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El naufragio de El Río de las Estrellas, de Michael Flynn (Colección Nova) |
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Michael Flynn nos regala una historia coral de ciencia ficción; esto es, buena literatura si se hace bien: tiene cuerpo, es madura, se ha documentado lo pertinente y exige concentración para obtener un fruto agradable. |
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Con este título, El naufragio del río de las estrellas, se inicia la colaboración de Ediciones B, con Fantasymundo, lo cual agradecemos desde aquí dada la calidad de sus títulos publicados y la trayectoria de la línea editorial. Y es que hablar de la colección Nova es hablar de Miquel Barceló, editor y experto en Ciencia Ficción que ha influido de manera decisoria en que llegaran a nuestras manos de aficionados a la ciencia ficción libros imprescindibles en las últimas décadas.
Para no extenderme, os invito a que visitéis la referencia que a él hace la Wikipedia, pero no puedo dejar de destacar que los prestigiosos premios UPC (Universidad Politécnica de Cataluña) se iniciaron gracias a él y han recompensado desde entonces textos y apellidos de consagrada relevancia. Asimismo, este que os escribe, tiene por casa algunos libros de páginas amarillentas que llevan una interesante introducción de Barceló, y es que si algo me ha llamado siempre la atención, es lo cuidadas y documentadas presentaciones que ha hecho siempre este mataronés. Como anticipo, os anuncio que en breve colgaremos la reseña de otro gran título que nos ha cedido la editorial, en lo que confiamos sea una larga colaboración. Desde aquí, sirva mi humilde agradecimiento a una carrera que nos ha permitido a muchos disfrutar de buena literatura y entretenimiento.
Y si debemos elogiar que esta gran editorial haya dedicado una colección especial a la ciencia ficción, mucho más relevante me parece que haya añadido a su sello de libros de bolsillo, Byblos, muchos de los títulos que han aparecido en Nova. Sin descuidar la edición, hace accesible a muchos bolsillos una ingente lista de títulos que de otra manera pasarían por delante de nosotros. Este libro que nos ocupa es un buen ejemplo. Lo podéis encontrar en ambas versiones.
Antes de meternos en el argumento de este naufragio conozcamos a su autor, Michael Flynn, nacido en Easton (Pennsylvania) en 1947. Graduado en Matemáticas, pertenece a la nómina de escritores cuyo primer título, “En el país de los ciegos” (1990), fue un éxito y obtuvo un justo reconocimiento al ganar el Locus, entre otros premios. Tras su experiencia como colaborador habitual de la revista Analog, ha vuelto a ser nombrado en voz alta gracias a su serie de libros que inició con “Firestar” (1996). Una serie de aventuras espaciales que acumula más de tres títulos y que ha sido calificada de absolutamente heinleniana; no en vano, llama la atención que el Premio Robert A. Heinlein en su primer año, 2003, haya distinguido a Michael Flynn por delante de apellidos tan ilustres como Larry Niven o Jerry Pournelle, que lo han recibido en convocatorias posteriores. Lo que se ha valorado es el estilo con el que Flynn escribe space opera en este incipiente siglo XXI. Un subgénero que tantos amores y odios despierta y que se niega a desaparecer gracias a escritores de la talla del que nos ocupa, al saberlo tratar con las mismas herramientas con las que se encara la concepción de buena literatura, y es ya cuando me adentro en el libro que nos ocupa.
Quienes me conocen, saben de mi interés por el género espacial, por lo que me vi atraído de inmediato por esta atractiva portada que preludia una más que atrayente sinopsis: El río de las estrellas es un viejo velero estelar de un futuro no muy lejano. Una época en el que el Sistema Solar es más accesible al ser humano mientras éste explota sus recursos y lo recorre a través de rutas comerciales, trilladas por los muchos que las transitan. Sin embargo, estas distancias quedan acotadas desde hace poco gracias al desarrollo de los motores de fusión Farnsworth. Nuestro velero, lejos de ser desguazado, sufre una transformación en la cual se le adaptan cuatro motores de este nuevo sistema, aunque no se desinstala su velamen magnético. El que antaño fuera un conocido navío de lujo y recreo, se ve relegado a tareas inferiores y a una condición de híbrido que le hace alargar su existencia evocando lo que considera fueron tiempos mejores, calificación muy dada para los tiempos pasados y los que fueron sus protagonistas.
En medio de una ruta que lo comunica entre Júpiter y el Cinturón de Asteroides, una avería y la muerte de su emblemático capitán serán el punto de partida que llevará al lector a través de casi 600 páginas hasta la resolución final de la mano de una tripulación de más de 16 nombres propios, entre mujeres y hombres (no siempre de la Tierra) al que habrá de incluir también el de la IA de la propia nave, de quien prefiero no anticipar a quién os recordará. Pasarse en la ruta hacia el planeta joviano es tan malo como no llegar a su órbita, de ahí la carrera contrarreloj que se inicia y que se ve marcada por algún que otro hito que apuntala la historia. Y hasta aquí puedo leer. Sí, 600 páginas de ciencia ficción hard y no he tomado ni una sola nota. El escenario, rodeado de las silenciosas estrellas y alguna que otra sorpresa, se reduce a las pareces del casco de la nave. Me hubiera dado igual un tren atrapado en la nieve bajo la sombra de una gigantesca cordillera, que un pequeño barco a la deriva en medio del océano; el libro, el alma del libro, es su tripulación y sus relaciones. Todo un reto para este autor que nos ha regalado una historia coral; esto es, buena literatura si se hace bien: tiene cuerpo, es madura, se ha documentado lo pertinente y exige concentración para obtener un fruto agradable.
En alguna ocasión he utilizado este giro: abstenerse pusilánimes. Aquí, lo que quiero decir, es que no lo recomiendo a los amantes de una historia breve, sintética, de impacto tras impacto, con un rápido desenlace en medio de fuegos artificiales. ¿Sabíais que en España la compañía Coca Cola añade más carbono a su bebida estrella porque a los españoles nos gusta con más burbujas que en otros países? Quizá por alguna recóndita tradición cultural o genética igual a la que arrastra a nuestras compatriotas a depilarse las axilas más de lo que suelen hacerlo las colegas centroeuropeas. ¿Por qué pongo estos ejemplos? Porque quizás algunos achaquen a este libro de adolecer de un moroso y estirado en demasía texto que puede llegar a colmar la paciencia de algunos. Lo advierto de nuevo, quienes no lean con continuidad este libro, lo abandonen o lo cojan de manera esporádica, acabarán aborreciéndolo, encontrándolo pesado y perdidos en medio de más de una docena de personajes que fácilmente pueden pasar de largo sin empaparnos a poco que no pongamos de nuestro interés.
En los talleres de escritura muchas veces lo primero que enseñan es a saber leer, sumergirnos y averiguar el verdadero libro que el escritor desea hacer llegar al lector. Aquí, la odisea espacial nos ofrece paladear principalmente a sus personajes, sus odios, reproches, amores, pasados oscuros, deseos, ambiciones, debilidades,...; la pasión no reposa en acontecimientos impactantes como el sorbo de un joven vino Crianza, sino en el bouquet que se esconde en este elaborado Reserva, un reparto de personajes con los que empatizar y que conviven en un espacio cerrado debiendo aunar sus trabajos en un objetivo común, para su suerte o desgracia. Si nuestra lectura es seria y cómplice, llegaremos a acercarnos a ellos, y adentrarnos en sus pasados que marcan sus presentes y que nos permiten anticipar su futuro.
Buscad un rincón cómodo, tomáos una cerveza, un café, o lo que queráis, pero que nadie ni nada os moleste. La sombra del fallecido capitán sobrevolará también tu estancia y recorrerás los laberintos de El río de las estrellas, te fascinará el despliegue de sus soberbias velas al más puro estilo O´Brian, hablarás con el ordenador de abordo, te pondrás un traje presurizado para acceder al exterior de la nave, en definitiva, una tripulación desterrada que ansía encontrar un punto de referencia en un lugar donde es imposible tenerlo si no te aferras a tu cordura y a alguien a quien amar, aunque sea de metal o de mentira.
Se destila una correcta sintaxis en general (aunque sorprende que se abuse del verbo “pifiar”, en sustitución de “estropear” o “joder”, y de “mala”, en sustitución de “fallo”, hecho éste supongo culpa del traductor) y una erudita semántica que no apabulla; el autor maneja recursos que dibujan escenas en apariencia simples y que se heredan de su inspirador Heinlein; diálogos sin complejidades donde suelen ser las reflexiones interiores del narrador lo que más nos acerca al corazón de los protagonistas. Como os decía, un libro bien escrito por un foráneo que debe saber ser entendido por nosotros, latinos, que apreciamos una buena lectura y deseamos despegar hacia esas rutas estrelladas que aún se nos ofrecen como fronteras ignotas y hacia la cuales el ser humano habrá de llegar antes o después. Aunque... quizá la verdadera aventura radique no tanto en el descubrimiento de nuevos territorios como en el aprendizaje de saber convivir entre nosotros mismos, con nuestras carencias, debilidades y virtudes que Dios nos ha querido infundir. Aquí, como quien desgrana una margarita, os uniréis a la tripulación de El río de las estrellas; ¿con qué personaje/s te quedarás tú? Por ser uno de esos libros en que cerrar la última página no te deja indiferente merecerá la pena esta historia, siempre y cuando respetes las premisas que he repartido.
(R) Jaime Santamaría de la Torre, enero de 2008.
http://www.escenafinal.com
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