“Niebla en Tánger” nos propone descubrir el relato de una bella historia de amor y misterio en una ciudad antaño abierta y exótica, donde los ecos de ese pasado aún resuenan en sus calles para quienes los buscan con deseo.

Este es el planteamiento de la novela Finalista del Premio Planeta 2017. En más de una ocasión he oído que la mejor novela es la finalista y que la ganadora es la que más vende. Obviamente, esto es una maldad. Yo os voy a dar pistas para que sepáis qué os espera tras este sugerente título y qué opinión me ha merecido.

Cristina López Barrio (1970, Madrid) ejerció como abogada durante trece años, especializándose en Propiedad Intelectual. Tras ganar en 2009 el Premio Villa Pozuelo de Alarcón de novela juvenil con la obra “El hombre que se mareaba con la rotación de la Tierra” (2009), y la publicación de la novela “La casa de los amores imposibles” (2010), abandonó la abogacía para dedicarse plenamente a la escritura. En 2010 obtuvo el premio a la escritora revelación que otorga el conocido blog literario Llegir en cas d’incendi por “La casa de los amores imposibles”. Esta novela se ha traducido a quince lenguas y publicado en veintidós países, entre ellos Estados Unidos, Italia, Alemania, Brasil, Argentina, Suecia, Israel o México. Ha publicado también el libro de relatos “El reloj del mundo” (2012) así como las novelas “El cielo en un infierno cabe” (2013) y “Tierra de brumas” (2015). Es indudable que a esta autora le ha cambiado la vida con el refrendo e inpulso que proporciona este galardón.

 

Principios de diciembre de 2015, las luces navideñas brillan en Madrid. Flora Gascón, una hermosa pelirroja con ojos de muñeca, ha quedado con sus antiguas compañeras de colegio para salir a cenar. La fiesta acaba con la protagonista despertando en un hotel de la Gran Vía tras unas tórridas horas junto a un desconocido de acento francés del que sólo sabe su nombre, Paul. En la mesilla, un libro cuyo título es Niebla en Tánger, de Bella Nur. Flora consigue una cita con el hombre, pero es a partir de ese momento cuando su vida girará en un inesperado sentido.

Traductora de manuales de electrodomésticos, la vida de Flora transcurre en una peligrosa monotonía al lado de su gris marido, un funcionario que mata las horas libres frente al televisor ignorando los anhelos de maternidad de su mujer. Tras nueve años de matrimonio, de los cuales tres transcurren por una vía muerta, Flora intenta encontrar solución o consuelo en su psicóloga argentina en la red, Deidé. Pero, no hay fórmulas mágicas cuando te enfrentas a momentos críticos de la vida, esos en los que te miras y te preguntas ¿quién soy? Quizá, de no haber sido por los libros, los cuentos, la fantasía donde refugiarse, no sabe lo que habría sido de ella. Esa pasión es la que le empuja a adquirir el libro Niebla en Tánger.

Esta novela que Flora empieza a devorar con pasión está protagonizada por Marina Ivannova, una bella mujer que ha heredado la tez pálida y el pelo rubio de su padre ruso. Su infancia, sus pérdidas, sus gozos, la llevan por medio mundo, en medio de un entorno encorsetado por la tradición judía de su familia. Consigue casarse, viajar y alcanzar sus deseos de juventud, pero la vida se encarga de mostrar su cara amarga. Sólo Paul Dingle consigue arrebatar su corazón.

Flora, que guarda un amuleto hurtado a su amante de una sola noche, traspasa el umbral de la realidad y viaja de manera impulsiva a Tánger a recorrer los lugares que aparecen en la novela. La historia crecerá enredándose con el presente y el pasado de mediados del siglo XX. Una trama que no decae hasta su resolución.

Esta novela tiene la principal virtud de crear una excelente atmosfera que atrapa al lector. Cristina López Barrio encadena metáfora tras metáfora para impregnar de su perfume toda la novela. El exotismo y la niebla del norte de África nos transportan de manera vívida a lo que se nos cuenta, bien cuando perseguimos a una Flora que juega a ser una bloguera literaria que utiliza el apellido de su abuela, Linardi, o bien cuando leemos la azarosa vida de Marina Ivannova, una mujer vital que nos muestra cómo se puede tener todo y perderlo.

Narrada en tercera persona, la novela tiene todo un coro de personajes. La citada psicóloga es el contrapunto cómico de esta aventura, sobre todo cuando actúa de improvisada Watson. Sus atónitos ojos asisten a la transformación de la protagonista, la cual el lector adivina que no es más que un deseo de escapar de su vida actual. En escena aparecerá un caballeroso protagonista masculino, Armand Cohen, que… digamos que estará ahí para cuando se le necesite. Pero, si hay personajes con carisma y profundidad son los de la novela dentro de la novela, las criaturas que Bella Nur describe en su libro. Me quedo con el tullido Samir, un pobre diablo de las callejas de Tánger. La intrigante Laila, una niña que se hará mujer. El propio Paul Dingle, un permanente misterio que se pasea a caballo de las dos realidades/ficciones, la pasada y la presente. Y me quedo con Axia Kandisha, la deidad que es capaz de llevarse a los hombres.

Pero, lo anterior quedaría cojo, sería sólo un culebrón más si Cristina López Barrio no me hubiera atrapado con la música de los pianos, el humo de los cigarrillos, la espuma del mar que es recorrido por marineros errantes, los puertos, los zocos, la medina, la ciudad vieja, los hoteles afrancesados que lo han visto todo dentro de sus paredes. Como indicaba al principio, es una novela de atmósfera, de sueños (algunos rotos) e impulsos que los persiguen. Es fabulosa la convivencia de tradiciones bereberes, la influencia del cercano desierto en contraposición con el férreo judaísmo y la herencia de unos fríos antepasados eslavos. En este Tánger volvemos a contemplar lo que antaño fue un crisol de nacionalidades que convergían y convivían. Por qué ahora es tan difícil eso, me pregunto.

Infinidad de referencias a Oscar Wilde, al eterno Dorian Gray, a Camus,… la autora las usa mientras teje las distintas historias hasta conseguir una emotiva colcha bordada para el recuerdo. Bien escrito por quien sabe hacer que las hojas vuelen en las manos; una historia más de pasiones humanas, con errores y oportunidades perdidas. La melancolía quizá tiñe en demasía el libro, pero hay lugar para la esperanza y en especial para aquellos que no se rinden y saben salir a flote. Una ficción, en ocasiones de tintes mágicos, inspirada en el glamour que nos dejó la primera parte del siglo XX que merece vuestra lectura. Yo, mientras tanto, quizá me tome una taza de chocolate y una magdalena de Proust. ¿Por qué? Leed Niebla en Tánger y lo descubriréis.

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