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Rosewind: espada y brujería al estilo de los 80


Francisco Javier Illescas   28/01/2015
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     ¿Te gusta el género de espada y brujería? ¿Eres rolero de vieja escuela? ¿Has leído cómics como los de Conan y Kull el conquistador? ¿Los nombres de Esteban Maroto o Brocal Remohí te resultan familiares? Pues eres público objetivo para este cómic.
RoswindVamos a ponernos en plan “abuelo Cebolleta”: la gente de mi generación fue de las últimas en gozar del género de “espada y brujería” como medio de entretenimiento directo. Y no sólo por la saga cinematográfica de Conan (hablo de la iniciada por “Conan el bárbaro”, la de 1982, dirigida por John Milius), sino por tantas otras relacionadas, tales como “El señor de las bestias” (1982, Don Coscarelli), “El guerrero rojo” (1985, Richard Fleicher), “El dragón del lago de fuego” (1981, Matthew Robbins), “Cromwell, rey de los bárbaros” (1982, Albert Pyun), “Excalibur” (1981, John Boorman), sino por el auge que vivió el género de la fantasía épica, tanto en el ámbito de la literatura como en el lúdico (con el auge e introducción de los primeros juegos de rol). Sin embargo, a partir de mediados-finales de los 90, el género pierde empuje, aunque nunca se ha perdido esa esencia del todo, como prueban colecciones como “Eternal Warrior”, colecciones de tipo europeo como “El tercer testamento”, “Reliquias” o “El astrolabio de hielo”, o sagas como las archiconocidas “Canción de hielo y fuego” o las aventuras de Geralt de Rivia.

Recuerdo también, allá por la última década del siglo pasado, un intento de relanzar las aventuras de “La espada salvaje de Conan” incluyendo historietas cortas de autores españoles con objeto de servirles de trampolín, algunas de ellas con grandes ideas y planteamientos tremendamente novedosos… Y Rosewind, aquí donde la vemos, habría ocupado un digno lugar en ese formato.

Pero… ¿Qué nos cabe esperar de esta obra? Pues un ejemplo de devoción por el género, y un retorno a aquellas obras y diversiones que tantas veces nos han hecho felices. Y se nota la amalgama de todo ello: mitologías, dioses envueltos en guerras civiles, magia, razas fantásticas, lucha de espadas, guerreros, bardos que cantan sus hazañas… Y realizado por mero deseo de hacerlo, a través de autoedición  por micromecenazgo (crowdfunding).

RoswindY así, Juan Luis Rincón Chamorro (Zombis AC, 12 del Doce: Moreno) ha unido sus lápices y su historia al color de Juan Torres con objeto de traernos este volumen que tenemos entre manos. Dos autores andaluces (gaditano el primero y sevillano el segundo), licenciados en Bellas Artes y con ganas de sacar lo mejor de sí. Veamos que nos depara este cómic.

Diana es una voluptuosa guerrera de pelo blanco conocida por las masas de la que se cantan gestas, como se atestigua en la primera parte, “Bardo”, en la que el cantar de gesta de un humilde clérigo callejero nos sirve como presentación tanto del mundo en el que nos hayamos como de las cosas de las que es capaz la heroína protagonista… Y observar que a determinados elementos no les gusta que sea recordada. ¿Por qué? ¿Qué es lo que tiene la humilde luchadora de “La caja mágica”, que no hace más que ganarse la vida como gladiadora?

Roswind

Pues es algo que se nos dejará entrever en la segunda parte: “El clérigo”. En este punto conoceremos al principal aliado de Diana, Illvar, abad de Tamambog. El buen clérigo está a punto de asistir a una reunión con el regidor Lurjus, gobernador de la ciudad en la que la acción tiene lugar. Pero… ¿Es realmente trigo limpio el regidor? ¿A qué se debe ese resquemor hacia las acciones benéficas de Diana? ¿Cómo se defenderá una “desvalida damisela” sola en una taberna? ¿Quién es el misterioso ser que aconseja al regidor? ¿Qué significado tienen los colores de los cuadros? ¿Corren peligro nuestros protagonistas?

RoswindY es en este punto en el que os invito a descubrir el resto de los detalles a riesgo de hacer adelantos argumentales innecesarios. Pero promete una buena historia: el guión es el que cabría esperar de una obra de este tipo, al igual que el dibujo, de corte clásico, nos sumerge con eficacia en el entorno.
No obstante, se detectan algunas pequeñas carencias formales que, según avanza la historieta se van haciendo menos evidentes, lo que nos permite especular con una mejora a nivel gráfico en el segundo volumen de los tres de los que constará la obra. ¿Ejemplos? El hieratismo de alguno de los personajes, como en la primera viñeta de la séptima página del cómic, en la que la postura y gesto de la protagonista no parecen los ideales; o la secuenciación de la coreografía de las luchas en ejemplos tales como la viñeta media de la página nueve (el tajo descendente del soldado que ataca por la espalda parece lanzado hacia el lector en vez de a la protagonista… Y debería haber sido detenido con el filo, no con el plano de la espada), o la patada final de la página 21 (más creíble a nivel biomecánico si se hubiese lanzado de derecha a izquierda). Y algunos detalles menores, como las gafas de aspecto extrañamente moderno que luce Illvar… ¿No habría sido mejor que luciese unos quevedos o una montura con un diseño de aspecto más rústico? Es un punto anacrónico que habría podido evitarse con facilidad. Aunque es un detalle del que el autor es consciente –lo deja claro en el prólogo-, no deja de chirriarme un poco (y mirad que hay otras cosas en las que fijarse, pero esa choca).

RoswindPor lo demás, el álbum es rico en detalles. Desde referencias a otros cómics clásicos (esa referencia brutal a Spiderman según Diana se encuentra con Illvar en la abadía es brutal) como un impecable trabajo en la representación de la arquitectura (destacables las bóvedas de crucería visibles en los primeros planos, y las vistas tanto del puente de entrada a la ciudad –que recuerda poderosamente al puente de Alcántara sobre el Tajo-, como de la abadía –de aspecto cisterciense-). El vestuario de los personajes es, también, adecuado a la trama.

Pero hay más guiños: tras el título de cada parte viene una pequeña frase que nos hace pensar, inmediatamente, en una profecía oculta tras la aventura. Pistas que nos harán seguir la historia con avidez por ver si se hace efectiva.
Y ya sólo nos queda mencionar el doble prólogo: uno cortito, cargado de nostalgia por el género, de Mikel Janin (Grayson, Liga de la Justicia oscura), y otro algo más denso del propio Juan Luis Rincón, que supone una declaración de intenciones sobre su obra… Tremendamente sincera. Nos comenta qué es lo que vamos a encontrar y lo que buscaba… Y es exactamente lo que nos encontramos.

Para terminar, algunos Fanarts de Juan Torres , Lidia Castillo , Agu Ariza  y Pedro J. Moreno.

Un producto honesto y entretenido que solo puede mejorar, y que me ha dejado con ganas de seguir la saga.

¡Seguiremos informando!

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