Portada de "Una perdición de ruina y furia" de Jennifer L. Armentrout, publicada por Puck. | Fuente: Amazon.
Portada de «Una perdición de ruina y furia» de Jennifer L. Armentrout, publicada por Puck. | Fuente: Amazon.

La advertencia «cuidado con lo que deseas» es casi un dicho frecuente en cuentos e historias donde hay genios de la lámpara, hadas malvadas y brujas benévolas. Sin embargo, Jennifer L. Armentrout decide llevarlo un paso más allá con su nueva novela Una perdición de ruina y furia. Primer título de la saga de fantasía oscura publicada por el sello Puck.

Tras un apocalipsis que estuvo a punto de destruir toda la vida en el planeta, solo han quedado nueve ciudades en pie. Gobernando cada una de ellas está un miembro de la realeza, seres tan alejados de la humanidad que cualquiera dudaría que corriera sangre por sus venas. O al menos, eso piensa Calista, una humana con un talento oculto que hará lo que sea por sobrevivir.

Pero llega un día en que sobrevivir no es suficiente y acabará enmarañada en un mundo con príncipes viajeros capaces de destruir ejércitos con un chasquido de dedos, desaparecer heridas mortales en menos tiempo de lo que tú consigues curar un rasguño y un hambre voraz de vida.

Conocida especialmente por sus sagas De sangre y cenizas y Una sombra en las brasas, que Armentrout escriba fantasía oscura no es una novedad. Como tampoco lo es que escriba narrativa erótica. Pero es la primera vez que ese elemento me pareció un peñazo. No porque las escenas eróticas estén mal relatadas ni mucho menos, sino porque absorbían de tal forma toda la historia que parecía imposible que avanzara.

El cincuenta por ciento del libro son escenas de sexo, o eso parece al menos. Llegó a un punto soporífero en que me estaba muriendo del aburrimiento. ¿Puede la historia avanzar, por favor? Quizás sean movidas mías, pero me gustaría enterarme más del salseo que oculta la identidad de Calista, el papel de los Deminyen en todo esto, y menos de la décimo octava vez que esta gente se mete mano.

Entiendo que el componente sexual de esta historia es más elemental que en otras sagas de Armentrout puesto que los Deminyen se alimental del placer. Y la autora aprovecha eso para para hablar de la situación social, la importancia del contacto para que el individuo no se sienta aislado, el consentimiento, pero, en fin, que podía haberse entendido igual dándole prioridad al desarrollo de los acontecimientos. Así como desarrollar otros papeles más allá del sexual en el que el deseo supone una fuente de alimento y poder para los Deminyen. Un hecho que se menciona de pasada y ya no vuelve a salir a colación.

Quizás no querían que la novela fuera tan breve como El príncipe, cosa que habría ocurrido casi seguro sin todas esas escenas. Pero es que hay un término medio.

Armentrout construye un mundo faérico a partir de sus propias normas, pero sin olvidar el origen. El cual, incluso, señala de forma explícita y con bastante ingenio. Ha dejado muchas incógnitas sin resolver. Algunas que podrían haber quedado más claras en el propio libro, otras que necesitan el tiempo y el espacio de las secuelas para cobrar relevancia y convertirse en preguntas más acuciantes.

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Periodista, camarógrafa y escritora. Con muchas historias que ver, relatos que escribir y memorias que vivir.

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