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El viaje del Beagle espacial, de A. E. Van Vogt |
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El lado más oscuro del héroe se pone al descubierto, haciendo una reflexión final sobre la imposición forzada de las ideas y el totalitarismo. |
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"El viaje del Beagle espacial" cuenta las aventuras vividas a bordo de una nave galáctica en su búsqueda de vida extraterrestre a lo largo de toda la galaxia. Como el famoso Beagle del siglo XIX en el que viajó el biólogo Charles Darwin (y a raíz del cual surgiría sus controvertidas y reveladoras teorías sobre la evolución de las especies), la futurista nave espacial cumple una misión de exploración en pos de ampliar conocimientos (desde todos los puntos de vista posible) sobre las diferentes formas de vida que surgen a su paso. Para ello, todas las áreas científicas se verán representadas a bordo de este Beagle espacial, desde biólogos hasta físicos pasando por geólogos o químicos. Entre ellos se encuentra Grosvenor, que viaja en representación de una nueva ciencia llamada ‘nexialismo’ que abarca al resto de disciplinas. Él será el protagonista de la novela, y en esa extraña ciencia que predica residirá la práctica totalidad de resoluciones de cada conflicto que surja en la nave.
A lo largo del viaje, la tripulación del Beagle se verá envuelta en multitud de aventuras, todas ellas relacionadas con las peligrosas formas de vida que pueblan el Universo. De entre todos los monstruos que salen a su paso, sobresalen dos por su carácter terrorífico: Coeurl y en especial el llamado Itxl. Resulta bastante novedoso que el autor A. E. van Vogt cuente en ocasiones la historia desde el punto de vista del monstruo, no centrándose en exclusiva en los héroes de la nave para contarnos las verdaderas motivaciones y miedos de los peligrosos seres extraterrestres. No es difícil relacionar estos dos monstruos (los mejores de la novela) con la obra maestra dirigida por Ridley Scott ‘Alien, el octavo pasajero’. Algunas de las características principales del mítico Alien al que dio forma cinematográfica H.R. Giger están sacadas directamente de las descripciones que hace de ellos el autor de la novela, sobre todo a nivel de conducta. Además el estilo de aventura espacial en el que se asienta la novela fue el germen de multitud de epopeyas galácticas como la saga ‘Star Trek’.
Las reflexiones sobre la soledad espacial y sobre las diferentes causas que llevan al hombre a la locura, son meras excusas para el desarrollo del grueso de la historia
En cada aparición alienígena y en cada resolución de problemas, A. E. van Vogt demuestra tener una inventiva espectacular, si bien cada ataque se resuelve de manera similar (siempre con la preclara mente de Grosvenor como solución inmediata). Maneja a su vez un lenguaje fluido y rápido, lo que hace de esta ‘space opera’ de entretenimiento puro y duro una lectura más que grata. Sin embargo la aventura aporta detalles que elevan el libro por encima de la media, siendo las disputas entre ciencia y política (basadas en la lucha entre el novedoso y resolutivo Grosvenor y el politizado y odioso Gregory Kent) el eje de gran parte de la historia.
También resultan llamativas las disputas entre unos tripulantes en constante estrés emocional, ya sea en estado de alarma ante la amenaza exterior como en la calma entre aventura y aventura. Las disputas por el poder y las peleas entre las diferentes ramas de la ciencia (algo aún hoy plenamente actual) sirven para que el autor nos presente a los personajes principales y moldea el marco de permanente tensión en el que se sitúa la acción. Las reflexiones sobre la soledad espacial y sobre las diferentes causas que llevan al hombre a la locura (con la machista idea de la falta de mujeres a la cabeza), son meras excusas para el desarrollo del grueso de la historia.
A día de hoy muchas de las teorías científicas expuestas por A. E. van Vogt resultan extraordinariamente desfasadas e insólitas, aunque al menos se agradezca que el difunto autor intentara dotar de explicación a la aventura y se documentara mínimamente al respecto. Lo que sí sorprende es el concepto de ese ‘nexialismo’ como aglutinante de disciplinas científicas, aunque al basarlas casi totalmente en conceptos de hipnosis inducida echa por tierra cualquier tipo de pretensión de seriedad. Viendo en lo que se basa esta extravagante rama de la ciencia no es de extrañar que años más tarde Van Vogt se convirtiera en defensor de la dianética (recordemos a su vez que ésta, y con ella la cienciología, fue fundada por otro escritor de ciencia ficción: L. Ronald Hubbard).
A. E. van Vogt, que se vio aquejado en los últimos años de su vida por la enfermedad de Alzheimer, va más allá de la simple aventura planteando uno de los finales más atípicos de la historia de la literatura de ciencia ficción. El lado más oscuro del héroe se pone al descubierto, haciendo una reflexión final sobre la imposición forzada de las ideas y el totalitarismo.
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