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       Artículo de literatura

Anoche, mientras te observaba, de Ignacio Cid Hermoso:Querida Lucia…


 Terror / Suspense
Jorge Lara Gómez   26/07/2016
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     Anoche, mientras te observaba, soñé que tú y yo éramos marionetas de una misma cuerda. Al despertar, vi unas tijeras y una cuerda rota entre mis manos: nunca serías mía.
Portada anoche mientras te...Cerrando los ojos se apaga el universo, pequeño telon para escenario tan inmenso. ¿Te falta algo?¿te sientes solo? no importa, pues un corazon grande se llena con poco.” Cantaba el poeta rapero Xhelazz hace ya algunos años, y me ha venido a la mente en el momento de sentarme a hablaros de lo último de otro poeta, esta vez literario, Ignacio Cid Hermoso, que en este, su nuevo trabajo bajo el sello de Editorial Base: “Anoche mientras te observaba”, nos deleita con un canto, o mejor, dicho, una oda amorosa, al sentido de pertenencia y a la pérdida de algo, de algo que no se ha tenido nunca pero que siempre lo hemos sentido como propio: «Tan solo quiero ganar, aunque solo sea esta vez» le grita el protagonista al amor, ese amante cruel, a lo que el amor responde: «sigue jugando, hay miles de premios».

Suena raro, lo sé -¿perder algo que no se tiene?-, pero es la mejor manera de expresar los sentimientos del protagonista anónimo de esta historia. ¿Anónimo? Deliberadamente anónimo. Puede que porque todos -y cuando digo "todos", no hago distinción de géneros- hemos, somos o seremos él en algún momento de nuestra vida y quizás por ello, el autor, no ha querido darle nombre ni rostro, para que se el lector el que se quite el suyo, como si fuera un habitante de la Casa de Blanco y Negro, allá en Braavos, donde miles de rostros sin nombre decoran sus capiteles, y lo encaje en la cara de aquel que observa con anhelo, cada noche, desde hace más de 60 noches, esa ventana que le transporta a otra relidad, a otra vida, a su línea de meta para la cual no han hecho podio ni se entregaran premios. 

Todos tenemos una parte de voyeur que intentamos refrenar, mi personaje no es capaz de hacerlo. Realmente cree que lo que hace, es noble, justo.


Anoche mientras te observaba” (Editorial Base, colección Narrativa Hispánica), como he dicho, es un canto al sentido de pertenencia: del protagonista que hace suya cada mirada en el metro, de la chica de la piel de melocotón, pero sobre todo, y ante todo, de cada reflejo en el cristal de la ventana del piso de Lucía, de cada minuto de su vida, partícula de su aliento, pestañeo de su mirada... de cada paso que da y cada lágrima que derrama: Lucía es suya y solo suya. Es el resorte que le hace levantarse cada mañana, dirigirse a su tediosa cadena de montaje donde quizás cruce dos o tres frases con sus compañeros, para volver a casa, a vivir una vida de voyearismo enfermizo, insano y pusilánime.   

Lucía es la mano que le guía en cada palabra que le escribe en un trozo de papel, sin sello ni remitente y que nunca encontrará destino. Lucía es el Yang para un Ying que no encaja, es la montaña rusa para la que él, no compró ticket, y también será el precipicio sin fondo por el que caerá eternamente, el agujero en la pared por el que observar un futuro oscuro e incierto...Lucía es su obsesión, pero también cada sístole y diástole: “No se como se llama Lucía.  No se quién es Lucía. La llamo así, Lucía, porque ningún otro nombre la llenaría por igual».

Miron anoche mientras...

La chica del metro también es suya, o al menos le pertenece la radiografía de su vida. Se ha hecho dueño de sus miradas fugaces, de sus sonrisas, de cada pliegue de su ropa, de cada trayecto de ida y vuelta.  De su olor a melocotón. Sherry: su mujer afrutada del trabajo nocturno. «“Tú y yo” se escribe junto» pero en reglones separados. Tan separados como la distancia que existe entre los asientos de una y otro.  La distancia más corta entre dos puntos, no es la línea recta, es una mirada felina, de comadreja entrenada en mil batallas y que pasa desapercibida.   Como suya  también es, Mariola, su adorable vecina del segundo. Con ella comparte cada sábado de cada semana, una tarta de cerezas recién hecha, líneas interminables de conversaciones superfluas sobre un hijo que solo la escribe por navidades, y postales de hombres desnudos que él desliza por la rendija de su buzón, para que ella recuerde que una vez fue joven, bella, deseada.  O Sonya, su cortesana centroafricana, ama y señora de sus encuentros sexuales... porque cuando todo falla, siempre queda el comodín de la llamada.

Pero también hay pertenencia del lector: que en cada frase se ve reflejado, que en cada comportamiento se ve indentificado. La vida del protagonista, es la vida de cada uno de nosotros: todos hemos estado enamorados de una ilusión, de un ideal, de un imposible o inalcanzable. Todos hemos espiado por la ventana, e imaginado una vida distinta.  Todos hemos hecho nuestro, algo que no pertenece a nadie, y todos hemos llorado, sufrido, reido y luchado por alguien que no nos correspondía, porque ni siquiera sabía de nuestra existencia. Todos hemos tenido una vecina o vecino por el que suspirar, al que observar, y del que cuidar en la soledad de nuestro cuarto y todos hemos sido cobardes y hemos tenido miedo de expresar nuestros sentimientos, por el dolor emocional que nos puede o podemos causar.

Cama vacia anoche mientras...El autor, más que a nadie, también se ve afectado por este sentido de pertenencia.  Si en su anterior trabajo, “Grotesque”, ya os decía que Cid Hermoso nos mostraba de que pasta estaba hecho y nos dejaba entrar en su cabeza, ir y venir, tocar y mirar, en definitiva, nos mostraba su alma, traspasándonos su carga, sus miedos y sus inquietudes, con “Anoche mientras te observaba” llega el efecto “rebote” y consigue que seamos nosotros, los lectores, los que le traspasemos nuestras cargas. Aunque más bien, nos las roba, nos desnuda con la delicadeza de una berserker, nos deja la ropa hecha jirones y nos echa pegamento en los párpados para no pestañear, para no perder detalle, para ser fieles guardianes de su Lucía.

De lo nuevo de Cid Hermoso, pocas certezas se nos presentan, aunque son más que suficientes, como por ejemplo, que para el autor, ha supuesto todo un ejercicio de estilo literario, de liberación, en la que TODO es premeditado. Se trata de una novela subjetiva, con un único punto de vista y en primera persona: la del voyeur. No existe la figura de narrador que todo lo sabe y justifica, así que lo que vemos y sentimos lo hacemos a través de él, de lo que nos cuenta, de lo que siente, partícipes de ese agujero negro que es su soledad.  Así que nos sentimos, como «títeres zambos, gobernados por los dedos de un tramoyista esquizoide», tras cada verso de esta novela, como en un bote sin remos en un mar picado que agita y sopla el autor, mientras nos entierra en frases lapidarias y melancólicas como: «La mujer a la que más ha amado y menos he conocido» o «Creo que estoy todo de ti, menos enamorado».

Ignacio Cid Anoche...

También sabemos que la acción transcurre en Madrid y que hay un club, el Luxury, antro de perversión al que le han pintado una diana a la espalda. Como conocemos, que a la cita asisten una serie de personajes, de los que nunca sabremos su punto de vista y que adoptaran la forma de piezas sueltas, para que el lector las distribuya por el tablero de juego; y que existe un único protagonista con forma definida: un tipo gris, huraño, retraído, enamorado del amor y un cobarde de manual. No bebe, no fuma, no toma drogas… solo observa y observa, hasta convertirse, durante unas horas, en un ángel vengador, un héroe con alas de papel, de esas que arden al acercarse a la más mínima llama… y si no, pregunten ustedes a Ícaro.

No entraré a valorar si es o no su mejor novela. Tal y como yo la he sentido, no tiene forma de novela, es más bien, un espejo que no entiende de sexos y que nos muestra la realidad de lo que somos: seres que estamos de paso y que tan solo buscamos amar y sentirnos amados. Xhelazz tenía razón.

Grge_dixit: ¿misterio, novela negra, psicológica, erótica? Palabras convertidas en sexo, amor, rabia, violencia y sobre todo nostalgia, que se merecen, al menos, un par de lecturas. Especial mención merece el mensaje para Lucía, lo encontraréis en la página 29. Quizás, mi pasaje preferido de esta carta de amor no correspondido.

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