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       Artículo de literatura

Trilogía del Imperio, de Isaac Asimov


Fco. Martínez Hidalgo   21/07/2011
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     Estas tres novelas conectan, contextualizan, pero, sobre todo, nos muestran los riesgos y las posibilidades de la expansión galáctica.
Portada de Trilogía del Imperio, de Isaac AsimovNada hay más difícil en esto de la reseña ScíFila que referirse a Isaac Asimov (1920-1992) pues, cuando ya todo está tantas veces dicho y repetido, cada artículo que se escribe se lee casi como un refrito. Sin embargo, la cosa puede incluso llegar a complicarse cuando, de entre toda su vasta producción, nos tenemos que referir a la ‘Trilogía del Imperio’ (Alamut, 2010; nueva edición, disponible en FantasyTienda) pues, estratégicamente dispuesta como un eje explicativo de sus dos más inolvidables obras colectivas: la ‘Saga de la Fundación’ y la ‘Saga de los Robots’, nos obliga a intentar alcanzar el más difícil todavía.

En este caso, sin embargo, existe un atenuante a nuestro favor que hay que considerar. Si se es un lector ávido y devorador de la obra de Asimov cualquier referencia a las sagas sobra, pues es ya conocida y resulta repetitiva. Si, por el contrario, se es todavía un desconocedor de las novelas, pésimos anfitriones seríamos si nos atreviésemos a desvelar cualquiera de sus múltiples y fascinantes misterios. Así que, independientemente de cuál sea usted, tranquilo, nada diremos aquí que pueda causarle tedio o disturbo. Dicho esto, empecemos.

Alamut Ediciones publicó en 2010 su segunda edición de esta trilogía, precedida por una primera y hasta ahora única edición en Bibliópolis (2007). En las dos mantuvo los mismos criterios: se contienen las tres novelas de la serie, independientes en cuanto a sus sucesos aunque no en cuanto a su universo, ordenadas en un orden cronológico inverso al de los hechos. A saber: ‘Polvo de estrellas’ (originalmente publicada en 1951, y situada en el tiempo más próxima al comienzo de la Saga), ‘Las corrientes del espacio’ (1952) y ‘Un guijarro en el cielo’ (1950, cronológicamente más lejana incluso al nacimiento del Imperio).

El valor de la ‘Trilogía del Imperio’ (Alamut, 2010) sobrepasa en mucho al simple valor creativo o literario, e incluso al valor añadido que le supone el estar conectado a dos de las principales sagas de la SciFi.

Todas ellas están construidas sobre una trama dramática de tintes políticos donde el enfrentamiento entre dos bandos pone en constante evidencia la fragilidad de los equilibrios que desembocaron en el futuro Imperio Galáctico.

En ‘Polvo de estrellas’ se nos muestra la ambición y rápida expansión de uno de los últimos planetas colonizados: Tyrann. Su fulgurante conquista de los cincuenta planetas que componen la Nebulosa Cabeza de Caballo, y su estilo de gobierno autoritario y despótico, recompone los antiguos equilibrios, revuelve las viejas jerarquías, y genera las rencillas y venganzas que pondrán en marcha el motor de la novela. La principal fuerza motora es, precisamente, la de Biron Farrill, hijo del administrador (ranchero) de Widemos, en el planeta Nefelios, y de cuyo asesinato por los conquistadores se entera mientras estaba estudiando en la Tierra. Farrill, junto con los gobernantes de los otros dos planetas más poderosos de la Nebulosa, Rodhia y Lingane, a pesar de sus distintos caracteres, buscará poner en marcha la rebelión que acabe con el poder de Tyrann y devuelva el anterior equilibrio geopolítico a la zona.

Además, esta novela cuenta con una extraña y poco explicable subtrama en la cual Biron Farrill, junto con Artemisa Hinriad, hermosa hija del Director de Rodhia, se embarca en la búsqueda de un documento de presunto poder simbólico. Al parecer, la naturaleza de sus preceptos podría ser fundamental para el nuevo orden político que se intenta construir. Dios nos libre de desvelar nada pero, cuando el lector averigüe de qué documento se trata, quizás ponga nuestra misma cara de estupor al intentar establecer la relación entre lo leído y lo descubierto (y hasta aquí podemos leer).

‘Las corrientes del espacio’ desarrolla una interesante e inteligente historia construida sobre un modelo sociopolítico colonial donde al esquema clásico de planeta dominante (Skar) y planeta dominado (Florina), se le suma el interés imperial de Trántor por anexionarlos a ambos. En el nivel de lectura dedicado a las relaciones coloniales clásicas (Skar-Florina), la explotación de Florina entra en crisis cuando, por un lado, Skar fracasa al intentar trasladar la producción de la fibra de kyrt a otros planetas, y por otro, cuando descubre que esta exclusividad se debe a las excepcionales condiciones en las que se produce la energía en su estrella (las corrientes del espacio) –en esos momentos cercana a la fase en que se convertirá en una Nova y destruirá irremediablemente Florina.

Isaac AsimovEn un segundo nivel, Trántor apuesta por la intermediación entre Skar y Florina, ésta última en una inesperada (y desesperada) nueva posición tras el descubrimiento, ofreciendo la compra de los planetas y la compensación de las pérdidas a Skar tras aceptar destruir Florina y perder con ella su más valiosa fuente de riqueza y poder. La relevancia en este nivel se encuentra el ejercicio primigenio de Trántor de su poder pseudoimperial sobre otros planetas, imponiendo sus propios intereses, y substituyendo las antiguas relaciones de dependencia entre planetas por otras de carácter interdependiente. Un paso más en la construcción del Imperio Galáctico.

‘Un guijarro en el cielo’ tiene lugar en el planeta Tierra y es, de todas las que componen la ‘Trilogía del Imperio’ (Alamut, 2010), la que más claramente desarrolla la decadencia del planeta originario de la raza humana. En esta novela no es tan importante el desarrollo del modelo sociopolítico, como el análisis de las dificultades sociológicas que para la población de la Tierra podría tener una eventual expansión, y para ello Asimov parte de una de las emociones más universalmente retratadas por la literatura: la envidia. De ella surge el promover la conspiración por la que un virus, cuyo antídoto únicamente está en posesión de los habitantes de la Tierra, se lanza al espacio con intención de causar una fiebre devastadora en los demás planetas del Imperio, diezmando fatalmente su población y sus posibilidades de supervivencia.

Otra vez aquí, igual que sucede en ‘Polvo de estrellas’, las subtramas nos generan cara de estupefacción. En concreto, la referida a uno de los motores narrativos de la novela, Joseph Schwartz, anciano del s. XX increíblemente transportado varios milenios hacia el futuro, cuya incomprensión del mundo que lo rodea provoca el que sea casi constantemente despreciado por los que conviven con él, y para cuyo problema se inventa un “sinapsificador” capaz de concederle habilidades telepáticas; con las que contribuye decisivamente al desarrollo final de la novela. Un hilo argumental suelto, engastado a la fuerza y a última hora.

Con todo, Asimov demuestra por enésima vez sus conocimientos en historia universal, en ciencia política, en sociología y, por supuesto, en física, para construir sus tramas y subtramas. De hecho, tal es la capacidad de estos conocimientos para explicar los intersticios de la novela, que los personajes parecen quedar en un segundo plano, relegados a la importancia del conjunto, serviles ante el cumplimiento de su función dentro del cuadro general.

Este hecho me lleva a preferir, pues la considero mucho más honesta, la otra denominación de esta serie: ‘Tríptico del Imperio’. ¿Por qué? Pues porque, a diferencia de la mayor independencia que parece marcamos cuando usamos ‘Trilogía’, el ‘Tríptico’ señala mucho mejor su interdependencia, la existencia de una intención común que recorre los tres textos, y que hace de ellos un conjunto más sólido de lo que su mismo universo ficcional podría dar a entender. Estas tres novelas conectan, contextualizan, pero, sobre todo, nos muestran los riesgos y las posibilidades de la expansión galáctica.

El valor de la ‘Trilogía del Imperio’ (Alamut, 2010) sobrepasa en mucho al simple valor creativo o literario, e incluso al valor añadido que le supone el estar conectado a dos de las principales sagas de la SciFi.

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