiento. Al tiempo que pocos placeres superan al de pasear bajo la sombra de lo que plantaste.

Alejandro Serrano: Desde hace unos años, la educación primaria ha virado hacia un acercamiento a la naturaleza, pero cuando nuestros niños crecen y pasan por otras etapas de la enseñanza, se ven obligados a apartar su admiración por lo vivo para intentar adaptarse a las necesidades y obligaciones de una sociedad enferma y depredadora de vida. ¿Cuál cree que es la llave para romper este círculo vicioso?

Portada de Los árboles te enseñarán a ver el bosqueJoaquín Araújo: Lo viviente es el mejor libro y la Natura la mejor maestra. Esto debería prevalecer un todos los niveles de la enseñanza. Conviene demostrar a los educandos que es en lo limpio, sano y libre, en lo espontáneo, donde se puede aprender a disfrutar sin dañar a nada ni a nadie.

Tenemos que convertir en atractiva la no violencia, la contemplación y el cuidado de los muy frágiles paisajes. Nada sencillo desde el momento en que se han creado incluso dependencias compulsivas hacia lo que se lleva en el bolsillo y un superlativo desprecio por las panorámicas que incluyen lejanos horizontes.

Alejandro Serrano: ¿Cómo es un día normal para usted en las Villuercas (Cáceres)? ¿Cómo le cambió personalmente esta zona del país?

Joaquín Araújo: Como campesino no me cuesta nada madrugar. De hecho siempre estoy en pie a las seis de la mañana. Es más, me despierta mi cuerpo en todas las épocas del año. Si es otoño o invierno suelo leer de una a cuatro horas seguidas, a menudo sin salir de la cama. En primavera y verano lo primero es poner en marcha todo lo relacionado con lo animales que cuido. Abrir a las gallinas y ponerles comida y agua. Lo mismo con las yeguas. A las cabras las saco al monte hacia las nueve de la mañana. Cuando hay poco que hacer en la huerta suelo escribir. En realidad soy afortunado porque puedo escribir y leer todos los días. También paseo, sobre todo por la tarde cuando ejerzo de pastor y acompaño a mis cabras. Si la huerta está en marcha resulta muy acaparadora. Como cultivo casi una hectárea baste decir que simplemente regar puede demandar hasta cinco horas seguidas. Pero ya se sabe hay que cavar, cosechar y muchas otras pequeñas labores.

Las otras facetas de mi vida, cuando salgo de mis soledades, casi siempre es para ponerme ante un público y contar lo que me ha contado la Natura o lo que llevo pensando decenios. Voy, sobre todo, a los estudios de radio, a dar conferencias y a filmar documentales. Aprovecho los viajes, casi siempre en tren, para mirar mucho por la ventanilla.

Alejandro Serrano: Colaboró muy estrechamente con el burgalés Félix Rodríguez de la Fuente, el naturalista y divulgador más querido y admirado de nuestro país, que logró enseñarnos mucho hasta su triste muerte. ¿Cómo fue su experiencia con él y cómo se mantiene vivo su legado?

Joaquín Araújo: Imposible ni siquiera resumir. Pensemos que yo tenía 27 años, era un entusiasta naturalista y me llama el famoso entre los famosos para proponerme trabajar con él. Considero que fue como hacer tres doctorados. Nada me ha pasado profesionalmente más comprometido y exigente que culminar toda su obra, editorial y cinematográfica a raíz de su muerte.

Su legado está más vivo que nunca pero muy repartido entre muchas personas con diferentes planteamientos.

Alejandro Serrano: ¿Qué le diría a un votante de Trump, a alguien que defiende el expolio de lo natural? ¿Cómo intentaría alejarle de ese egoísmo que parece cada vez más abundante y desolador? ¿Cómo le hablaría del bosque como hogar y solución?

Joaquín Araújo: Lo primero es que hasta los principales destructores viven de lo que están destruyendo. Luego intentaría que comprendieran que la vida solo tiene sentido si las vives sabiendo quien te lo permite. Que dejar más vida y no menos es la mejor y estimulante de las actitudes.

Sobre el bosque es tanto lo que he dicho y escrito que atajo proponiendo que lea, LOS ÄRBOLES te dejarán ver el BOSQUE.

Alejandro Serrano: Para terminar… Si alguien quisiera colaborar directamente con proyectos de plantación de árboles en nuestro país o quisiera donar para que se convirtiesen en realidad, ¿cómo podría hacerlo? Una vez más, muchas gracias por atendernos.

Joaquín Araújo: Más que donaciones se trata de colaborar. Ofrecerse como voluntario a las mil iniciativas posibles y que todos los años plantan árboles en muchísimos lugares. Siempre encontrarán una de estas actividades lo suficientemente cerca. GRACIAS.

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