Alzheimer

De acuerdo con datos de la OMS, de los aproximadamente 50 millones de casos de demencia diagnosticados en todo el mundo un 60-70% se corresponden con pacientes de Alzheimer. Una cifra escalofriantemente alta de personas que pierden progresivamente sus recuerdos, la noción del tiempo y el espacio, la independencia.

A día de hoy, esta enfermedad es incurable. Existen algunas estrategias con las que retrasar la aparición de sus síntomas, pero es inevitable. Dar con una cura es especialmente complicado para los investigadores porque todavía existen ciertas incógnitas alrededor de su etiología, es decir, acerca de su causa. Sin embargo, cada nuevo descubrimiento pone una pieza más dentro del complicado puzle que es este trastorno. Uno de los más recientes relaciona un defecto en un proceso celular llamado autofagia con la muerte de las células cerebrales.

Autofagia: el camión de basura de las células

Una célula es como una fábrica que funciona gracias a que cada operario realiza sus tareas. En biología celular, a estos operarios se les llama orgánulos. Su correcto funcionamiento es vital para la célula y, por extensión, para nosotros. Sin embargo, a veces pueden fallar y deben ser eliminados. La autofagia es el sistema que tiene la célula para eliminar las estructuras dañadas.

En primer lugar, se forma una vesícula que engloba la estructura dañada. Esta vesícula, llamada autofagosoma, se fusionará a continuación con un lisosoma. Los lisosomas son orgánulos cuyo interior tiene un pH ácido y están repletos de enzimas hidrolíticas, unas proteínas capaces de destruir a otras macromoléculas. La fusión autofagosoma-lisosoma pone en contacto a las enzimas hidrolíticas con la estructura que debe ser eliminada, consiguiendo así “sacar la basura” del interior de la célula.

Aunque lo de sacar la basura pueda sonar a broma, lo cierto es que defectos en la autofagia tienen resultados muy parecidos a lo que ocurre en una gran ciudad cuando no se retira la porquería de las calles durante un tiempo muy prolongado. Mientras que en una metrópolis aparecerían malos olores, así como insectos y ratas que acabarían llevando enfermedades a los ciudadanos, en la célula se desencadena la muerte celular, un proceso llamado apoptosis. Esto es debido a que las estructuras dañadas impiden el correcto funcionamiento de la célula, y una célula está programada para autodestruirse cuando deja de ser útil para el organismo.

Autofagia
Proceso de la autofagia.

La muerte de las células cerebrales

El cerebro está compuesto por distintas clases de células, de las cuales las neuronas son las más conocidas por su relevancia. Son responsables del aprendizaje, la memoria, el movimiento, la captación de estímulos sensoriales… Por tanto, su muerte va a afectar a todos estos procesos, dando lugar a la sintomatología del Alzheimer.

La muerte de las neuronas en los pacientes de Alzheimer se debe a la agregación de las proteínas beta amiloide y tau, formando unas placas que interfieren con el correcto funcionamiento de las neuronas. Como mencionábamos antes, cuando una célula no puede desarrollar su función normal, se inicia la apoptosis y muere. Así, se va a producir una pérdida paulatina de las neuronas cerebrales.

Los motivos por los que la agregación de estas proteínas causa la muerte de las células son variados. Recientemente, se ha descubierto que las neuronas que presentan esta anomalía presentan defectos en la autofagia, por lo que no pueden eliminar las estructuras dañadas correctamente. Parece ser especialmente relevante la incapacidad de eliminar las mitocondrias dañadas, los orgánulos responsables de proporcionar energía, que se acumulan en el interior celular. Esto causa un aumento del estrés oxidativo, uno de los estímulos que desencadenan la apoptosis.

Alzheimer: las placas amiloides
Alzheimer: las placas amiloides

¿Una posible estrategia terapéutica?

Tras descubrirse este posible papel de la autofagia en el desarrollo del Alzheimer, han sido varios los investigadores que se han planteado que restaurar este proceso podría mejorar sus síntomas. Un trabajo conjunto de las universidades de Kansas, Arizona State y Florida International publicado en 2017 logró restaurar los niveles de la proteína PINK1 (PTEN-Induced Putative Kinase 1) en animales de experimentación; esta proteína está disminuida en los pacientes de Alzheimer, y al aumentar sus niveles mediante terapia génica se logró, entre otros efectos beneficiosos, promover la autofagia y la eliminación de las mitocondrias disfuncionales. En consecuencia, los animales de experimentación mejoraron algunas de sus funciones cognitivas respecto a los animales del grupo control cuyos niveles de PINK1 estaban por debajo de lo normal.

No todos los avances en este campo van de la mano de la terapia génica. Recientemente, se ha observado que la administración intragástrica de 50 mg por kilo de peso al día de un extracto de la fruta de la gardenia parece mejorar el aprendizaje y la memoria en un modelo animal de Alzheimer al restaurar el funcionamiento de la autofagia.

A pesar de que estos avances todavía están lejos de llegar hasta los pacientes humanos, la relación entre autofagia y Alzheimer ha abierto una nueva vía de investigación que podría, quizá, contribuir a una mejora en la calidad de vida de quienes padecen este trastorno.

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