Un conmovedor, documentado y esclarecedor recorrido por la cara más oscura de la deshumanización organizada: la crónica de los campos de concentración a lo largo de más de un siglo, repartidos por todo el mundo.

 

En el tiempo que llevo escribiendo reseñas, esta es la primera vez que me planteo este dilema: ¿puedo recomendar un libro el cual, en varios momentos a lo largo de su lectura, he estado tentado de abandonar ante el horror que me provocaba leer lo que se contaba en sus páginas?

La respuesta es que sí, que no solo puedo, sino que debo recomendarlo, del mismo modo que quien sabe de una situación de peligro está obligado a alertar a quienes tiene alrededor.

Pero es preciso advertir al lector que no está ante una lectura ligera, sino al borde de un abismo atroz.

La escritora y periodista norteamericana Andrea Pitzer dedicó varios años de trabajo a viajar y documentarse para escribir «Una larga noche: Historia global de los campos de concentración», publicada hace pocos meses por la editorial La Esfera de los Libros, con impecable traducción del inglés de José C. Vales.

La autora recorrió cuatro de los cinco continentes visitando campos de concentración, detención y exterminio, así como bibliotecas y archivos: Oswiecim y Varsovia, en Polonia; Dachau, Hamburgo y Berlín, en Alemania; Praga y Šumperk en la República Checa; San Petersburgo, en Rusia; Tallín y Klooga, en Estonia; Gurs y París en Francia; Ginebra en Suiza; Tule Lake, en California; Santiago, en Chile; Buenos Aires, en Argentina; Yangon y Sittwe, en Birmania; y la base naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo, en Cuba.

En esos lugares no se limitó a las consultas documentales y los recorridos por los escenarios de las tragedias, sino que también se entevistó con supervivientes de los campos y con vigilantes de los mismos, así como con historiadores, abogados, activistas y militares.

El sistema de campos de exterminio nazi y del gulag soviético encabezan, por dimensión y abyección, la siniestra lista del horror. Pero no están solos: durante más de un siglo, en todo momento ha habido al menos un campo de concentración en funcionamiento en algún lugar del mundo.

Ordenado cronológicamente, el libro avanza capítulo a capítulo, de país en país y de década en década, por la historia del horror, haciendo especial hincapié en los terroríficos sistemas nazi y soviético de campos de concentración, detención, reeducación y exterminio. Estos son los títulos de esos capítulos:

Nacido entre generales · Muerte y genocidio en Sudáfrica · La Primera Guerra Mundial y la guerra contra los civiles · El nacimiento del gulag · La arquitectura de Auschwitz · El mal sin límites · Hijastros del gulag · Ecos del imperio · Hijos bastardos de los campos de concentración · Guantánamo y el mundo.

Comienza -tenemos los españoles ese ignominioso “honor”- por los campos de reconcentración en Cuba, durante la guerra de independencia en aquel país, en los últimos años del siglo XIX.

Vienen, casi inmediatamente a continuación, los creados precisamente por sus rivales en aquella guerra, los norteamericanos, en Filipinas.

Coetáneos de aquellos y más conocidos son los campos británicos creados en Sudáfrica durante la Guerra Boer, y por los alemanes en la actual Namibia. Siguen los campos de detención de civiles repartidos por media Europa durante la Primera Guerra Mundial.

La parte central del libro, y la más importante, corresponde al sistema de gulag soviético y al complejo de campos -desde los de trabajos forzados a los de exterminio- nazi. Trata también otros campos de internamiento en Europa y América del Norte durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras ésta, estudia los campos en Asia: los inspirados en gulag de la China maoísta, de Corea del Norte y Vietnam, y los de Camboya durante la dictadura de los Kemeres Rojos. También los que trajeron consigo los conflictos de la descolonización, como los campos franceses en Indochina y Argelia, y los británicos en Kenia o Malasia.

Fija luego su mirada en el Cono Sur latinoamericano, con los casos de las dictaduras militares en Chile y Argentina.

Finalmente, trata los campos modernos, activos en pleno siglo XXI, como Guantánamo o Abu Ghraib, usados por los Estados Unidos, y los campamentos de desplazados internos para los Rohingya en Myanmar.

Paradójicamente, la mente humana puede permanecer relativamente inconmovible ante las cifras abrumadoras del sufrimiento inmenso padecido por masas anónimas. Pero se conmueve hasta lo indecible cuando contempla el padecimiento, real y concreto, de un individuo, un ser humano en el que vemos un semejante de carne y hueso.

Si hemos de quedarnos con algo positivo y esperanzador entre tanto horror, ha de ser con las historias personales que Pitzer recoge en esta obra, y que muestran la increible capacidad del ser humano para sobrevivir, superando las más terribles pruebas y soportando sufrimientos y penalidades casi indescriptibles.

La mente humana -que puede permanecer relativamente fría ante cifras abrumadoras de sufrimiento inmenso padecido por masas anónimas- se conmueve hasta lo indecible cuando contempla el padecimiento real de un solo individuo, en el que reconoce a un ser humano de carne y hueso.

El libro está muy bien editado, encuadernado en cartoné con sobrecubierta, y resulta cómodo de leer, con una fuente del tamaño justo. En su cubierta, un impactante título destaca con sus grandes letras mayúsculas en rojo sobre una fotografía en blanco y negro de una vía de tren, plácida y amenazadora al mismo tiempo.

Sus quinientas páginas incluyen veinticuatro de papel especial satinado, en las que se reproducen decenas de fotografías en blanco y negro de las víctimas y de los campos, que ponen rostro humano y paisaje desolado a la tragedia colectiva.

 

 

 Andrea Pitzer es una periodista norteamericana dedicada a desenterrar la historia perdida. Criada en West Virginia, actualmente vive con su familia cerca de Washington. Licenciada por la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown en 1994, estudió después en el MIT y Harvard, a través de la Fundación Nieman para el Periodismo.

En 2009, fundó el Nieman Storyboard, el sitio de narrativa de no ficción para la fundación, que editó hasta 2012. Antes de eso, fue periodista independiente, crítica de música, pintora de retratos, traductora de francés, gerente de una tienda de discos y hasta instructora de artes marciales y defensa personal.

Pitzner ha publicado en muchos medios impresos y digitales, desde The Washington Post, The Daily Beast, Vox, Slate y USA Today hasta Longreads y Lapham’s Quarterly. Ha dado conferencias sobre su trabajo en 92nd Street Y y Smithsonian Associates, y ha presentado paneles en la Modern Language Association (MLA), el International Journalism Festival y la Association of Writers and Writing Programs (AWP). Editora de Zócalo Public Square, también ha dado conferencias sobre historia y periodismo narrativo en los Estados Unidos y en el extranjero.

Los hechos y las ideas que una vez fueron de dominio público, pero que después cayeron en el olvido -como parte de la tendencia de la humanidad a no aprender de la historia- son su pasión. Después de investigar e informar en cuatro continentes, se siente más a gusto en las bibliotecas.

Además de Una larga noche: Una historia global de los campos de concentración, es autora de The Secret History of Vladimir Nabokov. Su próximo libro será sobre el Ártico.

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