Hay entornos, situaciones y parajes que resultan idóneos para que la novela negra funcione. Casi como un personaje principal más, tan importante como los propios protagonistas. Reuniones en mansiones familiares, los suburbios del neblinoso Londres, los callejones de las grandes urbes, el Chicago de los años dorados del hampa o la frontera USA / México, entre otras muchas.
Las corrientes del género negro y policíaco fluyen, cambian y se generan nuevos modelos. Con “Bull Mountain”, su anterior novela, Brian Panowich (Nueva Jersey, 1972) fue considerado el nuevo estandarte del country noir o southern thriller, que no es que sea una aproximación nueva al género (más bien todo lo contrario), pero resalta la importancia de las etiquetas y de destacar sobre el resto. Panowich regresa de la mano de Siruela en “Como leones”, continuación de las desventuras de los Burroughs en las montañas de Georgia, como si de una segunda temporada, en términos televisivos, se tratase.

El argumento.
Durante décadas, el clan Burroughs gobernó Bull Mountain a su antojo: traficaron con licor por todo el territorio de Georgia, cultivaron marihuana y abastecieron de metanfetamina a seis estados. Pero ahora eso ha pasado a la historia y Clayton Burroughs hace lo imposible por seguir adelante: como sheriff, con su reciente paternidad y con su convalecencia tras recibir un disparo el año anterior durante el enfrentamiento en el que murieron sus dos hermanos. Pero los clanes rivales, rondando como depredadores, han empezado ya a moverse, ansiosos por restablecer el flujo de drogas y efectivo. Una muerte imprevista precipitará los acontecimientos, llevando a los lobos directamente hasta la puerta de Clayton. Para salvar su montaña y a su familia, este necesitará encontrar una manera de, sin dejar de estar del lado de la ley, enterrar de una vez por todas el sangriento legado de su pasado.

“Como leones” es el segundo capítulo dentro de la historia de Clayton Burroughs y su familia. Vaya por delante que me he incorporado a la historia en este segunda entrega, no disfruté en su día de “Bull Mountain” (Siruela, 2017). ¿Es necesario haber leído “Bull Mountain” para comenzar “Como leones”?
La respuesta sincera es no.
El arranque de “Como leones” deja suficientemente claros los hechos sucedidos en el libro anterior para conseguir que la incorporación de nuevos lectores sea suave y sencilla. Pero siempre falta algo de contexto y detalle, que los lectores veteranos tendrán más en cuenta. Nada grave. Como curiosidad personal: nada más terminar “Como leones” me puse a buscar una copia de “Bull Mountain” para leerla. Un buen piropo, sin duda.

“Como leones” tiene el ritmo perfecto, una historia directa, un puñetazo, donde las relaciones entre el honor, la familia, el deber, la venganza y la montaña construyen un círculo cerrado. 

El punto de partida es tenso y complejo. Clayton es el sheriff de McFalls County, al norte de Georgia (EEUU) y arrastra heridas físicas y psicológicas después de lo sucedido en el final de “Bull Mountain”, un enfrentamiento a tres bandas entre Clayton, su propia familia y el FBI.
El clan Burroughs ha dominado durante décadas las montañas del norte de Georgia y con ellas, todas las actividades delictivas de la zona derivadas del tráfico de drogas. Clayton se enfrentó a sus hermanos y al FBI, derrotando a ambos y acabando con la rama criminal de su familia. En apariencia, claro. El nombre del clan Burroughs en la zona sigue siendo respetado, casi venerado, pero la falta de liderazgo ha creado un vacío. Ese es justo el punto de partida de “Como leones”. Clayton no está en condiciones de ser sheriff y mucho menos de encabezar un nuevo clan familiar dedicado al delito.

En esa disyuntiva, entre lo que tienes que hacer por convicción personal y lo que debes hacer por herencia familiar, nos encontramos a un Clayton herido, tocando fondo. Un momento propicio para que familias y grupos rivales comienzan a merodear por la zona, oliendo sangre, buscando problemas e intentando conseguir dinero fácil.
Una de esas intentonas sale mal y desde ese punto de partida comienzan a desencadenarse una serie de eventos que pondrán en peligro la estabilidad de la debilitada sociedad rural y por extensión, a todos los relacionados con el clan Burroughs.

Ritmo a golpe de Americana.

La segunda novela de Brian Panowich es un recital de ritmo, un buen disco de Americana, a golpe de bajo, batería y un par de guitarras, taconazos de bota campera en un suelo de madera con olores de bourbon, cerveza, pólvora y sangre. En las 270 páginas hay espacio para todo, para desarrollar una historia llena de excelentes giros argumentales, con personajes bien definidos (e incluso redefinidos) y para estallidos de violencia, seca, dura y afilada, sin recrearse demasiado pero sin escatimar. Quizás haya algunos personajes arquetípicos entre tanto tipo duro de la montaña pero la dupla Clayton y Kate, por ejemplo, es insuperable. De Clayton y su apesadumbrada vida ya hemos hablado pero Kate, su mujer, es otra protagonista del libro, robando las mejores escenas y las mejores frases. También debe hacer frente a otro personaje femenino potente, la misteriosa Vanessa, de la que poco se puede decir sin caer en el spoiler. Al igual que Annette, personaje que nos deja un prólogo y un epílogo inolvidables.

“Como leones” ofrece más de lo que se piensa en un primer momento y la sensación final es muy satisfactoria. Panowich, antiguo bombero, se confirma como un autor excelente, capaz de continuar con éxito una historia que quizás parecería que no tuviese mucha novedad que aportar, pero que resulta todo lo contrario. La segunda entrega del clan Burroughs tiene el ritmo perfecto, de esas series de televisión (“Ozark”, “Hijos de la anarquía”, “Banshee”, por ejemplo) que devoras en un par de tardes, donde cada personaje tiene su importancia y el entorno imprime carácter y personalidad. Una historia directa, un puñetazo, donde las relaciones entre el honor, la familia, el deber, la venganza y la montaña construyen un círculo cerrado. Y lo mejor de todo: no se detiene aquí, queda historia que contar. La tercera entrega, “Hard cash valley” acaba de salir en inglés. No queda más que aguardar a que Siruela nos vuelva a acercar a Georgia, con una traducción tan buena como la que deja Virginia Maza.
Esperaremos con el bourbon a mano.

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