Zone Blanche

Villefranche, un pueblo ficticio enclavado en un accidentado valle, situado en algún lugar del norte de Francia y el sur de Bélgica, vertebrado por una única carretera cuyo trazado a menudo está difuminado por la niebla y las fuertes lluvias, una orografía marcada por los densos bosques y los peligrosos humedales, y caracterizado sobre todo por un aislamiento secular del mundo exterior. De ahí el título de la serie que nos ocupa, “Zone Blanche”, término que en francés designa a las zonas con poca o nula cobertura móvil.

La carretera que une al pueblo es prácticamente la única forma que tiene Villefranche para abastecerse de productos de uso común, o de evacuar a los enfermos o accidentados que no puedan ser atendidos por el ambulatorio local. La práctica totalidad de su economía está firmemente asida por las garras de la familia Steiner desde hace generaciones, un clan fuente de riqueza pero también de corrupción y sucesos oscuros.

La tasa de criminalidad de Villefranche es seis veces superior a la media francesa, y el cuerpo de la gendarmería local, compuesto por tres personas, no da abasto para investigar cada caso que se presenta, en particular las frecuentes desapariciones, que se dan desde hace más de 20 años. El gobierno central conoce la situación desde hace mucho tiempo, pero entre la influencia de la familia Steiner y lo acostumbrados que están los habitantes del pueblo a las desapariciones, asesinatos y mutilaciones, los refuerzos no terminan de llegar. Una suerte de resignación fatalista invade a casi todos, hasta que un nuevo fiscal llega a Villefranche y amenaza con remover las turbias y aquietadas aguas.

La mayor Laurene Weiss (Suliane Brahim) y los agentes Martial Ferrandis, alias “Osito” (Hubert Delattre) y Louis Hermann (Reanud Rutten) tendrán que trabajar con el nuevo y motivado fiscal, Franck Siriani (Laurent Capelluto), trasladado al pueblo en contra de su voluntad, tras un suceso acaecido en su última investigación. Los cuatro deberán lidiar con la falta de efectivos y medios del puesto de la gendarmería, y con los Steiner, que harán todo lo posible por mantener las cosas como están.

El alcalde de la ciudad, Bertrand Steiner (Samuel Jouy) es el brazo político del poder de la familia, pero quien de veras se encuentra detrás de todas las operaciones opacas es su padre, el siniestro Gérald Steiner (Olivier Bonjour), asistido por su principal lugarteniente, el letal Gaspard Bellan (Dan Herzberg). Todos ellos mantienen una red criminal engrasada por la fortuna familiar y una extensa red de chantajes y favores que abarca los lugares más insospechados.

Todo en Villefranche está bien atado por los Steiner hasta que una serie de desapariciones recientes -hija del alcalde incluida- y la llegada del combativo fiscal cambian este estado de cosas, destapan la podredumbre de algunos de los habitantes del pueblo, y la influencia que el mismo bosque ejerce sobre ellos desde tiempos remotos.

“Zone Blanche” es una coproducción franco-belga creada por Mathieu Missoffe que cumple todos o casi todos los distintivos y tópicos del género noir, sólo que encuadrado en un ambiente rural, con influencias del género de terror fantástico y del thriller, con un fuerte sentido ecológico. El clásico enfrentamiento entre lo “natural” -sea lo que sea eso- simbolizado por el bosque y la corrupción representada por los Steiner y aquellos que permanecen en la órbita de sus oscuros negocios, vertebra por completo la serie y condiciona las actitudes y destinos de sus protagonistas.

Zone BlancheEl bosque -y todo lo que él contiene en sus profundidades- es el principal protagonista de la serie -con los omnipresentes cuervos como heraldos- y al mismo tiempo el hábitat que sostiene la atmósfera densa, opresiva y erosionante, que afecta a todo aquel que permanece unas semanas en el pueblo. La corrupción campa a sus anchas, no sólo la representada por los Steiner, sino la que se manifiesta en la misma naturaleza abrupta, aterradora y lacerada en algunas localizaciones, y también en la propia mente de los habitantes de Villefranche. Esta influencia se extiende a todos los personajes, pero algunos terminan por sucumbir del todo a la locura y a la desesperación, exhibiendo toda suerte de comportamientos aberrantes y extraños.

La fotografía de Christophe Nuyens es también clave en la serie, dominada por la tenue iluminación, los colores deslucidos y las texturas desgastadas y roídas, con una niebla omnipresente que recuerda al espectador el poco margen de reacción que tienen los personajes ante cualquier peligro, y una humedad que, sin sentirla físicamente, nos cala hasta los huesos y merma incluso nuestras fuerzas. La fotografía no hace concesiones ni en lo profundo del bosque ni en el interior de los hogares, lo que sumado al estado de cosas en Villefranche apenas deja instante de respiro al espectador, sumido hasta el cuello en una tensión palpitante, intrigas, conflictos personales y sucesos inexplicables.

“Zone Blanche” es una serie recomendable para espectadores que gusten de las tramas que se desgranan de forma lenta -en ocasiones predecible- pero firme, con un ambiente opresivo y tenso que podría recordar a cualquier trama policíaca a la que estamos acostumbrados, pero con un toque rural y místico que no desluce en absoluto lo noir que lo impregna todo, sino que en mi opinión, lo realza.

Zone BlancheLa previsibilidad de algunas conclusiones desmerece en parte la labor de los guionistas (el mismo Missoffe, Antonin Martin-Hilbert y Florent Meyer), pero es un placer comprobar cómo se desgrana la trama y cada capítulo te va atrapando poco a poco gracias a su coherencia, que parece han decidido poner por delante de los giros espectaculares de los que muchas veces se abusa en otras producciones del género. La música de Thomas Couzinier y Frédéric Kooshmanian acompaña perfectamente al ambiente ominoso general de la serie, alternando pasajes bucólicos y monótonos con otros estridentes y arrítmicos en escenas claves.

Las dos temporadas que de momento tiene esta serie pueden verse en Netflix, y de momento no está confirmada la tercera, aunque algunos rumores sitúan su estreno en 2021, dado que la primera salió en antena en 2017 y la segunda el año pasado. Esperemos que tenga una conclusión a la altura de lo que llevamos de producción.

Curiosidades sobre “Zone Blanche”

La serie se rodó principalmente en Hautes-Vosges, en el sector Gérardmer. La cordillera de los Vosgos es un sistema montañoso en el noreste de Francia, frontera natural entre las regiones de Alsacia y de Lorena. La fachada del ayuntamiento de Gérardmer se utiliza como decoración para el de Villefranche. El aserradero corresponde a uno real, situado en Moussey, y el bar que aparece en muchos episodios se encuentra en Ban-sur-Meurthe-Clefcy, en la casa rural de Schmalick. Muchas tomas aéreas muestran la ruta al Col de la Schlucht y, en particular a “La Roche du Diable” (La roca del diablo).

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