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El Hobbit de J.R.R. Tolkien: 70 Años de un clásico |
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Reportaje de El Hobbit, con motivo del 70 aniversario de publicación de la precuela de El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien. |
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El Nacimiento de un Nuevo Mundo
Aunque parezca que vayamos a hablar de un tema puro de la ciencia ficción, no es sobre el nacimiento de un planeta a lo que nos referimos… Hace exactamente setenta años un agujero en el suelo nos abrió la puerta a la casa y al mundo de un personaje regordete, con pies peludos que no necesitaban zapatos, y cuyo nombre resultaba nuevo por donde quiera se lo mirase: un hobbit. Hace setenta años la literatura fantástica, a partir de ese agujero en el suelo, se enfrentaba al surgimiento de todo un clásico que revolucionó la forma de escribir en un género que apenas existía y siempre fue considerado para “niños”, en la forma de cuentos de hadas. Hace setenta años nacía ante nuestros ojos un mundo que más tarde se nos revelaría como si fuese nuestra propia Tierra y en donde algunos hoy todavía soñamos con ir a vivir… Así setenta años atrás las palabras iniciales de El Hobbit, o de una Ida y un Regreso (The Hobbit: or There and Back Again) que es su título original, llegaron mucho más allá del umbral de Bolsón Cerrado, el hogar de Bilbo Bolsón.
La historia de “El Hobbit” siempre ha sido considerada un cuento infantil, y no es menos cierto que su lenguaje sencillo y coloquial lo hace accesible a todo público. Incluso no sería muy difícil imaginarse al amoroso padre, que escribía cartas de navidad a sus hijos como si fuese Papá Noel, junto a éstos por la noche haciendo el papel del narrador de una historia jocosa, lineal, con un personaje central y en donde la eterna lucha del bien contra el mal está muy bien delimitada. Esta historia llena de aventuras, de la búsqueda de un tesoro, protagonizada por un héroe bastante atípico, es adicionalmente una parábola sobre las consecuencias de la codicia desmedida y constituye, sin ser precisamente un relato educativo, una lección moral para sus lectores. Pero en realidad esta obra es el reflejo de algo que ya se venía desarrollando desde hacía unos cuantos años antes, y que tendría su clímax unos años después. Sí, porque El Hobbit no es simplemente el preludio al El Señor de los Anillos, sino la primera vez que J.R.R. Tolkien devela al gran público lo que después se convertiría en su vasto mundo de la Tierra Media aún cuando por ningún lugar de sus páginas se menciona como tal.
Los orígenes de “El Hobbit” se remontan a unos 9 años antes de su publicación. Tolkien, quien ya había desarrollado sus lenguas ficticias para la mitología que comprendía El Libro de los Cuentos Perdidos, se encontraba corrigiendo ensayos y de pronto escribió en una hoja que alguien había dejado en blanco su famoso comienzo de la historia “...In a hole in the ground, there lived a hobbit…”. La nota permaneció allí durante algún tiempo, mientras la pregunta “¿qué es un hobbit?” volvía una y otra vez a la mente de su creador, que ni siquiera imaginaba lo que estas criaturas iban a suponer en la literatura y en su vida. Quizás fuera simplemente que la mente de Tolkien, tan ensimismada en traducir “Beowulf” del inglés antiguo, acotó del arcaico idioma la palabra Holbytla que significa “constructores de cuevas” —y que después puso en boca del rey de Rohan— y la aplicara con una variación a la frase inspirada por un hueco (uno real) en el piso del recinto donde hacía las correcciones.
Sea cual sea el origen de “hobbit”, lo cierto es que la historia comenzó su decursar un día de 1928 y poco a poco fue tomando forma como una historia para los hijos de El Profesor. Así, a partir de 1931 se fueron escribiendo los capítulos uno tras otro a lo largo de varios años, pero nunca con el interés de publicarlo como tal. Realmente hoy no tuviéramos la dicha de conocer la vasta creación de Tolkien si no hubiera sido por la cadena de préstamos del manuscrito original que finalizó en 1936 en las manos de Rayner Unwin, de tan solo 10 años, al que le asignaron, con la promesa de un chelín como recompensa, la tarea de leerlo y comentarlo. Tras la primera lectura el chico, el 30 de Octubre de 1936, realizó una apretada síntesis del contenido, incluyendo su opinión sobre si debía ser ilustrado o no, y se lo recomendó a su padre, copropietario de la Editorial Allen & Unwin. Rayner Unwin declaró años más tarde, cuando se encargaba de la edición de “El Señor de los Anillos”, que aquél había sido el chelín mejor ganado de toda su vida. De esta forma vio la luz el clásico que, como ya dijimos, no hacía más que mostrarnos lo que vendría después.
El Hobbit… El Precursor…
Los hobbits hasta ese momento eran criaturas desconocidas y Tolkien se supo aprovechar muy bien de esto. Al no haber registros de “algo” parecido, sencillamente dotó al personaje principal de su relato de ciertas características que, extrapoladas al mundo de la realidad, poseían algunos puntos en común con la propia personalidad del escritor. Así vemos que a Bilbo le encanta la buena mesa, gusta de fumar en pipa, se desvive por las lenguas foráneas y los mapas y, aunque no es muy dado a la aventura, se muere por tener alguna experiencia que le lleve fuera de su apacible Comarca en busca de “fama y fortuna”. Y así comienza la historia que no relataremos pues es conocida por todos, o al menos por una amplia mayoría.
El Hobbit es algo más que sólo una fábula entretenida. En el relato ya se comienza a entrever la vasta creación de Tolkien, aunque sin mucha profundidad. Todavía en esta historia faltan elementos que aún estaban por pulir y las referencias mitológicas y a la historia que tiene como fondo son algo raras y vagas. Aún así ya vemos personajes en perfecto grado de elaboración como Elrond, Gandalf y los enanos; así como algunas zonas de Tierra Media que después serían punto clave en las siguientes narraciones. Incluso se presentan un mapa de la búsqueda y otro del Bosque Negro muy detallado. Sin embargo otros elementos se muestran en un estado muy primitivo como por ejemplo los elfos del ya mencionado Bosque donde ni siquiera se menciona el nombre de Thranduil. También el lector conocedor de Tolkien notará algunas otras cosas como son el nombre de Rivendel simplemente llamada “La Última Morada”, a Sauron se le nombre como El Nigromante, no hay referencias de Lothlórien y, a pesar de que la compañía se interna en Las Montañas Nubladas, ninguno de los 13 enanos menciona la posibilidad de pasar por Moria.
Quizás es por esto que, injustamente, se suela hacer demasiado énfasis al carácter infantil y poco elevado de “El Hobbit” en comparación con “El Señor de los Anillos”, pues aunque las aventuras del Señor Bolsón comienzan siendo cómicas y de poco coraje, el tono del libro se va elevando conforme el hobbit se adentra en mayores peligros, de modo que el terror, el heroísmo y el sentido épico de los últimos capítulos tiene poco que envidiar al posterior relato de su sobrino Frodo, aunque el conjunto de la obra sea bastante menos grave. Y aquí podemos incluso especular un poco. El texto si se lo analiza un poco más a profundidad puede darnos una idea del avance evolutivo de la creación de Tolkien, pues el profesor nunca dejó de la mano sus otras historias donde encajaban a la perfección sus lenguajes ficticios. Quizás por eso notamos que a medida que avanza el libro éste se hace menos infantil y un poco más enfrascado en decirnos que, entre líneas, hay otra historia que clama por salir y atrapar a quien la lea.
Pero aún así aparecen personajes que después fueron abandonados casi por completo como es el caso de Beorn, y se menciona a unos “gigantes” de los que después no se oye hablar más. El propio Tolkien reconoció mucho después de publicado el libro que la figura de Beorn había sido desaprovechada perdiendo mucho potencial que hubiera podido haber jugado un gran papel en sus otras creaciones. Aun así vemos como en ESDLA se menciona a los beórnidas que eran liderados por Grimbeorn el Viejo, hijo del Beorn que ayuda a Bilbo y compañía en la primera aventura hobbit. En cuanto a los gigantes recordemos que Gandalf incluso sugiere que irá a pedirle a uno que tapie la entrada de la cueva de los trasgos, pero todo queda ahí… y al cabo de los años nos preguntamos… ¿los gigantes que se mencionan en “El Hobbit”, no serían algunos de los Valar…quizás Oromë y su Corcel, o tal vez Aulë…o Tulkas? Creo que la duda siempre quedará en el aire como los sonidos provocados por esas criaturas que “...jugaban tirándose piedras unos a otros; las recogían y las arrojaban en la oscuridad, y allá abajo se rompían o desmenuzaban entre los árboles…”
Sin embargo en otros aspectos si existía ya una preconcepción de otros tantos elementos presentes después en ESDLA o que ya tenían forma desde el primitivo Quenta Silmarillion. Así tenemos que las águilas hablan (no sólo ellas sino también otros animales como las arañas y el pájaro que le indica a Bardo donde apuntar su Flecha Negra) y son aliadas de las causas justas, se menciona a Gondolin como el lugar donde fue forjada Dardo y las propiedad élficas que poseía su hoja; Elrond habla de las historias de sus ancestros y se nota la marcada problemática existente entre enanos y elfos, entre otros tantos detalles.
Y está el Anillo… Sí, ya vemos al que será el Único, aunque no con la connotación que adquiriría más tarde. Es curioso cómo Smaug no siente la presencia de la joya, a pesar de que en los relatos posteriores el Anillo se vincula con todo lo negativo. Quizás fuera que el dragón, al ser un ente muy poderoso, estaba aún por encima del poder del anillo, ya que Sauron todavía no había recuperado toda su fuerza. Lo cierto es que en el relato original el Anillo Único no es más que el trofeo que Gollum ofrece voluntariamente después de la controversia de acertijos sostenida con Bilbo, y aparentemente su única cualidad mágica es la de volver invisible a aquel que se lo ponga.
Y llegados a este punto debemos decir que años después este pasaje de “El Hobbit” hubo de ser rescrito para que concordara con la historia general de la Tierra Media. Pero ese no es el único punto interesante en la historia de este clásico… Resulta que antes de ser publicado el texto pasó por una serie de correcciones, algunas solicitadas por los editores y otras realizadas por el propio Tolkien quien a fin de que el relato no se fuera de su paginado original llegó a sustituir oraciones enteras sin agregar una letra más que supusiera enviar el texto a la corrección. Esto no es de asombrar teniendo en cuenta el nivel de minuciosidad al que estaba acostumbrado el académico inglés.
Por otra parte los nombres de muchos de los personajes que aparecen en “El hobbit” tienen su origen en las mitológicas Eddas. Así los nombres de 12 de los Enanos y el del propio Gandalf provienen del Elder Edda nórdico titulado “Voluspá”; Beorn pertenece también a la tradición nórdica donde se aprecia una idea similar en la figura de los berserkers,“los que visten con piel de oso”; mientras el nombre de Smaug es una variación del verbo germánico primitivo Smugan que significa “pasar apretadamente por un agujero” (lo cual es considerado como una broma filológica introducida por el autor). En cuanto al origen de Bilbo y su Bolsón Cerrado pues… Resulta que Tolkien en 1923 mientras convalecía de una pulmonía, recibió la visita de su abuelo John Suffield quien residía en una granja en Nottinghamshire llamada Bag End… ¿Algo en todo esto no les suena conocido?
También tenemos las runas lunares y las que aparecen en el inicio del libro que son una variación de las runas anglosajonas, algo que para la época resultó bastante sorprendente al introducir a los lectores en una especie de juego de traducción, que muchos años después podemos ver en libros como la serie Artemis Fowl. Y un punto aparte merecen las ilustraciones a todo color realizadas por el propio Tolkien para su narración, al igual que los mapas desarrollados como complemento del libro. Es de destacar que antes de que el primer capítulo de “El Hobbit” estuviera terminado, ya el Mapa de Thror había salido de las manos de Tolkien.
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