Paul Yoon

Paul Yoon (Nueva York, 1980) llegó hace unos meses al panorama literario español de la mano de la editorial Nocturna, sello que acumula ya un catálogo más que interesante orientado a distintos públicos pero con un denominador común: la calidad de sus elecciones y la apuesta por autores que no dejan indiferente al lector.

Su primera novela, “Cazadores de las nieves” (Premio Young Lions), publicada en enero bajo la traducción de la malagueña Teresa Lanero, cuenta una historia arriesgada tanto en el fondo como en la forma, pero que logra conquistar poco a poco a base de una cadencia constante pero intensa combinado con una prosa casi quirúrgica, situada en dos épocas y centrada en los desgarradores recuerdos de su protagonista.

Destrozado por la guerra de Corea, Yohan se resiste a volver a casa, abandona todo y a todos y se traslada a Brasil, donde intentará dejar atrás su desgarradora historia reciente, rodeado de personajes totalmente ajenos a su drama interior. Las heridas exigen su tiempo para curar y el ánimo deturpado de Yohan encuentra al inicio una resistencia feroz a interactuar con su nueva patria, inmersa en un ambiente bucólico y rural, centrada en el trabajo y en las relaciones sociales de proximidad.

En su nueva vida, dominada por el trabajo casi de forma obsesiva, nuestro protagonista buscará el equilibro a través de su relación intermitente y temerosa con varias personas del pueblecito en el que vive retirado: su jefe, Kiyoshi, un sastre japonés; Peixe, jardinero de la iglesia; y también dos niños vagabundos, Santi y Bia. Los avatares diarios, que le llevan hasta el agotamiento, rivalizarán en protagonismo con los dolorosos recuerdos de la guerra y de la infancia de Yohan, en una lucha enconada a muerte por la posesión del ánimo del excombatiente.

cazadores de las nievesEstamos ante una novela que se cocina a fuego lento, coherente con el tiempo que precisa un trauma semejante en curar o al menos atenuarse lo suficiente como para permitir una vida soportable. Yoon refleja perfectamente la soledad en compañía que siente un excombatiente con estrés postraumático, el deseo de dejar atrás el tormento y la reluctancia a olvidar coordenadas personales vitales para él, aunque dolorosas y terribles.

Yohan representa el horror de la guerra, pero también la fuerza del ser humano, la redención a través de una vida de trabajo, la recuperación de su humanidad perdida, de las ganas de vivir. Precisamente el ritmo escogido por Yoon nos permite apreciar el cambio en la personalidad de nuestro protagonista de forma realista, su lento arraigo en tierra nueva, con un esfuerzo titánico y continuo, acorde con las tensiones que soporta su mente desgarrada.

“Cazadores de las nieves” es una de esas novelas que tardan en arrancar, que no ofrecen de inmediato una coordenada fácil de seguir por el lector. Pero la recompensa de perseverar en su lectura merece la pena. Os animo a hacerlo.

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