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       Artículo de literatura

Juglar, de Rafael Marín


Natalia Calvo   22/02/2007
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     Un relato que transporta con un gran rigor a uno de los más importantes períodos de la Historia de España: la Reconquista. La época del Cid Campeador en su mayor esplendor
Portada de Juglar, de Rafael MarínRafael Marín se ha convertido, con el tiempo, en uno de los más prestigiosos escritores de Fantasía y Ciencia Ficción del panorama español. Este gaditano, nacido en 1959 y licenciado en Filología Inglesa, es además traductor y guionista de cómics. Su primera novela se tituló “Nunca digas buenas noches a un extraño” (1978) De 1984 es la novela “Lágrimas de Luz”, considerada por la crítica el mejor relato escrito en lengua española del género. Como guionista trabajó en la serie “Iberia Inc.”, “Triada Vértice” y “Los Inhumanos”. Obtuvo los premios UPC, Ignotus, Pablo Rido, Castillo-Puche y Albacete de Novela Negra. En la EuroCon de Finlandia, en 2003, se le concedió el premio al Mejor Traductor Europeo de Ciencia Ficción. La novela que nos ocupa, Juglar, publicada por Ediciones Minotauro.

Estebanillo vive en un monasterio, Sopetrán, abandonado a la vida monástica y disfrutando de las ideas extrañas que Fernán Ramírez le enseñó acerca de la magia. Fernán Ramírez, tras la muerte de todos sus hermanos mayores, entra en herencia de su padre, dejando a un lado la religiosidad y llevándose consigo a su amigo Esteban. Pero tras un encuentro con las tropas del rey Sancho, Fernán, enamorado con locura y sin sentido común, acude a las dependencias de doña Elvira (hermana de Sancho) donde es asesinado sin miramientos y de manera cruel. Esteban, dándose cuenta de que puede ser acusado, huye disfrazado con las ropas de Fernán.

Retirado en el bosque, escondido, se le aparecen los demonios puesto que no ha abandonado en ningún momento sus dotes mágicas. Pero, milagrosamente, logra salvarse y Solimán, rey moro, le apresa. Tras unos días de asueto en su palacio, Solimán empieza a impacientarse al comprobar que Esteban no está dispuesto a compartir ni una sóla de sus dotes mágicas con el moro por lo que lo tortura y le convierte en un eunuco. Pero los ejércitos del rey Sancho toman la ciudad de Medinaceli y matan a Solimán provocando que el castrado Esteban entre al servicio del rey y se ponga a las órdenes de Rodrigo Díaz.

Las ideas de Sancho no van menos lejos que conquistar la Península entera, para lo cual derrota a su hermano Alfonso y sitia la ciudad de Zamora, controlada por Urraca. Pero en Zamora es atacado por un “lobisome” y se le da muerte, pasando todo el poder del reino a manos de su hermano Alfonso quien expulsa a Urraca y, más tarde, obliga al Cid al destierro. Tras esto, Esteban, decidido a seguir a Rodrigo, comienza un exilio que lo llevará a Zaragoza, poniéndose bajo custodia de al-Mutamid quien guerrea contra el conde Ramón Berenguer de Barcelona. Allí conoce a Jael Nur, una maga hebrea que conoce los poderes de las tres religiones y quien busca la guarida de Enoch para lo cual Esteban ha de robar la Tizona y acompañarla. A partir de aquí se suceden un montón de “aventuras” y tragedias dignas de la más retorcida literatura.


Ante todo hay que destacar de la novela el excelente dominio del lenguaje que crea una atmósfera oscura en todo momento agilizando la lectura con el empleo de la primera persona y con expresiones cortas y concisas que ponen el libro y su desarrollo al alcance de todo el mundo.

Por otro lado, el grado de conocimiento histórico y de documentación es muy alto, se conocen las localizaciones casi al dedillo, entre ellas el Monasterio de Sopetrán, en Guadalajara, destruído y reconstruido en dicha época; las vicisitudes políticas del momento con la gran lucha por el poder que se producía en estos momentos de implantación del feudalismo en la Península y todo el caos y luchas de poder que ello generó. En este sentido el libro tiene una ambientación espectacular.

Pero en otros momentos descoloca. Si bien se aprecia un conocimiento importante en cuanto al período cultural islámico en la Península (con ello me refiero al tipo de libros que circulaban, las personalidades claves de la época, los propios pilares del Islam) sí que parece que este tema flojea cuando hablamos de la zona cristiana. Tratándose como se trata de una ucronía y tratándome como me trato de una arqueóloga medievalista, comprendo que dado el tipo de relato se puedan tener licencias de algún tipo al relatar los hechos e inventárselos. Pero hay otras cosas que no hacen más que chirriar en el texto. Veamos.

No parece tener muy claro el autor al introducir al personaje en su viaje a Asturias por varios motivos. Tras un repaso a las Crónicas Asturianas en que Esteban escucha a la tropa hablando de las glorias pasadas en dicho territorio, se dice que se debe tener cuidado de las bestias del norte puesto que un oso devoró al hijo de don Rodrigo. Evidentemente está hablando de Favila, hijo de don Pelayo, supuesto primer rey asturiano con lo que no comprendo por qué se comete este error histórico. Claramente se aprecia que no habla del visigodo Rodrigo ni del propio Cid Campeador. Más tarde vuelve a cometer ese error al hablar de la Batalla de Covadonga, donde dice que don Rodrigo venció a los infieles. No considero dicho error justificable por ningún motivo relativo a la ucronía puesto que el resto de la ambientación del capítulo es totalmente correcta.

Por otro lado, dada la evolución del relato, cuando Esteban se encuentra en Asturias viaja a Gigia (Gijón) la cual dice que está abandonada y destruida por ser una ciudad mágica. Aquí si es pasable el desconocimiento de las últimas investigaciones, puesto que el ritmo de la narración y el desarrollo de los acontecimientos son propicios a modificarlo. Realmente, Gigia no se abandonó, aunque desapareciera de las crónicas y de la importancia que había tenido tras las guerras entre el rey Alfonso II y Nepociano.

Por otro lado y ya metidos en los errores históricos, Esteban cita en un momento dado al Arcipreste de Hita (Juan Ruiz) cuando dicho personaje vivió nada menos que dos siglos después del momento en que se desarrolla el libro. Así mismo, habla de los amoríos de Tristán e Isolda, compuesto su poema un siglo después.

En cuanto a la parte literaria, poca crítica se le puede achacar. Es un libro magistralmente escrito que, aunque en algunos casos tiene un narrador demasiado omisciente (“en aquel momento no sabía que…” repetitivos) y encontramos a un personaje demasiado obsesionado con su castración, lo resuelve de una manera en que parece que Esteban es una especie de ser omnipotente con un serio problema personal. Cabe destacar el capítulo 42 que nos representa a un Esteban ahorcado incapaz de morir pero deseándolo, unas páginas merecedoras de pasar a los anales de la historia de la literatura por lo grandioso de sus palabras y la genialidad de su escritura.

En conclusión, se trata de un libro recomendable y recomendado a todo el mundo que quiera pasar un inmejorable rato de lectura. Con sus errores, pero al fin y al cabo, con una destreza impresionante de su autor para llevar las palabras a recovecos insospechados, a lugares imposibles donde se juntan el arte y las letras. Un libro para leer a solas, con tranquilidad, degustando cada una de las palabras y frases aunque:

“Es lo que sucede cuando uno pasa tanto tiempo solo: o acabas por encontrarte a Dios o te cruzas en tu camino con el Diablo.”

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