Pensador

Llamadme masoquista, pero, a mí, me ponen los libros que me retan de forma descarada, casi escupiéndome a la cara. Quizás sea porque estoy harto de la falsa complacencia de tanta autoayuda de pobres vendelibros cuyo “secreto” dura lo que su momentáneo éxito editorial y, tras él, se esfuman en el viento. Aquí, por suerte para la persona lectora que quiera exponerse a sí misma e ir por un palo distinto, no hay nada de esto.

El filósofo David Benatar (Sudáfrica, 1966) comienza ‘El dilema humano’ (Alianza, 2022 – publicado originalmente en 2017) con una premisa que me atrapó desde el principio; en resumen: ‘como lo que yo defiendo aquí se considera “pesimista” y a la mayoría no le gusta el pesimismo, posiblemente, a ti ni te guste ni aceptes lo que yo defiendo’.

Sentí tal premisa con una curiosidad extrema y, decidido a sumergirme en su propuesta, entré de cabeza y a fondo. Lo leí con atención. Lo medité. Y al final, decidí: efectivamente, no estoy en absoluto de acuerdo con Benatar, pero no porque su autodenominado “pesimismo” sea tal o no me guste, sino porque creo, con fuerza y plena convicción, que se equivoca.

Las omisiones en las que incurre Benatar en ‘El dilema humano’ nos obligan permanentemente a buscar hilos invisibles en su pensamiento que conecten su pensamiento con nuestra consciencia, experiencia y realidad

Antes de explicarme, falta decir que Benatar tampoco pone fácil conocer su pensamiento. Y no porque sea elevado o inaccesible -como, a veces, él mismo insinúa-, sino porque omite (no sabemos si consciente o inconscientemente) muchos aspectos fundamentales no ya para comprenderlo si no para algo incluso más básico: discutirlo. Si él acusa a la filosofía continental de “retórica”, por decir las cosas con una presunta floritura dialéctica que haría más críptica la interpretación del contenido, aquí él comete otro error igual o -si cabe- más grave: la omisión. Personalmente, tú que preferirías, ¿alguien que te diga las cosas, aunque pueda resultar difícil comprenderlas, o alguien que no te las diga?

Dicho esto, vayamos ya al meollo.

¿Tienen sentido nuestras vidas?

Portada de El dilema humano, de BenatarEl libro de Benatar gira alrededor de una cuestión existencial: ¿tienen sentido nuestras vidas? El primer paso adelante que da es el de transcendentalizar esta cuestión. Nuestro autor la convierte en algo definitorio y decisivo de la existencia en sí. Para él, el ser toma su importancia y su relevancia a partir de que su existir tenga sentido, incluso hasta convertirlo en algo imprescindible para la propia vida. Si la vida no tiene sentido… ¿para qué vivirla? E incluso ¿por qué hacer que otras personas la vivan con nosotros?

En este punto es dónde ‘El dilema humano’ conecta con otra obra anterior de Benatar: ‘Better Never To Have Been’ (traducido por nosotros como ‘Mejor nunca haber sido’). Un libro en que defiende la “no existencia”, o sea la no procreación, como la postura moralmente más adecuada. Y no porque no quiera evitársele al ser un presunto sufrimiento o la vida en un mundo de mierda, que también, sino porque esta vida no tendría sentido alguno y ese “no sentido” haría de la vida algo indigno y, por tanto, no merecedor de ser vivido. El sinsentido de la vida la anula a sí misma y, con ello, se le abren las puertas tanto al sentido de la muerte vital como, por supuesto, al del suicidio.

La inmortalidad

Esta perspectiva tiene como uno de sus ejes fundamentales “lo subjetivo vs. lo objetivo”. Para Benatar, la construcción de un sentido basado en “lo subjetivo” es un sentido falso y, en consecuencia, no válido a la hora de dignificar una vida. Pero él sí tiene buenas noticias. Sí existe un “lo objetivo” a partir del cual la vida sí puede tener un sentido. Lo que pasa es que éste es tan específico, y tan propio de una perspectiva personal, y vinculado a las condiciones en que se vive una vida, que es muy limitado el margen en que la vida vivida sí puede tener “un sentido”. La “calidad de la vida” importa a la hora de encontrarle un “sentido”.

Este “lo objetivo” lo conecta con otro tema interesante: la inmortalidad. Porque si pudiésemos vivir para siempre… ¿haría la inmortalidad que la vida tuviese “otro” sentido distinto al que ahora no tiene? Y si es así, ¿la vida sería mejor o peor que la que ahora llevamos? ¿Sería, entonces, la inmortalidad un destino deseable o no? Cuestiones interesantes a las que Benatar semeja encontrar una respuesta aun cuando, en las actuales circunstancias, la “inmortalidad” es una hipótesis ad futurum imposible de resolver.

En general, para Benatar, la vida carece de un sentido para la mayor parte de las personas algo que, per se, sirve para justificar posturas antinatalistas y no reproductivas. La ventana de oportunidad para las personas existentes es tan estrecha que, en general, su pesimismo se justifica porque para una gran mayoría de personas o la vida carece de sentido o bien se recurre a la “ignorancia” o al “optimismo” para justificar una vida no merecedora de ser vivida.

Tono lastimero y victimista, autoindulgente y condescendiente

Pues bien, Benatar se equivoca. Su primer error es recurrir, para explicarse, a un insoportable tono lastimero y victimista, autoindulgente y condescendiente. Eso de los optimistas ilusos, el pesimismo realista y lo malos o ignorantes que son quienes no concuerdan con su punto de vista, se ha visto muchas veces y jamás ha traído nada bueno. No comprendemos cómo Alianza le ha comprado este tono ridículo e impostado en la contraportada de ‘El dilema humano’. Máxime cuando este tono hace mucho para sacarte de la lectura y hacerte desear mandarlo a la porra no pocas veces.

Otro problema está en que jamás se explica por qué, realmente y más allá de algunas vaguedades, el “sentido de la vida” es un “dilema”. O por qué debería ser transcendente el que la vida tuviese un “sentido” en sí. Incluso, se deja fuera de la exposición una posición realmente nihilista: aquella de que, en esencia, la vida carece per se de cualquier sentido y que, por tanto, cualquier pretendido “objetivo” capaz de dárselo no es más que una construcción subjetiva del ‘ser’ -lo que supondría negar la mayor de la posición de Benatar y no desde el “optimismo”, precisamente-.

Un ensayo filosófico retador

Así que ‘El dilema humano’ (Alianza, 2022) supone un ensayo filosófico retador para cualquiera que se quiera acercar a leerlo. Su perspectiva, sí es cierto, no es muy común. Su tono supone un reto para cualquiera. Y las omisiones en las que incurre nos obligan permanentemente a buscar hilos invisibles en su pensamiento que conecten su pensamiento con nuestra consciencia, experiencia y realidad.

Con todo a mí, al final, el libro se me ha hecho bola. No soporto su tono, sus omisiones me resultan intolerables, y su exposición tiene más agujeros que un gruyer. Precisamente por esto, leerlo es un reto y acabarlo deja ese regusto de quién ha superado la prueba a la que el escritor me ha decidido someter. Esto no le dará más sentido a mi vida, pero oye, que me quiten “lo bailao”.

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Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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