Slavoj Žižek

Que el título no te engañe. ‘El sexo y el fracaso del absoluto’ (Paidós, 2020) va mucho más allá de lo que se deja entrever a primera vista en su portada. De hecho, podríamos decir que es uno de los más importantes, si no el más, en la obra del autor, por cuanto el propio Žižek nos deja claro en la introducción que “el presente volumen es (…) lo más cerca que nunca estaré de presentar un sistema filosófico, una respuesta a las <<grandes>> preguntas sobre la realidad, la libertad, etcétera.” (p. 26). Escrito, además, como también nos advierte, con pasajes “parafraseados de mi obra anterior” (p. 26), lo que lo convierte en un libro íntimamente vinculado con todos sus trabajos anteriores, pero también lo hace caer por veces en la repetición excesiva, la reiteración innecesaria de ideas; dificultando aún más una lectura que ya de por sí no es sencilla.

Y esto nos lleva a otra advertencia. Žižek es un filósofo de obra diversa y vastísima, cuantitativa y cualitativamente. En ella se alternan los artículos de prensa con los de investigación, los ensayos breves con los opúsculos, los libros de divulgación dónde analiza la realidad con los tomos de análisis filosófico sobre los que ha cimentado -en esencia- su trabajo, etc. En cada obra mantiene un tono totalmente distinto, en coherencia con el tema y el público al que va dirigido. Pues bien, este tomo va orientado a un público con cierta base ya en el pensamiento filosófico, conocedor de la obra del autor esloveno, así como de los referentes principales de su posición filosófica (Hegel, Freud y Lacan, fundamentalmente). Un público muy alejado, por tanto, del de otra de sus últimas y más actuales obras, ‘Pandemia’ (Anagrama, 2020).

Abrir las páginas de ‘El sexo y el fracaso del absoluto’ es asomarse, por tanto, al intento más estructurado y sistemático, hasta el momento, del pensamiento filosófico general de uno de los principales pensadores contemporáneos y, sin duda, el más mediático y popularmente conocido de todos ellos. Pero también construido por y para quienes son capaces de interpretar sus claves más profundas.

Otra cosa es si tú, que estas leyendo esta reseña, estás interesado en saber cómo Žižek se acerca al sexo y a la sexualidad; en cómo interpreta cuestiones actuales como la construcción de sexos a partir de su relación dialéctica (masculino, femenino); o a cómo relaciona esta cuestión con la identidad de género y la transexualidad o el lesbianismo; o a cómo encaja aquí el sadismo (del marqués de Sade); o quieres saber cómo otras patologías sexuales, que afectan directamente en la construcción de “lo masculino” y/o “lo femenino”, se interponen en las identidades, las subjetividades y las realidades de “lo sexual”. Si esta es tu intención, este es también tu libro.

Žižek, sus referencias y sus ideas

Ahora te estarás preguntando, ¿cómo es posible que dos objetivos de lectura tan aparentemente distintos como el de conocer un sistema filosófico completo (y complejo) como el de Žižek, por un lado, y el debate alrededor del sexo y su abrumadora presencia en la sociedad contemporánea, por el otro, sean compatibles entre sí? ¿No es el sexo una realidad mundana, física, instintiva, baja y vulgar, lo suficientemente obviada o denostada por la mayoría como para quedar relegada a los más oscuros rincones del pensamiento filosófico? ¿Qué hace Žižek echando mano del sexo como clave interpretativa de su obra?

Si te haces estas preguntas es, precisamente, porque posees una “ideología”, también, sobre el sexo. Una idea de qué es y qué espacio “ocupa” y “debería” ocupar en tu vida… y en la de los demás. Una posición con consecuencias prácticas para ti, para tus parejas y familia, y también para todos. Pues bien, con esta clave, y desde este punto, es que Žižek desenvuelve su pensamiento aquí a partir de cuatro “teoremas” que van de lo más abstracto a lo más concreto y que comienzan vinculando el “sexo” con “lo absoluto”. Una posición que se distancia radicalmente de aquellos que lo banalizan (intentando reducirlo a “lo animal” para sacar al sexo de Lo Real) situándolo, precisamente, como una de las características ónticas y transcendentales de “lo humano”, considerándolo incluso como “sublime”.

Portada de El sexo y el fracaso del absolutoUna vez introducido el sexo dentro de nuestra realidad, pasa a preguntarse de qué está ésta compuesta en última instancia (y, por tanto, también el sexo). Y aquí es cuando llega a la conclusión de que nuestra realidad está constituida por contradicciones que, a partir de las “antonimias” de Kant, si bien reorientándolas a partir de la interpretación que de ellas hace Hegel, la realidad se muestra incognoscible y, por consiguiente, también irresoluble. Uno no puede conocerse a sí mismo internamente, desde dentro, sino que debe recurrir al “afuera”, donde la presencia del “Otro” distorsiona e imposibilita la completitud de este conocimiento. A esta paradoja Žižek hace referencia como “la imposibilidad constitutiva” de la realidad (p. 140). Cuya consecuencia principal es que toda nuestra realidad, también en el sexo, se define sobre una brecha, una falla, un problema constitutivo fundamental que, cuando se hace visible, genera problemas sobre la autoidentidad.

En concreto, y sobre esto, Žižek sostiene que el único sexo constituido es el masculino y que, así, la imposibilidad de conocerse en su totalidad hace que, a partir de él, se definan las demás situaciones (femenino y transgénero). Con sus propias palabras, afirma que “no es correcto decir que hay dos sexos: hay un sexo y su resto, que positiviza el fracaso del uno para ser uno (…)” (p. 164). Esto se produciría “por exceso”, esto es, por todo aquello que rebosa a lo “masculino” y no encaja con su interpretación, un exceso que, en términos freudianos, se produciría, en su camino hacia lo absoluto, por un “exceso de goce” generado por “la libido” y que, en la construcción sexual de la naturaleza, sublimaría al ser humano respecto a los demás reinos animal y vegetal -equipara esta sublimación a la definición nietzscheana del “superhombre”. Con todo, como dijimos, este hombre no conseguiría alcanzar este nuevo estado pues, como se dijo, su ser está atravesado por una “brecha” que hace imposible la consecución de este salto.

El tercer teorema analiza la estructura de esa “imposibilidad constitutiva”. Para Žižek el conocimiento de la realidad es una vuelta sobre del pensamiento sobre sí mismo, con el objetivo de intentar desentrañar la naturaleza y las consecuencias de esa “brecha” constitutiva esencial de la realidad. Esta estructura la analiza a partir de los tres modelos más representativos de esta característica: la cinta de Moebius, el “cross-cap” o “gorra cruzada” y la botella (o garrafa) de Klein. Tres topologías matemáticas “no orientables” que, precisamente por esta característica de invertir el sentido de los sujetos/objetos que viajan sobre ella, cree el esloveno pueden mostrar filosóficamente su concepción de aspectos clave somo son la convivencia “antinómica” en la realidad del “no uno” con su opuesto (la cinta de Moebius), básica cuando se quiere mostrar la existencia de un problema constitutivo de la realidad; la diferencia entre la esencia y la apariencia (la gorra cruzada); y la subjetividad y la identidad reflexivas (a partir de la botella de Klein).

Para cerrar el libro, el cuarto teorema se limita a proyectar la conclusión extraída a lo largo de los tres anteriores en distintas realidades vinculadas, de una forma u otra, con el sexo: el exceso de locura, el exceso de pasión mortal y el exceso de pasión bélica. Una interpretación extraída a través de la tríada Kant-Hegel-Lacan, mediante el prisma de la psicología freudiana, y extrapolada a nuestra realidad mediante productos culturales (audiovisuales o literarios, fundamentalmente), que insiste en la lectura del sexo como una de las claves que explica la “incompletitud” del “ser” humano. Y que nos sitúa, en cuanto especie, como un intento fallido de transcender la realidad más allá de las otras distintas constituyentes de Lo Real universal: lo cuántico, la materia y el espíritu (insistiendo, nuevamente, en Hegel).

Y es que, introduciendo aquí la física cuántica también como factor explicativo del mundo, Žižek aporta una visión todavía más elaborada, extrema y sorprendente, de lo que hasta ahora venía haciendo. Convirtiendo a ‘El sexo y el fracaso del absoluto’ (Paidós, 2020) en su libro más completo y ambicioso, complejo y fascinante, escrito hasta la fecha. Una lectura dura, no apta para todos los públicos, pero que dejará sin duda ojipláticos a todos los conocedores de las claves profundas que articulan el pensamiento del filósofo esloveno. Esta es la piedra clave sobre la que, a partir de ahora, deberemos leer toda su obra pasada y futura. Una obra imprescindible para todos los seguidores de Slavoj Žižek.

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