Nintendo sabe que su mayor atractivo han sido los juegos exclusivos. Es por ello que cuenta con una pequeña constelación de estudios alrededor que si bien no forman parte completa de la compañía, cuentan con el apoyo absoluto de esta. Dentro de estos estudios “Second Party” se encuentra Monolith Soft, que hoy nos trae el apabullante Xenoblade Chronicles 2.

Como ocurre en la saga Final Fantasy, todos los Xenoblade parten de puntos distintos para crear aventuras completamente independientes unas de otras. En este caso se nos presenta a Rex, un buceador de rescate en el mundo de Alrest, un planeta sumergido bajo un océano de nubes en el que la gente vive literalmente a lomos de Titanes en los que los Blade, una especie de organismos inmortales que apoyan a los guerreros, se han convertido en una necesidad para una sociedad que se encuentra en una guerra constante por controlar los escasos recursos naturales.

El viaje del héroe (y nunca esta expresión ha explicado mejor una historia) comienza cuando una misteriosa organización contrata a nuestro protagonista para encontrar un pecio perdido cerca de su lugar de origen. Dentro del barco encuentran a Pyra, una Blade con grandes poderes conocida como la Égida que desea volver a Elysium, la tierra mítica de la que provienen todas las especies de Alrest. Rex se ofrece a acompañarla en un épico viaje en el que se verán perseguidos por todos aquellos que quieren controlar el arma definitiva que se oculta tras la misteriosa y bella Blade.

Así pues, y como se puede intuir, la segunda entrega de la saga sigue una estructura más parecida a Chronicles 1 que a X, dándonos una historia menos libre pero mucho más intensa y con personajes más profundos que la entrega de Wii U. Esto lo hace más cercano al RPG japonés de toda la vida y lo aleja de fórmulas más occidentales en las que el jugador cuenta con su propio avatar. Este giro hacía el País del Sol Naciente llega al punto de estructurar toda la trama en torno a 8 capítulos que a su vez siguen una estructura más propia del anime que de un videojuego, todo un acierto que le otorga un toque de originalidad a una historia que pese a apasionante y divertida, no cuenta nada que no se haya contado antes incluso en la misma saga.

Los personajes del juego están todos mucho más definidos que lo habitual, y si bien al comienzo son tremendamente arquetípicos (incluso tenemos al malo misterioso de pelo blanco y espada incómodamente larga) según avanza la historia van recibiendo pinceladas que los convierten en únicos y tremendamente carismáticos, algo que tienen en común todos los grandes JRPG y en lo que Xenoblade Chronicles 2 no podía fallar.

Queda por hablar del que probablemente sea el protagonista principal del juego: el propio mundo de Alrest. Siguiendo la tradición de los juegos de Monolith que Square Enix “importó” a su Final Fantasy XV, Xenoblade Chronicles 2 es una historia que gira en torno a su mundo y que no podría ser posible en ningún otro lugar pero que a la vez es inquietántemente similar a nuestra propia realidad. Como ya hemos dicho, Alrest se encuentra sumergido bajo un mar de nubes que hace imposible la vida a los seres humanos. Es por ello que la civilización se establece en la espalda de titanes, seres gigantes que se alimentan del éter del océano de nubes y que han decidido acoger la vida en sus propios cuerpos. Cuando el juego comienza, los titanes van llegando, uno por uno al final de su ciclo vital, lo que conlleva que paulatinamente los habitantes de Alrest cuenten con menos tierras y recursos para mantener la vida, lo que a su vez causa encarnizadas guerras que aceleran el fin de los tiempos.

En este ambiente de tristeza, cada vez más seres miran hacia el Árbol del Mundo, un enorme árbol que se encuentra en el centro de Alrest y en cuya copa, según las leyendas, se encuentra el ya nombrado Elysium, el paraíso donde el Arquitecto creó toda la vida y que puede ser la última esperanza de un mundo agonizante.

La jugabilidad por su parte es mucho más continuista con lo que ya podemos nombrar “sello Xenoblade”. Ante nosotros tenemos un gran mundo con poca presencia humana y generalmente habitado por animales salvajes de todas las formas y colores, cada uno con sus hábitos y forma de actuar. Además esta fauna no estará separada por niveles, pudiendo encontrar saurios de nivel 80 bebiendo agua justo al lado de pequeños mamíferos de nivel 8, lo que hace fundamental para nuestra supervivencia en los primeros compases del juego el ser capaces de distinguir entre carnívoros que nos atacarán como presas y vegetarianos que nos ignorarán salvo que los ataquemos nosotros o entre animales que se guían por el sonido y aquellos que lo hacen por la vista. Toda una gozada sobre la que otras compañías construyen todo su producto y que en el caso que hoy nos ocupa es solo un aspecto más de un juego colosal.

El combate, ya sea con animales o con enemigos reales, es un un paso más en el sistema que comenzó con la entrega de Wii. Al igual que en la historia de Shulk y compañía, aquí nos encontramos con un estilo más propio de los MMO que de los RPG tradicionales en el que el ataque básico se realiza de manera automática y las habilidades especiales se irán cargando poco a poco. Estas habilidades, además de infringir más daño a los enemigos, causarán una serie de estados que deberemos ir encadenando para maximizar nuestras posibilidades de éxito.

Otra cosa que deberemos combinar son los roles de nuestros personajes, cogiendo así otra página de los MMO. Si bien los Blades hacen siempre el papel de apoyo que nos produce estados mejorados y aumentos en general, los personajes principales se reparten entre los roles de atacante (encargado de hacer el omnipresente DPS), defensor (que atrae la atención de los enemigos y soporta sus ataques) y sanador (cuyas habilidades hacen menos daño pero a la vez restauran los puntos de vida del equipo). Estos papeles vienen determinados por los Blades que sincronicemos con nuestros pilotos que además determinarán el arma y el tipo de ataque elemental que poseemos.

Y esto nos lleva a uno de los puntos grises del juego; el sistema de obtención de Blades. Estos seres nacen de cristales primordiales que obtendremos de multitud de formas distintas y que se dividen entres tipos, comunes, raros y legendarios cada uno de ellos con mayor opciones de darnos un Blade Único. El problema es que el Blade que salga de nuestro cristal es algo completamente aleatorio, tanto en el rol, como en su papel y rareza, por lo que nos podemos tirar horas y horas trabajando por obtener cristales legendarios y sólo obtener Blades comunes (que son prácticamente ilimitados, a diferencia de los 37 únicos) lo que puede sacar de sus casillas al más calmado de los jugadores. Además, el Blade quedará ligado al personaje que lo despierte teniendo que gastar un objeto escasísimo (apenas 10 confirmados hasta ahora) para que otro piloto lo use. Todo esto recuerda excesivamente a las infames Cajas de Botín que han traído por el camino de la amargura a EA y su Battlefront II aunque esta vez no haya micropagos de por medio. Una pena, teniendo en cuenta que la idea de tener un número casi ilimitado de armas vivientes y con personalidad propia es uno de los mejores aportes del juego.

El apartado técnico del juego también continúa con otra de las tradiciones de la saga: llevar al límite el hardware en el que se ejecutan y hacer que nos cuestionemos que serían capaces de hacer con más potencia.

Visualmente Xenoblade Chronicles 2 no solo es capaz de plantar cara al increíble Breath of the Wild si no que lo supera ampliamente en muchos aspectos. El mundo por el que nos movemos está mucho más vivo que Hyrule y la cantidad de animales que lo habitan, cada uno con su propio modo de vida, es sencillamente increíble. La multitud de ambientes, cada uno perteneciente a su titán, y la belleza de los mismos causa una sensación inolvidable en el jugador, que en más de una ocasión se quedará sin aliento al llegar a los múltiples miradores que pueblan el mapa del juego. Además, el juego tiene una resolución más que decente con unos  suficientes 30fps en un juego en el que la velocidad de reacción del jugador no será puesta a prueba muy a menudo. Esto siempre y cuando juguemos con la consola en modo sobremesa, ya que una vez que entramos en modo portátil el rendimiento gráfico del juego se desploma alarmantemente.

En este modo, la consola híbrida de Nintendo nos asusta con una caída descomunal de la resolución y la distancia de dibujado que sufre un popping bestial. Efectos como la oclusión ambiental o el desenfoque de movimiento se pierden completamente. Todo esto lo acerca más a la entrega de Wii que a otros juegos de la propia Switch.

Por otro lado, el juego también sufre tras los muy breves periodos de carga un fenómeno que hacía tiempo no veíamos, las texturas tardan en aparecer, por lo que en más de una ocasión veremos polígonos completamente desnudos que muestran hasta que punto este juego exige a la nueva máquina de la compañía de Kyoto. Es probable que todos estos errores se deban a lo joven que es Switch y que en un futuro otros juegos superen el apartado técnico de Xenoblade Chronicles 2, pero tampoco sería la primera gran consola que toca su techo en el primer año de vida ni tampoco una mala noticia saber que una consola portátil puede llegar tan arriba.

Sorprende por otro lado el hecho de que el diseño abrace de forma descarada el aspecto de los Shonen, con ojos grandes, personajes aniñados y muy “kawai” (salvo los malos) y chicas hipersexualizadas con un gran componente de Fan Service, Algo muy japones que nunca ha dejado a nadie indiferente y que se estrena en esta saga, que contrasta en gran medida con un mundo mucho más sobrio pero enormemente bello.

Lo que si que no sorprende es el espectacular apartado sonoro del juego. El trabajo de Yasunori Mitsuda (al que ya conocemos de Chrono Trigger o el propio Xenoblade Chronicles) es sencillamente brutal, con unas composiciones memorables con fuertes influencias celtas y unos motivos potentes muy apropiados para una historia de este corte. Los efectos de sonido cumplen como deben y la mezcla de sonido resulta perfecta ya sea a través de un decodificador 5.1 o de los integrados de Switch, lo que es muy de agradecer.

Menos brillante resulta el doblaje americano, que ha intentado la atroz idea de poner a actores estadounidenses a intentar imitar el acento británico, lo que destroza completamente a algunos personajes y ambientes. Por suerte, desde el día del lanzamiento contamos con un parche con las voces originales japonesas que hace ganar muchos enteros al ambiente sonoro del juego.

Los subtítulos y la traducción al castellano son simplemente brillantes, pero adolecen de no partir de versión original, si no de estar traduciendo desde la versión norteamericana, que realiza múltiples cambios (no sólo en nombres, si no en algunas conversaciones) respecto al guión japones. Esto de adaptar los juegos a los gustos occidentales es algo que deberíamos haber dejado atrás hace años, de hecho Persona 5 lo logra, pero parece que en Nintendo aún no confían en que el público del resto del mundo este preparado para entender sus productos sin adulterar.

Conclusión

2017 ha sido el año de la resurrección de los JRPG. Si empezó con el infravalorado Final Fantasy XV, termina con el segundo mejor juego del género que hemos visto en un año plagado de joyas.

Xenoblade Chronicles 2 es todo lo que un buen juego tiene que ser; grande, divertido, profundo y con una historia y personajes difíciles de olvidar. Quedan algunos puntos grises como el modo portátil, la mala representación del mapa (algo que van a arreglar en el primer parche) o el sistema de obtención de los Blades. Aún con todo, el juego es un absoluto imprescindible en el catálogo de la consola híbrida, que en su primer año de vida ha cumplido la promesa de traernos un juego AAA cada mes.

Así pues, si PlayStation 4 tiene Persona 5 como imprescindible del género Nintendo Switch tiene Xenoblade Chronicles 2, y entre los dos se encuentran los mejores JRPG del último lustro.

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